Domingo, 23 de septiembre de 2018

Mensajes en una botella

Veinte artículos, como veinte hijos, recién repeinados para una foto. Y con este, veintiuno, para contarlo. Lo prometido es deuda, me enseñaron, y habíamos quedado en saludarnos en la veintena. Las semanas pasan volando. Las de tiempo de descanso vuelan aún más, porque el tiempo impone un ritmo u otro según cuánto esperes cada momento. El tiempo de desear casi siempre es más largo que el de disfrutar. Por eso hay que procurar hacer una fiesta, aunque sea pequeña, de todas las pequeñas cosas. Al menos, tener ojos para ellas. Para verlas, captarlas y disfrutarlas.

Escribir es un oficio bonito. Un oficio sin tregua. Al menos si te gusta. Y desde que me leéis/leen en salamanca rtv al día, los viernes son fiesta. Porque nada más aparecer el enlace, el wasap se llena de algarabía, de comentarios, de gratitudes, de reflexiones, de elogios que siempre abruman, y de mucho, muchísimo cariño. Y, como cada quien tiene sus muchas cosas que hacer, esa fiesta se alarga durante el fin de semana: en cuanto llegue de viaje te leo…, cuando vuelva del súper…, cuando llegue al hotel… ¡Y así es!… Al llegar a casa, al hotel, al volver del súper, vuelve otra ráfaga de wasap. Incluso este verano, desde cualquier lugar… Cruzando fronteras. Y pienso: ¡eso es fidelidad! (¡Esto es felicidad!). Incluso a veces, nada más leer el del viernes, me escribís: me pregunto de qué irá el viernes que viene (a veces respondo: ¡yo también!). Incluso, comentáis que mis relatos son adictivos. O que te cambian el día. (¡Qué bello poder!).

Como decía, a veces ni yo sé sobre qué voy a escribir. Tiene que surgir esa chispa, algo que no sé cómo se produce: me cruzo con dos personas mayores cada tarde, y de pronto unos días están sentados en un banco y una “foto” se forma en mi mente que recoge todo eso que he visto tantas veces, y nace Cosas al oído. O lloro escribiendo al dolor de mi querida Eva, el día que pierde a su amor y yo pierdo a mi amigo, y nace Te veo… te imagino (a veces me emociono también sin escribir, porque sigo llorando sus lágrimas). Veo en primera línea el espectáculo de la Luna arrebolándose con Marte y se escribe un Minué de luna roja tan sólo con la luz de la pantalla del ordenador (y del rojo de Luna y del amarillo de Marte). O algo que me ha hecho reír hace un rato ya se empieza a escribir en ese momento en el aire... Ya sólo queda llevarlo al ordenador…

Algunas personas me decís que leerme es un placer, y yo creo que tenemos mucha suerte, porque para mí escribir también es un placer; y otro, añadido, que me leáis/lean; y otro añadido aún, que guste, que haga pensar, que haga sentir… Que me releáis con un cuaderno al lado para tomar notas de autores o libros, como esa persona con la que siempre, encontrarse, es un placer, desde hace tanto… tanto…

Acompasar es una bella palabra de tantas como existen. Sé, que en líneas generales, logramos acompasar. Aunar pasos y sensaciones y vivirlos a la par. Una conexión especial con algo. Estar con, aunque sea por unos minutos, y guardar buen sabor. Paladear lo pequeño y hacer de ello algo que festejar. Poeta de lo cotidiano, dice mi queridísima amiga, hace siglos que bailamos juntas en la vida los mismos compases, y me llena de gratitud tal honor, siempre fiel, en la vida, en la amistad y en esa letanía del siempre empezar.

Hay quienes van más allá y piden libro (contra el vicio de pedir…). De momento, que no es poco, tenemos blog, que con calma se irá diseñando y al que se dará pistoletazo de salida a su debido tiempo, para recoger los enlaces de los artículos publicados hasta ahora, de todos los que sigan, y alguna otra sorpresa que espero que guste. Nace de la necesidad personal de ese contacto directo con los lectores que están/estáis al otro lado de la pantalla.

Septiembre es un bello mes. Después del calor veraniego, de los momentos de asueto que se han podido disfrutar con familia y amigos, (que espero que no hayan sido como los descritos, con humor e ironía, en los dos últimos artículos), Septiembre es tiempo de renovación, de recordar lo importante que es crecer por dentro, de estar en constante búsqueda de uno mismo, da igual si es a través del trabajo, de la lectura, de la música, del deporte, de la relación con los demás, de las manualidades, de los idiomas, del baile, del cine, de la fotografía, de la recogida de frutos en el campo, de los museos... La oferta es amplia, variada, para todos los gustos y todos los bolsillos.

Crecer es el verbo. Y agradecer. Siempre. De corazón. A quienes me leen. Al director.

Seguimos en contacto. Hasta el viernes. Mi oficio escribir.