Lunes, 12 de noviembre de 2018

Los del sí y los del no

Así, sobre el papel, ya tenía eso que llaman el buen bajío. El pálpito de que la tarde iba a ser importante. Y vaya si lo ha sido
El indulto no gustó a todo el público de La Glorieta. Foto: Miguel Hernández

Así, sobre el papel, ya tenía eso que llaman el buen bajío. El pálpito de que la tarde iba a ser importante. Y vaya si lo ha sido. Porque con indulto o sin él –soy de las que piensa que “sí”, aunque los del dedo para abajo y el “no, no, no”, en su mayoría del tendido joven, me pegarán una buena pitada y me dirán que no sé de esto y que viva la polémica-, el encuentro entre ‘Liricoso’, de Montalvo, y un Antonio Ferrera en estado de gracia será, seguro, de lo más importante que pueda pasar en esta feria.

Un Ferrera inmenso que se encontró con un toro bravo –el primero, cuando más fría está la plaza y los rezagados andan acomodando el culo en el asiento- que fue a más, como la faena del extremeño, que es un torerazo con sus cuatro sílabas. Es importante porque el toro, que remató en el burladero de salida y que humilló con nobleza en los templados lances de recibo de Ferrera, empujó en un único puyazo y se descubrió como un toro excepcional en la muleta, derrochando clase, ritmo, celo y profundidad, siempre a más.

Tuvo además la suerte de encontrarse con Antonio Ferrera, que supo atemperarlo y que inició doblándose con un toro que pedía todo por abajo. Y si bueno fue por el derecho, la faena tomó vuelo con el pitón zurdo y Ferrera dibujando soberbios naturales. Comenzaban ya los tendidos de sombra a pedir el indulto y comenzaban las primeras protestas en el sol, en su mayoría las voces más jóvenes de la plaza. Y en este impás, en estos “sís” y “nos” que se prolongarán durante el invierno y por los siglos de los siglos porque este toro ya es historia de La Glorieta, Ferrera seguía toreando y citó al toro prácticamente en los medios y Liricoso, que estaba en tablas, galopó alegre y con codicia, borracho de trapo, comiéndose la muleta, si hasta después de ser indultado fue conducido a los chiqueros por la muleta de Antonio Ferrera.

Y se armó la bronca padre entre los del sí y los del no (también entre los compañeros había división de opiniones), tanta que los tendidos se olvidaron de pedir dos orejones para Ferrera, que estuvo en torero de cante grande toda la tarde. Cante grande también con el cuarto, ‘Liricón’,  con muy buen son, al que lanceó a la verónica con medio capotillo y una media de esas que perduran. Y luego, cuando perdió el pie en el inicio, de rodillas se quedó, tan torero, para después ofrecer un repertorio de lo que es el toreo sin trampa por ambos pitones, paseando una oreja de muchísimo peso.

Ya estaba Castella en el ruedo y proseguía en los tendidos la polémica, esa polémica que vamos a tener durante días, meses, la de los del sí y los del no. El francés apretó en las primeras series al segundo de la tarde, que hacía por irse pero tuvo calidad, y que se apagó en cuanto se sintió vencido. Con el quinto, un mostrenco, cualquier intento de faena fue un imposible.

Un tanto fría y deslabazada fue la faena de Ginés Marín al tercero, siempre correcto pero sin lograr encender al público, fallando además con los aceros. El que cerraba plaza, más vareado y escarbador como todos sus hermanos, se lo brindó a Su Majestad El Viti, don Santiago Martín, historia viva del toreo, pero era un animal reservón y sin sustancia por lo que todo intento era en vano. Rubricó con una buena estocada, pero el toro tardó en doblar y escuchó un aviso.

Para entonces ya estaba todo el “pescao” vendido. Y el público abandonaba La Glorieta aferrado a sus razones, a sus “sís”, a sus “nos”, al `pañuelo azul, al naranja.

Mientras, ‘Liricoso’, ya viajaba a los campos de Linejo.