Miércoles, 23 de octubre de 2019

La vida de los otros

Días convulsos, ya desde las primeras semanas de septiembre, que parecen presagiar un otoño marcado por batallas preelectorales y por no pocos desasosiegos. Es lo que nos espera en este tiempo próximo.

Todas las piezas del tablero parecen contribuir a establecer un dibujo en el que la trifulca, las descalificaciones y acusaciones al adversario, el poner en funcionamiento el ventilador como estrategia de defensa de difícil justificación, el esconder informaciones cuando conviene, el llegar a mentir incluso…, son elementos que nos quieren llevar cuando menos a una incomodidad y a un desasosiego que acaso no nos merezcamos.

Hay un primer elemento de importancia, que nos lleva a un territorio moral de envergadura, por lo que atañe a nuestra dignidad y a la de los otros, y que parece, tras haber saltado al primer plano de actualidad, que es conveniente dejarlo escondido, porque pone muy al descubierto nuestras vergüenzas morales.

Se trata de la ejecución o no de ese contrato con Arabia Saudí de vender unos cientos de bombas ‘inteligentes’, que, pese a darnos riqueza, solo servirán para matar inocentes. Si estuvieran dirigidas contra nosotros tales bombas, ¿nos gustaría que se llevara a cabo tal contrato? ¿La vida de los otros, porque vivan en áreas más frágiles e inseguras y desarrolladas, vale menos que la nuestra?

El genial y goyesco humorista El Roto indicaba, con una amarga ironía, que las bombas dan trabajo. Y un oyente que llamaba de madrugada a una emisora de radio indicaba que mientras que con una mano estamos contra el aborto, con la otra vendemos bombas con las que se masacrarán a inocentes.

Pero tal noticia de actualidad tiene otra deriva moral: ¿es lícito que nuestros trabajadores hagan huelga para defender unos puestos de trabajo que dependen del envío de esos cientos de bombas?, ¿cuál es la misión de las fragatas que se fabricarán en nuestros astilleros?, ¿no sería preferible que nuestros gobernantes propiciaran unas políticas de empleo que no nos abochornaran?, ¿el pan de nuestros hijos ha de depender de derramamiento de sangre de inocentes?

Muchos interrogantes morales plantea toda esta actualidad de bombas y fragatas.

Pero estos días están atravesados por otras señales preocupantes, que también ponen en entredicho nuestra salud moral y social: los másteres fraudulentos, la proliferación de universidades cuyas trayectorias y finalidades no quedan claras; la proliferación de los suicidios (se habla de tres mil seiscientos en un año), que hablan de que un sector de ciudadanos (jóvenes muchos de ellos) no encuentran salidas vitales ni laborales; el problema de acceso a la vivienda, por el encarecimiento de los alquileres… y otras distintas señales que, cuando menos, son inquietantes.

Días convulsos los de esta entrada al nuevo curso, a la nueva andadura de todos, en esta reiniciación de los ritmos escolares, laborales y vitales de todos.

Si nuestra vida es digna y valiosa, por ser vida humana, también lo es la vida de los otros. Si perdemos esto de vista, comenzaremos a descender a pasos agigantados al abismo de la barbarie.