La Comisión de la Verdad

Después de mostrarse reacio a encontrarse con la prensa desde que accedió a La Moncloa, nuestro Presidente del Gobierno, en su reciente visita a varios países de Hispanoamérica, ha tenido a bien hacer algunas declaraciones. Por aquello de la libertad de prensa, entre la cohorte de periodistas que le acompañaron, había varios pertenecientes a medios no sujetos al favor del gobierno de turno, que, como es lógico, quisieron saber algo de aquello que en territorio patrio se niega a comentar. Para ilustrar a quienes le demostraban su hospitalidad – y, sobre todo, para contentar a vecinos de bancada que desde España se mostraban impacientes- ha avanzado alguna de las próximas medidas de su gobierno. Incluso, ha llegado a autoproclamarse portavoz e intermediario de la Unión Europea en varios temas. Ahora, eso sí, ni una censura a dirigentes de Bolivia, Nicaragua, Venezuela o Cuba. No vaya a suceder que se lo tomen a mal sus socios de moción de censura. Es lógico que el presidente del gobierno español, tan pronto como se lo permitan sus obligaciones, mantenga la sana costumbre de visitar a los clásicos vecinos de siempre así como países hispanoamericanos. Otra cosa es la fiebre de viajar por viajar olvidando los problemas que deja detrás.

Aquí sigue teniendo 84 diputados y muchas ganas de no abandonar La Moncloa. Para él, ese sigue siendo el problema más gordo. Pero claro, los puñeteros medios de comunicación no afines y los puñeteros partidos políticos que le sostienen en el poder, siguen empeñados en recordarle ¡todos los días! que tiene otras cosas pendientes: el grave problema de Cataluña, la oleada de inmigrantes, la amenaza de tener que aumentar los impuestos para satisfacer las imposiciones ajenas, los síntomas de frenazo en la marcha de la economía, las continuas “meteduras de pata” del gobierno o de alguno/a de sus componentes, etc. Sólo lleva tres meses en el cargo y son demasiados problemas. Con mayor o menor acierto, desde que estamos en democracia, algunos gobiernos han intentado desarrollar políticas emanadas de programas que pretendían superar las dificultades de cada momento. A derecha e izquierda existen ejemplos de actuaciones eficaces. Sin embargo, aquellos que carecen de ideas y de programas racionales siempre suelen acudir al mismo método: ofrecer al ciudadano el globo sonda o la cortina de humo que le haga olvidar la triste realidad. Para Pedro Sánchez, el escape está en el Valle de los Caídos. Del “no es no” y “echar al PP del gobierno”, hemos pasado otra vez a la Memoria Histórica –más bien histérica- Tiene obsesión por reescribir la historia. Como si los españoles no la conociéramos. De repente, parece que nuestro presidente ha dado con la fórmula mágica. Se ha sacado de la manga una nueva comisión: La Comisión de la Verdad. Según apuntó en Chile, “Una Comisión de la Verdad para acordar una versión de país de lo que ocurrió durante la Guerra Civil y durante la dictadura franquista". Todos sabemos las consecuencias de nuestra guerra civil, incluidos los motivos de su inicio. Por más comisiones que se nombren, nadie será capaz de alterar la verdad. Los dos bandos cometieron barbaridades y eso también está documentado. Se acabó la guerra y comenzó una dictadura. Tampoco lo niega nadie. Pero, muerto Franco, los españoles fuimos capaces de superar diferencias y curar heridas. Se hizo una transición ejemplar. Al menos eso creíamos. Ahora resulta que una serie de españoles nacidos en democracia quieren romper aquel compromiso a base de ofrecer “su” particular versión del conflicto, su verdad. El inicio de toda guerra siempre origina una tragedia y nuestra guerra civil no fue una excepción. Una vez llegada la paz, habrá que preguntarse qué España tendríamos ahora si el bando vencedor hubiera sido distinto. Basta echar una mirada a los escenarios donde triunfó el comunismo.

Si la independencia que propugna Pedro Sánchez en la composición de esa comisión va a ser del mismo tenor que la que está implantando en los nuevos “nombramientos digitales”- Paradores, NavantiaCorreosRenfe-, o la sangrienta purga llevada a cabo en RTVE, no hace falta que pierda el tiempo. Como en la mayoría de las comisiones, lo que se pretende es pagar favores o hacer que el tiempo y la ineficacia provoquen el olvido del problema 

No es eso lo que más preocupa a los españoles. Lo más urgente –y más grave- está en Cataluña. El gobierno de la Generalidad sigue empeñado en afirmar que debe atender el mandato del pueblo catalán, cortocircuitando al gobierno de España. Además de ser mentira –hay más catalanes constitucionalistas que independentistas-, saben que las decisiones que pretenden tomar son ilegales, pero no se detienen a la hora de amenazar al Gobierno con nuevas declaraciones unilaterales. La “guerra de los lazos amarillos”, consentida por la inoperancia de Pedro Sánchez –le tienen cogido por los votos-, Dios quiera que no dé lugar a nuevas semanas trágicas. Es ridículo hablar de diálogo político con quien menosprecia al contrario. Se le ha dado demasiada cancha a quien no quiere jugar nada más que “su” partido. La Comisión de la Verdad del pueblo español le dice a Pedro Sánchez que debe hacer cumplir la ley en Cataluña. Dura lex, sed lex.

En el serio problema de la inmigración, el deseo de apuntarse un tanto en su carrera hacia la popularidad, ha llevado a Pedro Sánchez a pretender dar lecciones al resto de dirigentes europeos sobre la verdadera forma de solucionar el problema. La bravuconada del Aquarius, a pesar del vano empeño en negarlo todos sus subordinados, ha cosechado, de una tacada, varios inconveniente: ha aumentado exponencialmente la cifra de asaltantes de nuestras fronteras y costas, poniendo de manifiesto la práctica saturación de nuestras capacidades; ha ocasionado –más veces de lo deseable- la falta de medios de nuestras FCSE para impedirlo por falta de apoyo moral y logístico; por último, ha contribuido a fomentar la desavenencia entre los distintos miembros de la comunidad europea, que ven con preocupación lo que le les viene encima. No se puede insinuar el “papeles para todos” o la supresión de las concertinas y, a continuación, ante el correspondiente tirón de orejas, montar el “número” de los devueltos a Marruecos a las 24 horas de saltar la valla. Las medidas de amparo y solidaridad con los oprimidos son siempre una obligación, pero también lo es guardar la seguridad e integridad de nuestro territorio. Y para ello se precisa, además de dotar a los responsables de los medios necesarios, velar por el cumplimiento de la legalidad. De nuevo Dura lex, sed lex.

Estas son las verdades del barquero. La verdadera comisión de la verdad comienza por arreglar lo más urgente y transcendente. Las fotos, los conciertos y las excursiones, para cuando se haya solucionado lo mollar.