Sábado, 7 de diciembre de 2019

A propósito del "buenismo" ese oscuro y malévolo concepto

Así se va configurando nuestra desorientada y perversa sociedad, introduciendo poco a poco extraños conceptos, que tienen de común su calculada ambigüedad. Populismo, postverdades, buenismo…cada uno es un grueso brochazo que da forma al aparente caos social que nos rodea.

Pero ¿saben lo que quieren decir los que acusan a otros de “buenismo”? ¿Lo sabe ya la Real Academia, que se ha dado tanta prisa en incluirlo en el diccionario y cuya definición mal se entiende? ¿Se refiere a la gente buena que tiende a hacer el bien a los demás? ¿O a los falsos buenos, que con careta de bondad disfrazan su maldad? ¿O a las buenas personas que frecuentemente dejan que su bondad se adentre en un “ser tontas”?

Desde tiempos inmemoriales en la historia de la Humanidad, en todas las culturas y continentes, en todos los libros sagrados de todas las religiones, el concepto de “bueno” ha sido unívoco: se ha llamado buena/o a aquella persona, animal, sustancia, objeto…que beneficia en algún sentido a los demás. Nunca el concepto de bueno, bondad, se ha oscurecido con un componente añadido de maldad, inutilidad u oscuridad.

¡Hasta que hemos llegado a nuestra disparatada época!: en ella se quieren crear nuevas “realidades” con nuevas palabras: noticias falsas (fake news) por mentiras, “buenismos” por falsos buenos, “efectos colaterales” por crímenes de guerra, etc.

La única clara conclusión sobre el grupo de presión que ha puesto a circular la palabreja es que los promotores de su uso están   en su interior tan despojados de cualquier bondad que son incapaces de ver bondad en ningún sitio. Quizás para ellos D. Trump, Putin o   Kim Jong Un, son los representantes de la bondad. O los políticos que tienden a convertir países en objetivos de asalto  a las riquezas públicas mediante la corrupción. O las iglesias con miles de clérigos perversos y corruptores. O los dictadores que llaman democracia orgánica o popular a sus dictaduras. Y quizás para ellos las minorías que se definen por actuar a beneficio del prójimo (la mayor parte de los miembros de las ONGs) son “buenistas”, que con su máscara de bondad buscan sus propios intereses.

Se empieza por utilizar una palabra (un oscuro neologismo) y la confusión entra en la mente del que la utiliza. Podemos ensayar a crear el nuevo significante “malismo”, para camuflar la maldad, para querer decir, sin decirlo manifiestamente, que tal grupo, individuo, sustancia o práctica, no es tan malo como parece. Incluso la maldad del régimen nazi puede así ser puesta en cuestión.

Los conceptos de maldad o bondad no están de moda. Se les puede calificar de infantiles; parecen no sirven para ordenar mínimamente el caos actual de  valores. Quizás de eso se trata, de que el río esté revuelto: A río revuelto, ganancia de pescadores.

Lo malo es que  son solo unos pocos los pescadores que ganan siempre.