Lunes, 19 de agosto de 2019

Proceso de sanación

Esencia, energía que viene de las entrañas… (La Otra)

Cuesta, cuesta enfrentarse a los miedos, cambiar la forma en la que ha trabajado nuestra mente desde la infancia a la hora de afrontar el mundo. Cuesta aceptar la realidad en su crudeza y en su esplendor, dejar la burbuja del confort de nuestra mente para sumergirse en un mar de abismos y aventuras. Es triste, el mundo tiende al individualismo y cada vez me encuentro con más y más personas ‘adultas’ que no se han sentado nunca a hablar consigo mismos, que se temen y huyen, buscando formas de evasión porque no quieren dialogar con su parte ‘negativa’. Esa parte que da miedo, que nos sobrepasa, pero que, a la vez, es tan necesaria porque nos ayuda a tomar decisiones, a reflexionar sobre algo que nos está resultando dañino.

Ilustración de Berta PenaEs fácil adoptar la actitud de autocompasión exacerbada y victimismo, dejarse llevar por la monotonía y la comodidad de nuestra zona de confort. Sin embargo, nos perderemos la magia de los sueños que se cumplen y que no parecían posibles. Decía Gracián allá por el siglo XVII, cuando no existían terapeutas, “todos los mortales andan en busca de la felicidad, señal de que ninguno la tiene. Ninguno vive contento con su suerte”. Así que sigue pensando que cambiándote de ciudad o trabajo constantemente la felicidad llamará a tu puerta, ¡acumula bienes innecesarios, creados por la sociedad! ¡Sigue sentado en el sofá soñando con cambiar tu suerte sin afrontar y agradecer lo que ya tienes, lo que otros no tienen y malgastar tu tiempo sin vivir el presente, abstente a pedir ayuda y continua juzgando a los que deciden invertir su dinero y su tiempo en su bienestar!

La felicidad es una actitud ante la vida, es cierto, a veces no es fácil, a veces el mundo es injusto, a veces da miedo. Todas las grandes y mejores decisiones de mi vida han venido precedidas de un miedo atroz, pero, sinceramente, me alegro de haberlo enfrentado y estar sentada hoy, escribiendo esto.

(Ilustración de Berta Pena)