Lunes, 19 de agosto de 2019

La vuelta a lo cotidiano

La vuelta a la vida cotidiana después del paréntesis veraniego tiene tantas formas variadas como individuos: puede ir desde uno de los extremos, sentir una gran tristeza por volver a situaciones en las que uno se siente mal, al extremo de sentirse feliz por abandonar el verano, o las vacaciones, y volver a esa serie de situaciones cotidianas en los que uno, en general, se siente bien. La mayoría nos situamos entre ambos extremos: sin ninguna originalidad, pero con sentido común, evaluamos que la vuelta de septiembre tiene sus recompensas y sus frustraciones.

Los temas que deciden el mayor o menor bienestar son los mismos temas que nos hacen sentirnos bien o mal en la etapa de vida en la que nos encontramos: la calidad de nuestro trabajo, la armonía o conflictividad de las relaciones familiares, la salud de la que gozamos o la falta de salud que padecemos, el estado de la economía doméstica…Las vacaciones, el tiempo de verano es como un espejismo, ilusión o ( en algunos casos) mal sueño, que lo vivimos más breve que lo que será el otoño o el largo invierno.

Entre la vuelta de septiembre  de un jubilado, un parado, un escolar, una persona en activo con un trabajo gratificante, un/a trabajadora precaria en sus condiciones laborales hay tantas diferencias, que parece absurdo hablar de la vuelta a lo cotidiano, como si el tema tuviera en todos los casos algo común.

Recientemente he asistido a algunas representaciones teatrales del festival de teatro de Ciudad Rodrigo, celebrado durante la semana pasada. Me gustó especialmente una obra sobre las relaciones actuales de pareja, sobre esa generación que está en las primeras etapas de su vida de adultos; se titula “Felicidad”, ( irónicamente, como el Happy end de Haneke, que comenté hace unas semanas). Lo que me gustó de ella es que el desencuentro crónico entre la mujer y el hombre es descrito desde un humor inteligente, que demuestra que en los autores de la obra existe un grado de aceptación de que la frustración del desencuentro es connatural a nuestra vida. También las frecuentes y espontáneas risas del público de la sala mostraban que todos nos sentíamos reconocidos en esas ilusiones fallidas. El mismo esquema funciona para las vacaciones o para las expectativas en la vuelta a la vida cotidiana de septiembre u octubre: el guión de nuestros deseos es continuamente traicionado o desoído por la realidad, que escribe uno nuevo que frecuentemente se parece muy poco a la vida que desearíamos.

Como Cervantes supo a lo largo de casi toda su vida, solo nos queda EL HUMOR para darnos cuenta de que seguimos siendo libres, a pesar de todo lo que nos rodea.