Martes, 18 de septiembre de 2018
Ledesma al día

Homenaje a Bletisa en 1923

Monette González nos propone un singular viaje en blanco y negro por la Bletisa de principios de siglo
Iglesia de Santa María La Mayor de Ledesma. Foto: Archivo de Ledesma

Voces metálicas de jubilo y fiesta caen sobre los campos de Ledesma, cuya faz austera, parda y silenciosa preside con un gesto de señorial hidalguía la torre cubierta de Santa María La Mayor. Los recios bastiones de sus murallas espejean en el Tormes su cara milenaria que ha palpitado sobre la soberbia antoñana de un pueblo que no quiso ‘señor mandado’, sino elegido en los días medievales, como en los de hoy, ambientes de rebeldía y dignidad castellana.

En tus finas callejuelas silenciosas, sus rictus de la historia se han petrificado las portaladas frescas e inmensas de tus caseríos sobre montadas por gestos heráldicos en que el negro del granito se orla con el verdín de los siglos, las rejas amplias y bajas en las que se sueñan y tejen madrigales al color plateado de la Luna, eterna y eternal como tus rincones de leyenda. En tu puente del Tormes que es elevadizo de tu traza entera del Castillo reposa en todo ello un trozo vivo del alma de España, la verdaderamente grande y recia,como los condes de hierro y de soberbia, Ledesma.

Abajo en el mercado del grano, los aldeanos de hoy, llegados de oscuros y olvidados rincones con los pesados bueyes cansados del ajetreo veraniego, con sus fuerte y nerviosas muletas,con sus recios Sanchopanceros y aguisados con el ruido de la algarabía de color, son todavía el polícromo y abigarrado mercado de los villanos del siglo XV. Porque sobre ti Ledesma, el tiempo es el ritmo de la quietud y la coordinación de silencio, de nostalgia y de leyenda.Perennemente, altivamente, la torre de tu parroquial con su ágil silueta de mirador del castillo, atalaya de fortaleza y severidad de Iglesia, es el símbolo de la vida fuerte,de tu vida creyente. Acaso entre las villas castellanas, ninguna como Ledesma, es el cofre de piedra de los recuerdos de horas hazañosas en las ruas tortuosas resuenan los pasos que ahuyentan las sombras y el clamor, el arrullo de la canción de otros tiempos, silenciosa rima desvaída y vagorosa ante la gentileza bella de mujeres, hijas, como las de ayer, de caballeros que saben y no saben más que ser señores y señores siempre.

Bajo el manto áureo de tu leyenda se sienten pulsaciones vigorosas de vida nueva,pujanzas audaces y gallardas que cruzan con aires de progreso tu campaña y turban la monotonía de tus rincones con el bordoneo fecundo y estrepitoso del motor de los automoviles. Por estos parajes salmantinos siempre innatos y olvidados ocupa Ledesma un lugar preferente,homenaje rendido al prestigio de su alcurnia real,ante la que tenemos que doblar las rodillas y flamear la pluma caballeresca de nuestro airón hidalgo y mozo. Que en estas ansias de redención, rompiendo el velo de la paz y de sueno en que has vivido.Como fontana legendaria,vuelvan para ti aquellos días ruidosos de algarabía en la alhondiga, de jubilo en los corazones, de riqueza en los palacios, de altivez en la vida intensa,que son la esencia del pasado y el cimiento y acicate del porvenir.

Texto remitido por Monette González, recuperado de archivos del amigo José María Lopez Tabernero y que carece de autor.

Fotografías del archivo de Ledesma.