Sábado, 24 de agosto de 2019

La tarde de la Moción de censura en la que Rajoy y su equipo la pasaron en un restaurante

El último día de gobierno del PP fue un día  muy peculiar y a la vez coherente con el modo de gobernar que ha tenido el Partido Popular desde su inicio.

Algunos lectores se preguntarán qué sentido tiene analizar o hacer comentarios sobre un suceso acaecido hace más de dos meses. ¡Hace más de dos meses!, repetirán muchos que viven al ritmo que les marca el ambiente que les rodea y sobre todo los medios de comunicación o incomunicación. Pero algunos somos lentos en nuestras reflexiones (no tanto en nuestras acciones) y ante algunos acontecimientos necesitamos tiempo para reflexionar.

Recordemos  lo que ocurrió el día anterior, jueves, a la votación sobre la Moción de censura al Gobierno del PP. Por la mañana del día 31 tuvo lugar en las Cortes el debate, que continuaría por la tarde, antes de pasar al día siguiente a la votación. Toda España seguía (con el mismo interés o aún mayor que el resultado de unas elecciones generales)  el desarrollo de la moción de censura . Sobre todo porque no estaba claro qué votarían los diputados del PNV. Pero a mediodía, después del descanso de la comida, Rajoy y sus más próximos desaparecieron. Pasaron algunas horas sin que nadie supiera dónde estaban, mientras en el hemiciclo se reanudó el debate previo a la votación.

Por fin algunos medios anunciaron que Rajoy y su equipo estaban dentro de un restaurante, cercano a las Cortes; allí permanecieron hasta las diez de la noche.

Esos fueron los hechos. Obviamente lo importante, donde la atención de todos los ciudadanos se dirigía era al resultado de la votación; en general los medios se detuvieron muy poco- y comentaron menos- el insólito hecho de que un gobierno desapareciera durante unas ocho horas, mientras se debatía en el congreso si podía continuar gobernando o no. Actuaron como si nada de lo que dijera la Cámara la tarde del jueves les interesara lo más mínimo. Y para demostrar su absoluto desprecio al Congreso eligieron no un despacho, su despacho del congreso de los Diputados, que hubiera sido más coherente, o su sede de la calle Génova, sino un restaurante. Como si hubieran decidido darse la gran comilona y la gran sobremesa, mientras el pueblo español esperaba qué iba a pasar con su Gobierno.

Fue un día digno de las características de su modo de gobernar, de sus maneras democráticas, de su poco respeto a la oposición y a los representantes del pueblo. Como si hubieran dicho: “Como mañana me van a echar, hoy hago lo que me da la gana. Y lo que me da la gana es no aparecer, no oír más “razones” sobre esta moción de censura”.

Los hechos que han sucedido en estos dos meses están en consonancia con lo que ocurrió la tarde del jueves 1 de junio. Ha cambiado el gobierno, ha dimitido Rajoy, el Partido Popular  ha tenido unas Primarias muy “sui géneris”, en las que entre dos candidatos, una mujer, exvicepresidenta del gobierno, sin ningún antecedente de corrupción,  y un joven diputado al que antes de presentarse como candidato ya le perseguía una acusación de irregularidades en la obtención de un máster universitario, ha elegido a éste. Sin necesidad de inmiscuirse en los asuntos de ningún partido, no se puede negar el hecho de que entre los votantes conservadores  la candidata Saenz de Santamaría gozaba de más prestigio que su rival. Parecería como si los compromisarios que votaron al señor Casado necesitaran un líder no del todo “limpio” de corruptelas. Y/o preferían un hombre, sobre una mujer, a contracorriente del momento de combativo feminismo que vivimos y en oposición al nuevo gobierno, en el que predominan con mucho las mujeres.

Un gobierno elegido puede estar una etapa especialmente encerrado en sí mismo; pero si persiste su encierro en “el restaurante privado”, alguien les va a echar. Ningún restaurante tiene comida indefinidamente. Ningún país tiene riquezas inagotables.