Miércoles, 22 de agosto de 2018

Fiestas al máximo exponente

El mes de agosto es el momento por excelencia de las fiestas en los pueblos de toda España; en nuestra provincia, San Lorenzo, La Asunción y San Roque con San Bartolomé son las principales
Villarino arranca el día 14 sus fiestas de San Roque con el tradicional desfile de peñas

Llega un nuevo agosto, mes en el que buena parte de los municipios de la provincia celebran sus fiestas, unas en honor a sus patrones y otras aprovechando que las calles se llenan de gente, motivo más que justificado en los tiempos que corren, lo que no quita para que haya siempre alguien empeñado en minimizar lo único que les queda a los pueblos, sus fiestas, el momento de unión y encuentro de hijos que tuvieron o decidieron hacer vida en otros lugares y que vuelven a sus orígenes para revivir instantes inolvidables de su niñez y de su juventud.

Aquí los ayuntamientos hacen un verdadero esfuerzo para que cada año, a pesar de contar con menos recursos, sus fiestas resulten lo suficientemente atractivas como para atraer de nuevo a quienes se encuentran lejos de sus raíces, objetivo cada vez más complicado cuando en el seno familiar surgen nuevas generaciones de preferencias y gustos distintos en cuanto a formas de diversión, así que hacen la vista gorda al techo de gasto y apuestan por tener mejores orquestas y que se hable de sus fiestas en lugar de echar cemento a una calle vacía durante el resto del año.

Hasta 140 localidades celebran en el mes de agosto sus fiestas patronales, fiestas de verano u otras fórmulas que tienen un objetivo común: disfrutar del verano, de las vacaciones y hacer de estos días de calor, para muchos de descanso y sosiego, un lugar para la diversión, para el recuentro con familiares o amigos y con estos su celebración.

Aunque con el tiempo el origen de estas fiestas ha ido caminando de una manera distinta en cada caso, el final de las cosechas en una provincia inminentemente rural como la salmantina, marcaba el calendario de sus fiestas. El fin de la siega y después la trilla del cereal, o la recogida de la patata en otros casos, ha sido el argumento utilizado para festejar la conclusión de unas tareas que se prolongaban de sol a sol y durante semanas, ahora -donde aún se depende del campo- reducido a unos días con el empleo de grandes cosechadoras.

Estas celebraciones tuvieron en sus orígenes unas claras connotaciones paganas que más adelante acapararía el cristianismo con su santoral, de ahí que las propiedades milagrosas que se le atribuyeran a la mayoría de los santos y vírgenes tuvieran una relación directa con la recolección de las cosechas.

Los orígenes

Estas dos raíces del origen de las fiestas pueden observarse en fusión e incluso por separado dentro de las mismas fiestas. Uno de los ejemplos más plausibles es el caso de La Alberca con la Loa cada 16 de agosto y los actos religiosos el día anterior en honor a la Virgen de la Asunción.

El momento en el que se ponía fin a la recolección de las cosechas solía coincidir en la mayoría de los casos a mediados del mes de agosto, por eso son los santos que por estas fechas aparecen en el santoral los más celebrados. La Virgen de la Asunción y San Roque, 15 y 16 de agosto, se llevan -sin duda- la mayoría de los agasajos, aunque hay otros santos de gran tradición este mes como San Lorenzo y San Bartolomé. En torno a ellos y los municipios que celebraban sus onomásticas ha surgido otra fecha clave en torno al 5 de agosto, momento en el que dan comienzo infinidad de Fiestas de Verano y que tienen unos orígenes menos tradicionales, ligado a la circunstancia actual de la llegada de miles de personas que disfrutan de sus vacaciones en sus respectivos pueblos y que tuvieron que abandonar por motivos que aquí no vienen a cuento aunque todos tengamos en mente.

Festejos taurinos

Y dentro de los eventos y actividades que se organizan para celebrar las fiestas, son los festejos taurinos los que cobran mayor protagonismo, especialmente en las fiestas tradicionales. No hay pueblo que se precie de tener unas buenas fiestas si en ellas no incluye en su programa algún tipo de festejo popular, es más, en muchos de ellos no se entenderían unas fiestas sin el toro de por medio, tanto es así que en muchos de ellos sus programas llevan por apellido Fiestas del Toro.

Encierros, capeas y novilladas, además de verbenas -claro está-, también los llamados toros de cajón, y que no es otra cosa que la suelta de un toro en las calles, salga de donde salga, siempre fue desde el camión de embarque situado en el inicio del recorrido, forman parte indisoluble de las fiestas en nuestra provincia desde hace siglos, pues no son pocos los lugares en los que el toro siempre ha estado presente en acompañamiento de los actos religiosos.

Por pequeño que sea el pueblo o pequeñas sus fiestas, estas siempre son las mejores para sus vecinos, por lo que no se puede desmerecer ninguna. Por ello resulta difícil destacar unas por encima de otras, cada una de ellas tiene su propia singularidad, idiosincrasia y costumbres que han sido imprimidas por sus gentes a lo largo de décadas cuando no de siglos, aunque entre las más populares estén aquellas que por el tamaño de sus respectivas poblaciones cobran un mayor protagonismo.

Sea cual sea el tamaño del pueblo, sus fiestas siempre serán las mejores, por lo que solo queda disfrutarlas.