Miércoles, 15 de agosto de 2018

Libros sin leer, libros vigentes

Es imposible, con una sola vida, leer todos los libros que nos gustaría. De esta forma, y mientras no se demuestre lo contrario, hay libros de hace tiempo que querríamos leer y aún no hemos tenido la ocasión, incluso nos esperan enfadados en las estanterías de casa y en la digital, y otros que desconocemos que existen a pesar de llevar publicados desde hace tiempo. Este es el caso de El guardián entre el centeno, cuyo autor es J. D. Salinger, y que me recomendó no hace mucho una amiga muy querida. A pesar de haber sido escrito en 1945 y publicado en 1951 con el título en inglés The Catcher in the Rye, llega ahora a mis manos. Al principio de su lectura, causa cierto estupor ver entre sus páginas expresiones en boca de su protagonista, actitudes de desgana, comentarios negativos de prácticamente todo aquello que le rodea y de aquellos con quienes se relaciona “y todo eso”, como acaba las frases a menudo Holden Caulfield, este adolescente norteamericano que vaga perdido sin rumbo fijo ni meta llenando sus horas en las ocupaciones más insospechadas que se le ocurren a él o a otros, y que a pesar de ser criticadas o rechazadas en un principio acaban siendo una especie de motor ajeno que le mueve. Poco a poco, Holden se va haciendo muy comprensible al lector, al menos si se tiene la sensibilidad de acercarse a un personaje perdido debido a su edad y su adolescencia por una parte (no hay pérdida más profunda que la de uno mismo), y a la cantidad de variables que implican el funcionamiento de una sociedad “falsa”, como él dice, llena de convencionalismos sociales, (que, por cierto, van cambiando  de unas épocas a otras), palabras que se dicen sin sentir, o sentimientos que se callan porque no encajan en un contexto. Cómo es su medio, quién le acompaña en ese vagar, qué echa de menos, qué soledades colecciona y un largo etcétera son misterios que no comentaré para no hacer un “spoiler”, como se dice ahora, para no echarlo a perder, como se ha dicho siempre. Y porque, en definitiva, cuando de un libro obtenemos pensamientos y reflexiones, creo que hay que intentar transmitir el interés que nos ha producido su lectura y las conclusiones que hemos sacado y que, sin duda, para cada uno de nosotros serán diferentes: los libros tienen ese poder.

Se dice que desde su publicación se han vendido millones de ejemplares, adquiriéndose cada año cientos de miles más. Una novela que fue prohibida durante largas temporadas en una sociedad americana que no salía muy bien retratada, y a la vez el libro más estudiado en EEUU. Un libro controvertido, porque se decía que incitaba a no sé qué cosas, y que en mi caso sólo me ha incitado a reflexionar, una vez más, sobre el mundo que tenemos, lo que funciona y lo que no, y que quizás nos ayude, de una forma definitiva, (así lo quiero creer) a convertirnos, como sociedad, como tribu, en verdaderos guardianes entre el centeno, personas conscientes de la importancia que tienen los precipicios. Holden a lo largo de la novela se ha ido convirtiendo para mí en un chico indefenso, necesitado de muchas cosas que no encuentra en su camino. Y, claro, no me refiero a objetos materiales.

Curiosamente, este título ha sido citado en varias composiciones musicales, siendo elegido por músicos y grupos de distinto tipo, como Guns N’ Roses entre otros. Billy Joel compuso un tema llamado We didn’t start the fire, (Nosotros no empezamos el fuego), en el que recogía 119 acontecimientos, personajes y hechos históricos que él consideró más relevantes entre 1949 y 1989, citando entre ellos El guardián entre el centeno. En su estribillo, dice algo así como:

“Nosotros no empezamos el fuego
siempre estuvo ardiendo
desde que el mundo empezó a girar
Nosotros no empezamos el fuego
no lo encendimos
pero intentamos combatirlo”.
 

Dos regalos en uno: un tema musical de Billy Joel, y un libro: El guardián entre el centeno, de Salinger.