Domingo, 19 de agosto de 2018

Defended vuestras Arribes, las nuestras

En mis viajes por el lejano oeste salamantino hablo con los nietos de aquellos abuelos y me confunden, unos dicen Los, otros dicen Las Arribes. Y yo les pregunto.

- ¿Cómo decía vuestro cabrero, el tío Federico el Cantarranas?

- Él siempre decía Las Arribes

- Entonces, ¿por qué decís Los?

- Es que los forasteros dicen Los.

- Y ¿qué saben los forasteros de los calzones de vuestros abuelos?

No tiene mayor importancia este tema ya tan manoseado, pero puestos a exponer museos de tipismos y de viejos aperos, expongamos también los calzones del tío Cantarranas y colguémoslos en nuestros cuartos de estar. En la antigua Comarca de La Ribera, Saucelle, Vilvestre, Mieza, Aldeadávila, Masueco, Pereña, todos llevan el apellido de La Ribera, excepto la moza de Villarino se nos pone de jarras, saca pecho y ondea sus donaires con Villarino de Los Aires. Los ribereños no sabrían latín, pero del seso de la rama que brota de su tronco entendían, utilizaban el oído y la razón.

 

El romance castellano manipuló la palabra “ripa”, hembra latina que significa orilla de un río, la hueró y gestó la palabra “riba”, ribera, donde la “p” evolucionó a “b”. Yo oía decir a mi madre en Mieza, peBitas por pePitas (semillas). Con la preposición “ad”, que significa hacia, la palabra ripa declina en acusativo ad-ripam, lo que va hacia la orilla. Aquí la “d” es absorbida por la “r” y evoluciona a ar-ribam, en plural ar-ribas. Y ya tenemos las “arribas”. Pero tenemos también ríos o riveras del latín “rivus”, ríos pequeños o regatos que discurren mansamente por lo llano, “lupus et agnus ad rivum eundem venerant”. Estos regatos o riveras, arriban estrepitosamente al llegar al cañón del Duero y se convierten en arroyos precipitantes con sus pequeñas arribes formando “cachoneras”. Aquí está nuestro Pozo de Los Humos. Hay laderas tan escarpadas en las márgenes del Duero que en 200 m horizontales el terreno desciende 500 metros, desnivel que es soportado por los contrafuertes de los picones.

Pero no a cualquier orilla de un río se denominan Arribas. A las orillas del Tormes en Salamanca que lava y acuna mansamente los reflejos del “alto soto de torres”, nadie las llama Arribas. Se necesita además el componente granítico de los picones.

Son Las Arribes esas orillas ingentes y fragosas del bravo río Duero que forma frontera entre España y Portugal y las no tan ingentes ni tan fragosas de los también bravos ríos Águeda, Huebra y Tormes al acercarse al Duero. Es atronador el fragor que sacude el cañón del Duero cuando socava y se derrumba un picón en épocas de riadas. El derrubio o “ruina montium” de los romanos en Las Médulas lo tendríamos en los topónimos, “Los Derrumbaderos”, “La Derriza”, Las Derruidas, El Derruche. El Duero, en su recorrido de 54 Km. por el cañón salmantino desciende 220 metros de nivel, cuatro metros por kilómetro, donde ha excavado una gran V.

Descendientes de ad-ripam son: arriba, arribar, arribas, arribes.

Y ahora ¿qué seso damos a estas arribas, ramas legítimas de la raíz femenina ripa? ¿Las habrá metamorfoseado y castigado Júpiter por algún pecado oculto a ser eternamente hermafroditas, LOS, LAS? ¿Qué comadrona, al nacer esta criatura, le examinó el montículo de Venus y sentenció Los, Las? Luego viene el Parque Natural, capa a Los y a Las y las embucha en el género neutro bautizándolas Arribes del Duero. Tercer grado transexual. Asexuados. ¡Eunucos todos! ¡Vaya jaleo! ¡Ellas, tan bellas, tan ocultas, tan recoletas, tan silenciosas, tan desconocidas, Las Arribas! Nuestros vecinos portugueses dicen As Arribas. Y nuestros hermanos zamoranos originariamente decían Las Arribas. En Villardegua hay un topónimo antiguo “Las Arribas”.

El Duero cuando era río, era el río más turbulento de Europa. Pero este Duero, bronco y tornadizo, está hoy apresado por un escalonamiento de embalses, abrevaderos de turbinas. Ha terminado el proceso de formación de Las Arribes. Ya no hay Derrizas.

¿Y por qué en Salamanca ArribEs en lugar de ArribAs? Yo, de niño, amorillado a la lumbre en compañía del gato, oía decir a mi madre: tenacEs por tenazAs, cucharEs por cucharAs, amapolEs por amapolAs, rEbadán por rAbadán, Y ¿por qué no Las ArribEs por Las ArribAs? ¿Restos de colonización asturiana? ¿Un localismo leonés?

Cuando esta Comarca era La Ribera y no Las Arribes, en Mieza diferenciaban los topónimos Los Olivares de Las Arribes. El primero son terrenos pendientes, aterrazados con paredones y en cada uno plantaban de maceta una oliva, el segundo es una zona de picones, aprovechable sólo para pasto de vacas y cabras. Desde el miradero La Code, punta de proa hacia el cañón, se observan estas diferencias.

Pero, ¿qué mestizaje es ese de La Ribera y Los Arribes, La y Los, si el origen femenino es el mismo? ¿Qué coños pintan LOs Arribes en LA Ribera. Me salen sarpullidos en las axilas del alma cuando veo en un pueblo ribereño salmantino un restaurante que desafina con LOs Arribes. Los tatarabuelos del Catastro del Marqués de La Ensenada (1752), los bisabuelos de nuestro himno (1930), los abuelos de anteayer, padres y vecinos de ayer, pastores y cabreros de siempre (cuando los había), todos decían Las Arribes. Apelo a la autoridad de estos hechos mostrencos, catedráticos del uso. En Mieza las vacas entraban por los Santos y salían por San Pedro de Las Arribes de la Parte En medio y Parte Abajo, los cabreros, Federico el Cantarranas y Jacinto el Calzaparda llevaban las cabriás a Las Arribes de la Parte Arriba. Miezucos, os reclamo esta memoria histórica.

 “En cual suele el pueblo fablar a su vecino”.

Brindemos por ellas, Las Arribes, que:

“Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino”.

Creo que, ser…, ser…, según el trágico “ser o no ser”, de forma que si es una cosa, no pueda ser la otra, ni son Los, ni son Las. Son como las fabla el pueblo que las trabaja. Pero los abuelos de los pueblos de La Ribera decían Las Arribes.

Cada uno puede decir lo que quiera, Los o Las pero está claro que según sus genes y mis abuelos son Las. Y bendita sea la rama que al tronco sale, morena saladá.

De entre los pocos escritores que han brotado en esas tierras, míseras hasta en esto, están, Manuel Moreno Blanco, nacido y profesor toda su vida en Vitigudino, tan magnífico como desconocido escritor de cuentos, léxicos y costumbres en forma de leyendas de su pueblo y de la redondela. Y Luis Mata, natural de Aldeadávila, quien tiene un libro titulado Narraciones salmantinas de las arribes. Ambos, ya ausentes de esta tierra, tienen sabores de la tierra y son conocedores del habla de La Ribera y de sus costumbres mejor que catedráticos esmirriaos, hablan de Las Arribes, ya constatadas como tales desde 1.653 en el libro parroquial de Aldeadávila y en el Catastro de la Ensenada en 1745 en Mieza y constatadas por nuestros abuelos

Ergo, definitivamente, Las Arribes. Las nuestras. Nuestras Las Arribes.

Señores alcaldes de La Ribera, poned este cartel a la entrada de vuestros pueblos:

Está usted en Las Arribes salmantinas del Duero.

Las almas de nuestros abuelos revolotearán emocionadas. ¡Emocionadlos!

¡Arriba arribeños de Las Arribes.

                                                                           Venancio Pascua Vicente