Lunes, 20 de agosto de 2018
Ciudad Rodrigo al día

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ROBLEDA | El grupo de teatro ‘Lazarillo de Tormes’ representó en la noche del martes ‘Teresa, la Jardinera de la Luz’ por 221ª vez

Esta es la forma en que llaman a su pueblo los habitantes de Robleda, localidad situada en la llamada comarca del Rebollar y que próxima a Ciudad Rodrigo se abastece de las aguas del Águeda. Su bosque de árboles de hoja caduca tiene tanta entidad en la zona, que todo parece redundar en su paisaje, carácter de sus habitantes, lengua con la que se comunican y tradiciones que conservan a ultranza. Su forma de vida en torno a la agricultura y ganadería, dentro de un clima que les es hostil, dice mucho de descendientes de pobladores del norte que dejaron aquí una forma de expresarse que ha alcanzado una especie de carácter dialectal, derivado del antiguo bable hablado en León. Tal es así que se puede decir que en este pueblo hay un particular bilingüismo que aparece bien significado en las fachadas de sus edificios más emblemáticos o en los carteles que nombran sus calles.

A una semana vista de su mayor celebración de agosto, la de su patrona la virgen de la Asunción, Robleda ha querido acoger entre las paredes de su iglesia parroquial a la que da nombre esta advocación de María, a la obra de teatro “Teresa, la jardinera de la luz”, montaje que es capaz de transformar cualquier iglesia en un escenario de teatro, donde todo el que asiste a esta particular representación se traslada con sus actores, bien mimetizados en los personajes que interpretan, a la atmósfera del siglo XVI, siglo en el que viviera Teresa de Jesús. La puesta en escena es de tal calidad y credibilidad que sitúa casi automáticamente al público en la iglesia del convento de Alba de Tormes, en los momentos previos al fallecimiento de la carmelita. Y con este escenario tan singular, nadie duda de la realidad objetiva de los hábitos que llenan el altar mayor, y que visten a unas monjas que acaban de llegar cansadas de un largo viaje.

Los robledanos asisten perplejos al enfrentamiento de unas pobres mujeres conscientes de su falta de derechos y poder, con un oscuro hombre que sí lo ostenta, reforzando su estatus desde la altura de un púlpito que lo abraza y protege. Desde su atalaya defensiva y en posesión de una verdad relativa y manipuladora inicia un pormenorizado interrogatorio a las hermanas, gracias al cual los espectadores van conociendo el recorrido vital de una mujer de la que en ningún momento perdemos esa perspectiva humana que de ella se va perfilando. Robleda, como en sus bosques de estos bellos y resistentes árboles, se deleita en las notas de una música renacentista que los envuelve en directo.

Sus viajes, el trabajo en sus casas conventuales donde viven libres entre paredes que les permiten elevar el espíritu y cultivar sus capacidades, recrearse con los poemas y enseñanzas de su maestra y sobre todo ser conscientes de su elección de vida, llega a cualquiera de los presentes con tal fuerza, que la humanidad de lo cotidiano, la belleza del sentimiento íntimo y la libertad del servicio se nos acerca con un nombre propio, Teresa. ’Lazarillo de Tormes’ parece sustituir su guión, interpretación y atrezo por una lección de vida tan cercana, que el teatro en el que se envuelve el momento desaparece y deja paso a nuestro presente visto desde la perspectiva de hace cinco siglos y en palabras de una mujer que logró vencer hasta la resistencia del rey. Realmente “Teresa, la jardinera de la luz” hace auténtico honor a su nombre.

Este nombre se extiende cada vez más por nuestra provincia y gracias al gran reconocimiento que de la calidad de este montaje ha hecho la Diputación, seguirá imparable su camino, como lo hizo la mujer que tan fielmente representa. El hecho de que ha llegado con una facilidad inigualable a todo tipo de público es el mejor de los avales. Gran documento vivo está suponiendo en este Año Jubilar de Teresa designado por el Papa Francisco, pues a pesar de tantas representaciones, todavía se sigue demandando su presencia en muchas localidades que aún no han disfrutado de este trabajo. La independiente torre de la iglesia de Robleda contempla la marcha de unas independientes monjas carmelitas descalzas, a cuyos pies cansados pero felices, los robledanos no hubieran dudado en poner algunos de esos caballos de los que hacen gala cada año en la feria a ellos dedicada.