Sábado, 15 de diciembre de 2018
Ciudad Rodrigo al día

La Orquesta New York ameniza una velada que acabó con ‘prórroga’ para muchos jóvenes

CIUDAD RODRIGO | Como el concierto finalizó ‘pronto’ y hacía buena noche, numerosos jóvenes volvieron a subir al centro histórico

Concluidas las actividades musicales de la tarde en el centro histórico, llegó la hora –coincidiendo con el anochecer- de que todos aquellos que seguían disfrutando del Martes Mayor en la calle se fuesen a reponer fuerzas -cenando en casa, de pinchos, o más formalmente en algún restaurante, hamburguesería o similar- de cara a la gran cita de la noche, la actuación de la Orquesta New York.

Por segundo año consecutivo, esta actuación nocturna del Martes Mayor tuvo como emplazamiento el entorno del Mercado de Abastos, para que la Orquesta pudiera desplegar por completo su gigantesco camión-escenario. El vehículo fue situado en la Avenida Sefarad (en el tramo entre la Avenida Yurramendi y la calle San Albín), ubicándose el público por el parking del Mercado de Abastos e incluso por un tramo de la Avenida Yurramendi donde había una visión perfecta del escenario.

Como el año anterior, la zona volvió a contar con varias barras de bar callejeras: dos en el propio parking del Mercado de Abastos, una en la calle San Albín –con terraza incluida, perteneciente al Bar La Florida- y otra en las inmediaciones de la calle Campo de Toledo. Esas barras tuvieron un movimiento constante durante la noche, aunque también hubo jóvenes que hicieron botellón durante la actuación, como lo atestiguan los restos que quedaron en el parking del Mercado de Abastos cuando cesó la música.

 

Ese final de la actuación llegó ‘pronto’, a las 2.40 horas, tras una velada de tres horas de duración a cargo de una orquesta con poco tiempo de vida, pero que está situada en la actualidad en el 5º puesto en el disputadísimo ranking de orquestas de Galicia (que son todo un fenómeno de masas en aquella Comunidad Autónoma). Para cerrar su actuación, New York apostó por el rock en su bis.

Como era temprano, y hacía una noche perfecta en lo meteorológico, la mayor parte del público tardó en irse para casa. Parte de los congregados aprovecharon para tomar una última consumición en las propias barras del entorno del concierto (que podían despachar hasta las 3.30 horas), mientras que numerosos jóvenes pusieron rumbo de nuevo al centro histórico en una curiosa peregrinación, olvidando el cansancio que arrastraban muchos de ellos tras haber estado todo el día de fiesta.