Lunes, 22 de octubre de 2018

Guerra y condición humana (I)

“Nada perturba tanto la vida humana, como la ignorancia del bien y del mal”

(Ciceron)

ENTRE PUENTES

 

GUERRA Y CONDICION HUMANA (I)

GUERRAS: Parecen imparables en el mundo, da la impresión de que el ser humano no ha avanzado nada, después de un tránsito de miles de años de existencia, sigue por los caminos de la guerra, el terror, el desamparo y la muerte.

Las luchas fratricidas que han diezmado la especie humana desde el comienzo de la hominización. El sentimiento de crueldad es un pesado fardo que al parecer, estamos condenados a llevar a cuestas durante nuestra vida. Contra lo que creían algunos visionarios, no es la sociedad la que siembra en nuestra personalidad el deseo de hacer el mal, sino que es algo genético, que acompaña a todo ser vivo durante el proceso de la evolución, con la orden expresa de la supervivencia, a costa de todo lo que se oponga a ella. Aunque no cabe duda de que, al contacto con el medio ambiente, la crueldad se puede mitigar o exacerbar. Pero nunca erradicar, ya que aparece en el preciso instante en que peligra nuestra vida. La  aseveración de Hegel: “El derecho de la naturaleza es la existencia de la fuerza y la imposición de la violencia”. Lastimoso, pero cierto.

Ya nos lo había advertido la Santa Biblia: el primer crimen de la humanidad fue una pelea entre hermanos, Caín asesinó a Abel por envidia. Las pasiones se atraen y encadenan entre sí, aumentando la ferocidad de la especie. La crueldad que muestra el hombre pisoteando al insecto que le asquea, al lobo que teme, al cordero que necesita para alimentarse, se convierte en fratricidio cuando el enemigo es el propio hermano. No importa el motivo, aunque al fin todo se reduce a la supervivencia del ser ante el peligro de la presunta aniquilación, total o parcial, del ego individual, que no admite lazos familiares ni de otro tipo cuando está en juego la vida. (Los visionarios mártires se la juegan porque esperan vivir “otra” vida).

Desde las rivalidades tribales hasta las guerras mundiales, la historia de la especie humana no ha sido más que una lucha desesperada por la supervivencia, tanto individual como social. Con el agravante de que es la única especie que presume de un cerebro racional, frente a los pasionales descontrolados del resto animal. El cerebro evolutivo del hombre no ha servido de gran cosa hasta el momento para amansar a la fiera. Matanzas y guerras fratricidas han jalonado esta triste historia. Sea por motivos de egoísmo individual, de supremacía política, de justicia social o de creencias religiosas. A pesar de la misericordia, del perdón, de la mansedumbre, de la caridad y de tantas otras virtudes “pacificadoras”, predicadas con tesón, el hombre sigue siendo un lobo para el hombre,”. Se cuentan por cientos las obras de arte que han dejado constancia de esta verdad en todos los tiempos y lugares. Acaso no haya suelo más ensangrentado que el de mi patria, España, asolada, invadida, humillada y, al mismo tiempo, orgullosa de su propia historia, labrada a golpes de espada, sobre todo en los ochos siglos que costó expulsar a los moros norteafricanos y en las guerras civiles posteriores, alimentadas por el odio entre hermanos. Buen ejemplo es la galería de las batallas, pintadas al fresco en el monasterio de San Lorenzo del Escorial.

 

            Fermín González salamancartvaldia.es      blog taurinerías