Lunes, 19 de agosto de 2019

La guerra del PP

Gran noticia la que nos deja esta semana: el expresidente Aznar vuelve a casa  y Pablo Casado lo recibe con los brazos abiertos. Está claro: la muerte política de Mariano Rajoy lo ha reconciliado con el partido. Ninguna sorpresa. Las relaciones entre ambos empezaron a deteriorarse cuando ganó las primeras elecciones. Tampoco nos sorprendió a muchos.

Veinte años le costó al Partido Popular ganar unas elecciones y Aznar consiguió mantenerse en el poder durante dos legislaturas. Para las terceras, cuando más seguro creía tener el cargo, se le complicaron las cosas.

Ante la certeza de perderlas, nombró sucesor a Mariano Rajoy, y todo indicaba que con una intención: la de que pasada la mala racha volviera a cederle el sitio, nunca renunció a la posibilidad de volver a la Moncloa, siempre manifestó el deseo de quedarse en ella para los restos, y como político bien entrenado, pensó que los ciudadanos se olvidan pronto de sus errores. Todo estaba calculado, no podía fallar,   Rajoy era el más dócil del equipo y sólo era cuestión de controlar hábilmente sus movimientos y esperar.

Pero Rajoy le cogió el tranquillo al asunto y contra todo pronóstico sacó a Zapatero de la Moncloa, consiguió hacerse con la segunda legislatura, y hubiera ganado las terceras, más que por sus aciertos, por los desaciertos de los demás, si sus enemigos políticos no hubieran decidido acabar con él fuera como fuera.

La vuelta a casa del expresidente Aznar, su apoyo incondicional al nuevo presidente del partido, el caluroso recibimiento de éste y el aislamiento demostrado a la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y sus afines, dejan claro que los autores de su muerte política estaban dentro de su partido. Pero que ni Aznar ni Casado piensen que la guerra interna del PP ha terminado, lo normal es que surjan nuevos enfrentamientos entre los dos bandos, porque los éxitos que se fraguan sobre las desgracias de los demás en cualquier actividad tienen los días contados.