Miércoles, 22 de agosto de 2018
Ledesma al día

Una fuerte mata entre piedras y agua

LA MATA DE LEDESMA | La iglesia parroquial acoge la representación de ‘Teresa, la jardinera de la luz’, a cargo del grupo Lazarillo de Tormes

El grupo Lazarillo de Tormes llegaba en La Mata de Ledesma a la 211ª representación de la obra

Eso parece que fuera Teresa de Jesús. Una mujer fuerte, que dentro de la fragilidad que la envolvía afloraba entre las dificultades, sabiendo en todo momento cuál era el caudal que la alimentaba. Porque esa fortaleza pétrea ante las adversidades de un destino que ella supo fraguarse, se nutría del amor que la inundaba, el que sintió según todas sus manifestaciones, por un Jesús de Nazaret, con el que se comunicaba con la fluidez y entendimiento que sólo logran los que profundamente se aman. A esta comunicación, que al agua comparaba, la llamaba oración, y no era otra cosa “que estar a solas muchas veces con quien sabemos que nos ama”. Así lo vivió y así lo contó, a pesar de la incomprensión que sufrió en su tiempo.

Con la misma claridad y fluidez que tiene la corriente de un río, todo esto se nos cuenta en Teresa, la jardinera de la luz, obra de teatro, cuyo mayor logro no ha sido las innumerables veces que ha sabido contarnos la historia de esta carmelita del XVI, que se atrevió frente a las presiones de los más poderosos, a reformar su propia Orden religiosa. El mayor logro está siendo cómo ‘Lazarillo de Tormes’, grupo de aficionados que han conseguido con este montaje cotas de profesionalidad, lo viene contando, y que ha hecho que todo el público que ha visto la puesta en escena coincida en el alcance que tanto guion como interpretación han demostrado. El escenario en que Teresa de Jesús se presenta de la mano de estos actores es tan propicio y natural como lo son las piedras y corrientes de agua para las matas del campo, fiel metáfora de lo que ella fue y sigue siendo. Hay un pueblo que bien sabe de estos paisajes, ricos en piedras que son caminos entre corrientes y de las que por arte de magia surgen plantas llenas de vida. La Mata de Ledesma recibe al caminante por sendas que le conducen al centro de su plaza empedrada, con una fuente cantarina que parece dar la nota a la sinfonía de colores que son las flores de los balcones de sus casitas de piedra también.

Este sencillo pueblo abrió una portada singular de factura de madera con bolas como ornamento que nos anuncian su origen en el tardío gótico que entra en la época renacentista isabelina de nuestro país. El Arcángel san Miguel defensor de la fe a golpe de espada sobre el diablo que pelea a sus pies, fue el mejor de los espectadores en esta su parroquia donde sus vecinos de La Mata compartieran junto a él, la vida de una Teresa que no le fue a la zaga en esto de defender un profundo sentimiento de confianza en el Dios que impulsó su vida. Las actrices de ‘Lazarillo de Tormes’ vestidas con sus hábitos de estameña son claro reflejo de este espíritu vencedor que su maestra les ha transmitido, porque lo que realmente ven los espectadores que ante ellas se posicionan es a un grupo de carmelitas frente al insoportable discurso de un inquisidor que quiere hacerlas cómplices para sacar a la luz una verdad que no es tal.

Avanzando por la vida de Teresa, se recorre su existencia con datos históricos de primera mano, sus escritos más significativos, o las andanzas por esos caminos en pos de conseguir nuevos conventos.

Se descubre a una auténtica mujer, cuya fortaleza de piedra, su transparencia de agua y la alegría que las flores transmiten son incompatibles con la perspectiva oscura que la Inquisición buscó en ella. Cerca de La Mata de Ledesma y saltando pontones para salvar los desniveles de los arroyos, se llega a un curioso puente románico de dos ojos: uno redondeado y pequeño, el otro alargado y afilado. Se llama el puente del Diablo, ese que san Miguel quiere abatir con su espada. Pero la alargada y prepotente mirada que desde lo alto impone su perspectiva no puede con la rotunda personalidad de una Teresa que culminó sus propósitos con la redondez que nos muestran las cosas bien hechas. Por eso el acercamiento a su figura de forma tan maravillosamente clara y humana a través de Teresa, la jardinera de la luz, sigue haciendo que sus éxitos no sean otra cosa que el triunfo de una actividad tan nuestra como es el teatro que sólo algunos nos acercan porque saben mostrar el auténtico centro del ser humano que somos todos. Gran triunfo también el de La Diputación salmantina que ha sabido reconocer la calidad de un trabajo que ya tiene raíces de piedra y agua como una fuerte mata, pero que en cada representación vive con la misma intensidad un nuevo “bautismo” para el que parecían estar preparadas las dos hermosas pilas bautismales que la parroquia de san Miguel custodia en este pueblo.

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