Jueves, 20 de junio de 2019

Borrascas catalanas

Tengo en casa a mi sobrino y como es catalán le pregunto por el significado de la palabra “Crida”, que a veces se nos va el oremus y no preguntamos por lo básico. Y lo básico es la semántica, lo mínimo, saber qué significan las palabras. Yo por ejemplo, le tenía amor a Pancracio Celdrán y ahora se lo tengo a Valentín Martín porque en su libro Vermut y leche de teta recuerda al lexicógrafo aludiendo al origen de la palabra “gilipollas”. No hace falta un master de la Juan Carlos I para interesarse por la etimología, ni siquiera sacarse la carrera a toda prisa y atragantándose como parece que ha hecho Pablo Casado. Y sí, suscribo la broma del Facebook, nuestros líderes, que no lideresas –palabra que me parece un insulto- son jóvenes, guapos y encantados de haberse conocido. Vamos, que abogo por que se ponga en plan portada Pablo Iglesias y hacemos el completo.

La palabra “gilipollas” según Pancracio Celdrán a quien escuchaba en la radio y recogido por Valentín Martín, a quien leo en el Facebook con todo el placer del mundo, viene de una voz árabe que significa bobo y de esa parte masculina que todos identificamos enseguida. Vamos, parecido a eso de tonto del bote. Y la palabra “crida”, según mi sobrino, significa llamada o grito pero sin que ninguna de las dos palabras sea exactamente eso… Y como no quiero agobiarle, me quedo con las ganas de preguntar si tiene un componente peyorativo negativo, positivo o de auxilio, porque hay que estar gilipollas para llamar a la gente a volver a posiciones unilaterales con la que está cayendo. O se trata de gilipollez el hecho de que los problemas no se resuelven y seguimos machacando. Y por favor, que nadie me entienda mal, las posiciones de unos y de otros son muy respetables, pero habida cuenta de que existe una sociedad dividida, escindida y con un profundo problema ¿No será mejor resolverlo en vez de seguir haciendo llamamientos a la separación? Quizás es que desde la meseta las cosas se ven con otra luz, esa claridad meridiana que servía para llamar al pan, pan, al vino, vino y al gilipollas, gilipollas. Y ya está, sin medias tintas ni actitudes de corrección política. Como hace Trump con los chinos mientras los chinos le miran pensando en la china de los zapatos y se quedan tan tranquilos porque ni siquiera el Force One puede con las leyes de la economía mundial.

A ciertos gilipollas se les ve de lejos. Y ciertas gilipolleces como que también se ven venir. Uno no entiende esta obsesión por derechizarse, quizás porque el centro lo copa un catalán que está muy calladito, probablemente de vacaciones o tratando de reinventarse después del quiebro de Pedro Sánchez. Rivera está con la trapa bajada o se ha ido al pueblo a la llamada de los abuelos. Lo dicho, que mis preocupaciones son etimológicas y no políticas ¿O son políticas y me llevan a la cosa etimológica? Tanto monta. Me voy a hacerle la cena a mi sobrino, es la llamada de la sangre.

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez