Miércoles, 15 de agosto de 2018

Cartas de los lectores

El cuento de las oposiciones

Érase una vez un reino en donde se convocaron unas oposiciones para enseñanza medias ante el júbilo del pueblo sumiso que ignoraba que, en verdad, no se cubrían ni la mitad de las plazas necesarias y que en el mismo reino se incumplía una ley que dice que todo personal que ha trabajado más de dos años para la administración debe ser indefinido. Llegó el día señalado y todos los aspirantes hicieron la primera prueba con la esperanza de aportar lo mejor de sí para el desarrollo del país, ante la bienvenida de un tribunal sonriente, cuyos miembros, un día antes, habían sido compañeros de trabajo de muchos de los aspirantes. Y aparecieron las primeras desilusiones cuando se publicaron las notas del primer examen. Lógico, pensaban algunos, ha suspendido por haber estudiado poco. Los casi 200 supervivientes mantenían intactas sus ilusiones. Muchos eran contrastados docentes con muchos años de experiencia y con alto grado de formación (doctorados, idiomas, etc.), por lo cual estaban convencidos de conseguir una plaza, máxime, considerando que la convocatoria es un Concurso de Méritos y Oposición y que la siguiente prueba consiste en demostrar las cualidades didácticas de los aspirantes. Después de los exámenes orales y de misteriosas reuniones prohibidas para el resto de los mortales entre los miembros de los tribunales, fueron publicadas las notas. Ellos, con criterios de corrección no públicos, decidieron a quiénes aprobar y evitaron que se sumaran los puntos de los méritos a otros aspirantes con mucha experiencia y conocimientos. Estaban en la cúspide de poder, ¡qué sensación! No daban explicación alguna, no mostraban los exámenes ni de los aprobados ni suspensos, respondían solamente alegaciones con escritos preparados de antemano y las sonrisas iniciales se convirtieron en gritos y desprecio hacia los que fueron sus compañeros. ¿Cobardía?, ¿altivez?, ¿cumplimiento de órdenes de superiores? Quizás sí, quizás no o quizás suceda simplemente que \"el piojo que ha sido liendre, pica que enciende\". ¿Tendrán la conciencia tranquila? Muchos de ellos, no. En definitiva, esta historia ha sucedido este último mes durante la OPE de profesores de Lengua y, mientras no sea posible hacer una comparativa de exámenes y las sesiones de evaluación no sean públicas, serán oposiciones no transparentes e impropias de un país democrático.