Sábado, 24 de agosto de 2019

Día de Mandela

Lo más fácil es romper y destruir. Los héroes son los que firman la paz y construyen.
Nelson Mandela

 

Comparezco ante vosotros no como profeta, sino como humilde servidor. Vosotros y vuestros sacrificios heroicos me han permitido estar hoy aquí delante de vosotros y por lo tanto, los años que me queden de vida, estarán en vuestras manos

Nelson Mandela

Se celebra el centenario de Nelson Mandela, una de las personas más admiradas e influyentes del siglo XX. Nelson Rolihlahla, nació un 18 de julio de 1918 en la aldea de Mvezo (Sudáfrica). Durante toda su vida se comprometió por la liberación del pueblo sudafricano, sometido a la política de apartheid de la minoría blanca. Tras muchos años en la cárcel y represión, consiguió eliminar la política segregacionista, buscando la la libertad, la igualdad y la equidad en su país. Ha sido un ejemplo a seguir y una fuente de inspiración para muchos de sus contemporáneos en la lucha por los derechos y la justicia.

En noviembre de 2009, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 18 de julio Día Internacional de Nelson Mandela en reconocimiento a la contribución aportada por el ex Presidente de Sudáfrica a la cultura de la paz y la libertad. Su centenario es un buen momento para reflexionar sobre su vida y su legado, también de los derechos humanos y de tantos apartheid que estamos asistiendo horrorizados. Un buen momento para seguir sus pasos y hacer del mundo un lugar más habitable y digno. El líder africano fue un icono de lucha contra la pobreza, la promoción de la justicia social y la dignidad.

Comentaba en una declaración de prensa del año 1961 qua la lucha es su vida: Lucharé contra el gobierno junto a ustedes, codo a codo, hasta que logremos la victoria. ¿Qué harán ustedes? ¿Se nos sumarán o van a cooperar con el gobierno en sus esfuerzos por reprimir las reivindicaciones y las aspiraciones de nuestro propio pueblo? ¿Van a quedarse callados y neutrales en una cuestión de vida o muerte para mi pueblo, para nuestro pueblo? Por mi parte, ya he hecho mi elección. No abandonaré Sudáfrica, no me rendiré. Solo con penurias, sacrificio y acción militante se puede conquistar la libertad. La lucha es mi vida. Seguiré luchando por la libertad hasta el fin de mis días.

La defensa de los derechos humanos será siempre parece una asignatura pendiente, una cuenta inacabada. Vemos cada día estamos viendo que los derechos más básicos no se cumplen, que atentan contra la dignidad humana, parece cierta aquella afirmación de Hannah Arendt, el “derecho a tener derechos”. A los seres humanos se les reconoce el derecho a tener derechos si son ciudadanos de ciertos Estados, los más privilegiados del mundo, solo una minoría parece tener derechos y ese derecho se le sigue negando gran parte de la humanidad. Parece como si los derechos fuera una cosa solamente de los ricos y privilegiados del mundo.

En Discurso ante el Comité Especial de las Naciones Unidas contra el Apartheid el 22 de junio de 1990, Nelson Mandela realizaba las siguientes declaraciones: Quedará para siempre como una mancha indeleble en la historia de la humanidad el mero hecho de que el crimen de apartheid tuviera lugar. Sin duda las generaciones futuras se preguntarán: ¿qué error se cometió para que ese sistema pudiera asentarse después de haberse aprobado una Declaración Universal de Derechos Humanos?. Quedará por siempre como una acusación y un desafío a todos los hombres y mujeres de conciencia el hecho de que tardáramos tanto tiempo en ponernos en pie para decir ‘ya basta.’…. Convencidos de que la negación de que los derechos de uno disminuye la libertad de otros, ya no nos queda mucha camino por recorrer. Recorramos esa distancia juntos.

Su lucha contra el racismo y la discriminación racial ha sido larga pero fructífera, junto a otros grandes defensores como Martin Luther King, Mahatma Gandhi o Rigoberta Menchú. Pasó en la cárcel casi 30 años, nunca estuvo dispuesto a renunciar al activismo y aceptar su liberación si en su país no había derechos y justicia para su pueblo. En la lucha a favor de los derechos y la justicia, Nelson Mandela entendió que era muy necesaria la educación y la lucha contra la pobreza: Mientras la pobreza, la injusticia y la evidente desigualdad persistan en nuestro mundo, nadie podrá realmente descansar. Nunca olvidaremos como millones de personas en todo el mundo se han unido a nosotros en solidaridad para luchar contra la injusticia de nuestra opresión mientras estuvimos en la cárcel. Esos esfuerzos no fueron en vano, ahora podemos estar aquí y sumarnos a millones de personas en todo el mundo que luchan por la libertad y contra la pobreza.

Los derechos humanos son un desafío a la seguridad del sistema y a la estabilidad del mercado. Como no denunciar la hipocresía, cuando las naciones que dominan el juego transaccional, que imponen ajustamientos estructurales a los países más empobrecidos. Inmersos en la revolución tecnológica todo parece cambiar a nuestro alrededor, pero nada parece tan inmutable como la pobreza. La inercia de la comunidad internacional, de los poderes económicos y el cinismo de los políticos, impiden que sea una realidad ya resuelta.

No podemos olvidar, que a pesar de las variables climáticas que contribuyen a la hambruna, las causas profundas han sido provocadas por acciones de índole política y social totalmente globalizadas. Ahí está la sobreoferta mundial controlada por las grandes multinacionales de la alimentación o por las áreas económicas más ricas del mundo, así como las políticas draconianas del FMI, que destruyen los tejidos agrícolas y ganaderos de los países más pobres.

Durante 67 años Nelson Mandela dedicó su vida al servicio de la humanidad, como abogado defensor de los derechos humanos, como preso de conciencia, trabajando por la paz y como primer presidente elegido democráticamente de una Sudáfrica libre. Siguiendo su ejemplo, la actuación política deberá tener en cuenta estas dimensiones, la dignidad y la solidaridad. El que se solidariza tiene que tener en cuenta que su propia dignidad depende del otro, que tiene una deuda con la víctima. El reconocimiento deberá ser mutuo pero no equivalente, la intersubjetividad es asimétrica y deberá priorizar a los más necesitados.