Sábado, 14 de diciembre de 2019

Menores de edad

Siempre reproché a los gobernantes, tanto a los que gobiernan más como a los que gobiernan menos, que nos trataran como menores de edad, pero empiezo a preguntarme si no seremos nosotros mismos los que nos ganamos a pulso tan humillante tratamiento, aunque la pregunta, quede claro, no tiene ni la más ligera sombra de disculpa para ellos.

Hace unos días, con motivo de no sé que evento de fútbol, se celebró un partido entre Inglaterra y Croacia, y el Ayuntamiento de Benidorm, ciudad en la que por estas fechas se llena de ciudadanos ingleses, previendo los destrozos que provocarían en el supuesto de que ganara el partido su país, no dudó en multiplicar al máximo el número de policías, exigir que en las terrazas se sirvieran las bebidas en vasos de plástico y ordenó que se retiraran de la vía pública todos los contenedores de vidrio.

Nada inesperado por parte de este ayuntamiento tan previsor. Si por algo hay que felicitarlo es porque es de los pocos que se preocupan durante el invierno de preparar la ciudad para que los miles y miles de turistas que recibe durante el verano disfruten de una ciudad habitable, y la prueba de que lo consigue es que la mayoría de los turistas no van a un lugar de turismo, van al lugar donde conocen sus playas, sus tiendas y sus hoteles, que es como ir a casa, y le sobra experiencia para saber como se reacciona ante situaciones como ésta. Pero causa vergüenza que por un partido de fútbol tenga que tomar medidas tan extremas en plena temporada.

Se supone que ganar un partido es motivo de alegría, y la alegría se manifiesta cantando, bailando o haciendo el indio si hace falta, mientras que perderlo es motivo de tristeza, y la tristeza se manifiesta enfadándose, cabreándose o metiéndose en la cama sin cenar como hacía un amigo mío, y no digo hacía porque haya dejado de perder el apetito por esto, lo digo porque tanto me divertían sus rebotes que por fin me negó el saludo, pero ni el ganarlo ni el perderlo pueden celebrarse arremetiendo contra el mobiliario urbano y agrediendo a los ciudadanos tanto verbal como físicamente. Esto, que hubiera exigido las mismas medidas si en lugar de Inglaterra hubiera jugado España, es más bien propio de personas inmaduras, y en lo que haya un solo ayuntamiento que ante un partido de fútbol tenga que tomarlas, cabe preguntarnos si no seremos los culpables de que los gobernantes nos engañen, nos convenzan, nos manipulen y nos controlen como si fuéramos menores de edad para que no les busquemos problemas.