Sábado, 21 de septiembre de 2019

Bendito fútbol

Se nos acaba el Mundial y no puedo por menos que solidarizarme con un equipo de supervivientes de la guerra que están haciendo historia, la historia reciente de una Europa desorientada, fragmentada y, sin embargo, capaz de tirar hacia adelante con la pura fuerza de su talento. Y hasta un serbio tan serbio como Djocovic se admira de Croacia mientras le critican por hacer apología del enemigo. Hay que tener pelotas y no de tenis. El fútbol nos une, nos devuelve la capacidad de la sorpresa, del talento, hasta de la suerte y nos da lecciones de humildad, porque por mucho que juegue bien el de Madeira, no estamos para chulerías y le dejamos ir con la esperanza de que le cruja Hacienda, esa que dice que somos todos.

Todos los que ahora contenemos la respiración ante una subida de impuestos anunciada, porque si queremos un cambio de talante, hay que pagarlo, que ningún gobierno suprime prebendas y asesores para ahorrarse unos duros. A los de Sánchez les sobra talento y talante, pero también, ciertas elucubraciones sobre el idioma o las actas notariales de la relación sexual que no son de su negociado y además, no es que nos preocupen de forma urgente a los ciudadanos de a pie que sabemos bien que la solución está en el respeto, en respetar a quien denuncia una violación, en educar, en pagar de forma igualitaria y en tener a la gente ocupada y bien pagada y eso incluye a los autónomos que parecen las víctimas de cualquier situación. Merecemos trabajo, salarios dignos, capacidad de mejorar nuestra vida, acceso fácil a una vivienda, a una sanidad, a una educación dignas… y todo lo demás, viene de serie. Pero perderse en otras elucubraciones como que no, lo mismo que recibir a Torra con desmedido afecto y con un lazo amarillo en la solapa. No es un detalle que honre demasiado ni al visitante ni al amabilísimo anfitrión que quizás debió poner en la puerta de la Moncloa a Borrel para dejar muy claro lo que mucha gente pensamos. Que esta exquisitez es una bajada de pantalones.

Las formas hay que cuidarlas porque para eso somos seres evolucionados que, por mucha ambición que tengamos, no debemos ni ponernos a hacer vídeos de mal café para que los desayune Soraya Saénz de Santamaría, ni acudir a una visita institucional marcando lazo amarillo. No es de recibo. Sin embargo ya sabemos cómo funcionan las cosas, el gol o entra por la escuadra o en propia puerta, y hace falta llegar a los penaltis para alcanzar la gloria o la desdicha. Ya se verá en las urnas si estamos o no contentos con el cambio, un cambio que aplaudo calurosamente aunque haya cosas que me sobren y otras, que me falten, como siempre, porque de peajes y de falta de arranque la política está sobrada. Y si no, que se lo digan a Trump que viene a Inglaterra tocando a rebato y se queda sin tomar el té con la familia real en pleno, que eso da mucho glamour. Yo de Meghan le hubiera puesto un laxante en la taza para que se fuera aliviando, pero claro, las formas son las formas aunque la cara de Isabel II ha sido muy elocuente. El deber y no el placer, y que este tipo se vaya por donde vino cuanto antes. Y que viva el fútbol.

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez