Domingo, 23 de septiembre de 2018

Normalidad enrarecida

El pasado día 9 (de julio, evidentemente), el Gobierno de España emitió dos curiosas respuestas oficiales en el Senado, en las cuales llamaba la atención el uso que hacía del concepto “Región Leonesa”, indicando que ésta se encuentra conformada por las provincias de Salamanca, Zamora y León.

No le falta razón al ejecutivo nacional en ello, aunque tristemente se ha llegado a un punto en el que resulta casi extraño ver usar un concepto como “Región Leonesa”, pues tanto las instituciones como los medios de comunicación insisten machaconamente en tratar como “oeste de Castilla y León” a lo que toda la vida fue la Región Leonesa o Reino de León.

Ahora, el uso de dicho término en documento oficial del Gobierno, parece recordarnos que la Región Leonesa sigue vigente, aunque carezca de autonomía propia, porque una cosa son las regiones, y otra las comunidades autónomas, que no siempre son coincidentes y, de hecho, la propia Constitución trata de forma diferente a ambos conceptos.

Por otro lado, no está de más recordar que el término “Región Leonesa” no es un término estrictamente político, sino que ha de catalogarse más bien como histórico-geográfico, en tanto que alude a una región histórica ubicada en el oeste español, y cuya mención no implica por sí misma ninguna reivindicación política, como tampoco la conlleva aludir a Galicia, Asturias, Extremadura o Aragón.

Sin embargo, el continuo ninguneo de la Región Leonesa como tal en periódicos, radios, televisiones,… o en las declaraciones públicas de los políticos, ha llevado a ésta a un estado de invisibilidad total, convertida en un “y León” que muchos no entienden qué significa, o si significa algo siquiera.

Así, se ha llegado a un escenario en el que la “y” que en el nombre de la comunidad autónoma une los topónimos “León” y “Castilla” parezca no tener sentido, cuando la realidad es que una “y”, como conjunción copulativa, significa que lo que se sitúa a ambos lados de ella son cosas distintas, por mucho que vayan unidas en una frase o, como en este caso, en una misma comunidad autónoma.

De hecho, es tal el despropósito en este aspecto, que la Junta en sus campañas de turismo tiene el lema “Castilla y León es vida”, ante lo que uno de pregunta: ¿Cómo que “es”? ¿No será “son”? ¿Desde cuándo dos sujetos en conjunto conjugan en singular?

Y es que decir “Castilla y León es vida” tiene el mismo sentido que decir que “Salamanca y Cáceres es provincia”, “Francia y España es europea”, o “María y Manuel es profesora”. Resulta absurdo, dado que en español el verbo ser para referirse a dos sujetos en tercera persona (en presente de indicativo) se conjuga como “son”, y no como “es”. Cuestión aparte sería que se dijese explícitamente “la comunidad autónoma”, caso en el cual sí sería correcto decir “la comunidad autónoma es...”.

No obstante, todo parece indicar que esta deriva responde a una estrategia premeditada de dar a entender que todo es un conjunto y que no hay partes en su seno (por mucho que el propio nombre lo desmienta indicando lo contrario), de lo que se deduciría que no existirían ni Castilla ni León, y todo sería un conglomerado llamado “Castilla y León” (o en versión cantamañanesca: “Castilla-León”), arrebatándole a la “y” el sentido con el que la concibe la Real Academia Española de la Lengua (RAE).

 

En este sentido, si se trata de manipular la opinión pública para amoldarla a los intereses de las comunidades autónomas nacidas en la Transición, puede decirse que la de Castilla y León no se queda atrás, siendo la perversión del lenguaje quizá su “asignatura” favorita. Una comunidad autónoma, recordemos, nacida en 1983 (hace apenas 35 años), que nunca había existido anteriormente (dado que hasta entonces León y Castilla eran dos regiones distintas), y que para justificar su pervivencia no está dudando en manipular el propio lenguaje, la historia o los símbolos de una Corona histórica que, aunque de mismo nombre, poco tenía que ver con la actual comunidad autónoma de Castilla y León (dado que la inmensa mayoría de su territorio se ubica fuera de esta autonomía).

Por todo ello, he de confesar que me alegra que el Gobierno en dos respuestas oficiales se haya decidido a usar frases como la de “la Región Leonesa (incluye las provincias de Salamanca, Zamora y León)”, porque ya va siendo hora de dejar de prostituir el lenguaje para referirse a las provincias de Salamanca, Zamora y León con expresiones como “el oeste de Castilla y León” o, la que pude observar el jueves pasado en un diario en papel, “la franja más occidental de Castilla y León”.

Partamos de algo tan esencial como que Castilla y León son una misma comunidad autónoma, pero que al mismo tiempo, son dos partes o regiones, como su propio nombre indica, y como señala el propio Estatuto en su Preámbulo, al afirmar que “la comunidad autónoma de Castilla y León surge de la moderna unión de los territorios históricos que componían y dieron nombre a las antiguas coronas de León y Castilla”.

Dicho de otro modo, es ésta una comunidad autónoma que está compuesta por dos regiones y a su vez por nueve provincias. Hecho por el cual sería deseable que, por simple respeto a la historia de España, a los leoneses se nos trate como leoneses, y a los castellanos como castellanos, del mismo modo que a los aragoneses se les trata como aragoneses y a los gallegos como gallegos.

Y es que, en materia regional, los habitantes de Puebla de Sanabria o de Ledesma no son ‘castellanos y leoneses’, sino que son leoneses, del mismo modo que los de Burgos o Soria no son ‘castellanos y leoneses’, sino castellanos. Cuestión aparte sería ya que leoneses y castellanos compartamos una misma comunidad autónoma, así como la pertenencia a España, lo que sería más que evidente desde el punto de vista legal.