Martes, 18 de septiembre de 2018

El jubileo de los misioneros

En Salamanca llegamos a contabilizar en algún momento más de trescientos misioneros

En el 2015, con ocasión del quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa, tuvimos la oportunidad de gozar del jubileo teresiano, tanto en Alba de Tormes como en Ávila. Han pasado, por tanto, sólo tres años, y he aquí que tenemos ocasión de ganar un nuevo jubileo. El Papa concedió a la diócesis de Ávila, según lo había solicitado, la posibilidad de celebrar un jubileo todos los años en que la fiesta de Santa Teresa, 15 de octubre, caiga en domingo. Es el caso de este año. La concesión no afecta en igualdad a la diócesis de Salamanca, pero, por esta vez, se ha concedido la gracia del jubileo a la iglesia de la Anunciación, de las Madres Carmelitas, en Alba de Tormes.

Con esta ocasión, aunque la celebración de la jornada de los misioneros, que solemos celebrar conjuntamente las diócesis de Salamanca y Ciudad Rodrigo, tocaba este año celebrarla en Ciudad Rodrigo, decidimos cambiar la rotación y celebrarla esta vez en Alba de Tormes (Salamanca), para que los misioneros, y sus familiares y amigos, pudieran ganar el jubileo teresiano.

Nos encontraremos allí más de cuarenta personas -misioneros, familiares, amigos y admiradores de los misioneros- de la diócesis de Salamanca, y más de 20 personas de la diócesis de Ciudad Rodrigo. Misioneros en activo, en fase vacacional, tendremos apenas seis, y esperamos que en algún momento de la celebración nos puedan dar testimonio de su admirable vida misionera.

Es verdad que en nuestro tiempo no contamos con tantos misioneros como en el pasado. En Salamanca llegamos a contabilizar en algún momento más de trescientos misioneros, mientras que en la actualidad no pasan de los doscientos. Y encima muchos de ellos son ya mayores y, poco a poco, van viniendo a pasar los últimos años de su vida en su tierra natal, donde pueden tener más cuidados médicos y mejores medios de convivencia, sea con sus propias familias o en los centros que tienen dispuestas sus congregaciones religiosas para la gente mayor de la familia de religión. Y, como no hay nuevas vocaciones que repongan las bajas anteriores, es lógico que el número de los evangelizadores en la lejanía de sus tierras vayan siendo cada vez menores en número.

Con todo, los misioneros que todavía realizan sus trabajos en tierras lejanas, o lo han hecho anteriormente, merecen nuestro reconocimiento, como miembros que son de nuestra iglesia diocesana. Y en este homenaje merecen participar sus familiares que, en muchas ocasiones, han sido sus mejores colaboradores, así como apoyo y sostén de sus personas y de sus obras de solidaridad humana y cristiana. Y ahí estamos los amigos y admiradores de los apóstoles de la misión y la fraternidad.

Tendremos la oportunidad de vivir un hermoso día de convivencia, de conocimiento de la obra misionera de nuestros familiares y amigos y, por supuesto, de dar muchas gracias a Dios por la distinción que ha hecho a nuestras iglesias diocesanas con la presencia y el trabajo de nuestros queridos misioneros. Esta acción de gracias la profesaremos a la una del mediodía en la Misa del Peregrino que, además, contará con la presencia y la presidencia de nuestro obispo D. Carlos, que pondrá de relieve esa tarea de solidaridad cristiana de nuestros misioneros, miembros distinguidos de nuestras iglesias diocesanas. Y esta Eucaristía constituirá una de las medidas necesarias para ganar el jubileo teresiano.

No faltará la ocasión de gozar de la notable exposición teresiana que se ha montado para este año jubilar en el claustro del convento de los padres carmelitas, junto a la iglesia de San Juan de la Cruz. Nos guiará en la visita el prior del convento el padre Miguel Ángel.

Terminaremos la mañana con una comida de confraternidad en el restaurante del Hostal América. Y en la sobremesa podremos gozar de los admirables testimonios de nuestros misioneros. Se podrá completar la convivencia con canciones, chistes y juegos que culminen el gozo de nuestra fiesta misionera.

Ojalá pudiera participar en esta fiesta más gente joven que, sin duda, podrían sentirse llamados a unirse a la cadena de misioneros que renueve la juventud y la duración futura de la acción misionera de nuestras iglesias. Que Santa Teresa siga inspirándonos su mismo espíritu misionero, que ella no pudo realizar, pero con el que contagió a sus hijas de forma que pronto fundarían sus palomarcitos en los países de misión, fundamentalmente en África y América. Enhorabuena a nuestros misioneros y sus familiares.