Lunes, 24 de septiembre de 2018

Tapones y cápsulas del vino, elementos que identifican lo que esconde la botella

El material utilizado como tapón dice mucho del vino que nos vamos a encontrar e incluso de la bodega que lo elabora

Sacado del corcho del alcornoque

Según un reciente estudio, se identifica que el ver y oír un descorche de una botella genera unas expectativas en el consumidor, sobre todo porque evocan recuerdos de catas previas. En nuestro subconsciente queda identificado más calidad con cierre de tapón de corcho natural, que otros tipos de tapones, todos ellos encargados de sellar y preservar el vino.

La próxima vez que descorche una botella de vino, deténgase un momento y observe el corcho. Tiene en la mano un material natural, biodegradable y renovable, ¿Qué más podría pedírsele a un árbol?

Para tener  conocimiento previo del vino que nos vamos a beber, pasamos a explicar los diferentes tipos de tapones utilizados en la actualidad, ya que existe una relación con el vino que guardan, y que a continuación expongo:

EL CORCHO

Es la capa externa de la corteza del alcornoque. Pero no es una corteza cualquiera: es ligera, elástica e incombustible.

El hombre ha utilizado el corcho desde muy antiguo, podría decirse que desde siempre. Las primeras referencias escritas datan de 3000 a.C. En documentos chinos que citan los usos del corcho en utensilios de pesca.  Egipcios, babilonios y persas también lo utilizaban. En tiempos clásicos, autores como Teofrasto, Catón, Plinio, o Plutarco describen las propiedades del  corcho y sus aplicaciones, como flotadores de pesca, suelas de zapato o tapones de ánforas. Estas ánforas, tapadas con corcho, se han recuperado también de pecios hundidos cerca de las Islas Hormigas.

Año tras año, el alcornoque produce abundantes cantidades de esta resistente corteza, la cual llega a los 25 centímetros (10 pulgadas) de espesor y protege al árbol del calor, el frío y los incendios forestales. Si le quitan su abrigo protector, el árbol se hará otro igual en unos diez años.

Portugal produce el 55% del corcho que se consume a nivel mundial, seguido de España con el 30%, y por otros países —como Argelia, Francia, Italia, Marruecos y Túnez—, producen el 15% restante.

Producto muy versátil

Los romanos y los griegos descubrieron que podían usar el corcho para fabricar los flotadores de sus redes de pescar y cómodas suelas para sus sandalias; al parecer, también elaboraban tapones para sus vasijas. Actualmente se emplea para las juntas de motor, ya que tolera altas temperaturas sin deformarse, e incluso es un componente esencial de los paneles térmicos de algunas naves espaciales.

La utilización del corcho como tapamiento de vinos se atribuye a Pierre Pérignon (1638-1715) para fermentar el vino en las botellas y conferirle espumosidad, también el cerramiento de la botella se acababa con lacre*.

Pero en los años ochenta, el investigador suizo Hans Tanner, del Wädenswil Institute, descubrió un agente dañino en el corcho, el TCA* que se detecta en nariz y boca con un aroma y sabor a moho, y en algunas ocasiones arruina el vino.

TIPOS DE TAPONES

Tapón Natural: El tapón de corcho natural es ideal para el envejecimiento del

vino (crianzas y reservas), se trata de un trozo enterizo, exento de grietas, fisuras y grandes poros, los de gran calidad, además, tienen tratamiento anti TCA*, ya que, el vino va a estar en contacto con él varios años.

Tapón Colmatado: Es el tapón  natural de inferior calidad, relleno de polvo de corcho en grietas y fisuras para ganar hermeticidad, es ideal para jóvenes y crianzas.

El problema, puede ser la resina que usan para aglutinar el polvo, pueda transferir al vino algún olor o sabor por reacción con el mismo.

Tapón técnico, o 1+1: El tapón de corcho aglomerado con arandelas de corcho natural en la parte superior e inferior es ideal para los vinos destinados a ser consumidos

en 2 o 3 años.

Estas arandelas, son las que de un lado están en contacto con el vino, y del otro con el exterior, evitando el contacto de ambos con el aglomerado, que pudiera desprender algún sabor indeseable por contacto con la resina utilizada en la mezcla.

Tapón Aglomerado: Una solución económica para un cierre de corta duración

(aprox.1 año), en general, para vinos de menor calidad, pudiendo darse el caso de contaminación de los mismos con el látex empleado en la mezcla del aglomerado.

Tapón sintético: El tapón sintético es una alternativa al tapón de corcho, especialmente en corchos de baja y media calidad, es ideal para vinos jóvenes y vinos blancos que se consumen antes del año y en los cuales lo importante es mantener su frescor y aromas.

Es un material que hermetiza muy bien por ser muy elástico, se pueden fabricar de múltiples colores, y se saca con sacacorchos igualmente que el tapón clásico.

Carece de micro oxigenación que tiene el corcho natural.

LAS CÁPSULAS

La cápsula de vino es el elemento de la botella situado en el cuello de la misma que se encarga de proteger el corcho (y en consecuencia el vino) de posibles deterioros.

Uno de los primeros materiales en utilizarse para elaborar las cápsulas de vino que conocemos hoy en día fue el plomo. Sin embargo, reglamentaciones de diferentes órganos con potestad legislativa prohibieron por considerarlo peligroso para la salud del consumidor y la alteración del sabor del vino.

  • Estaño: el material Premium. Es el más caro. Es muy adaptable, elegante y abre las mayores posibilidades de diseño. Por lo general son cápsulas de vino de 1 pieza. Si quieres reconocer si la cápsula es de estaño puro se acredita con el sello Pure Tin.
  • Aluminio: utilizado en vinos de gama alta y media. Material para dar un toque refinado y agradable. Es un material resistente a la corrosión y es reciclable.
  • Complejo: utiliza aluminio y placas de polietileno. Se suele elaborar en dos piezas y se utiliza en vinos de gama media.
  • PVC: la opción económica. Suele ser termo retráctiles, o sea que al darle calor, se encoge, adaptándose a la forma del cuello de la botella. Una opción sencilla y  económica.

 

El lacre*
El lacrado del tapón de la botella de vino es una práctica usada desde tiempos inmemoriales, para preservar su contenido, tanto para que no entre aire y no se estropee el producto, como para asegurar que ningún rufián haya sustituido su contenido original.

La única problemática que tenía este procedimiento, en la antigüedad, es que el lacre tradicional se rescreajaba al abrir la botella ensuciando la  mesa e incluso podía caer dentro de la botella. Esto se solucionó hace siglos con el uso del lacre sintético, un lacre de composición más blanda de forma que no se resquebrada ni se parte en trocitos, simplemente se rompe en un pieza y se deja agujerear con el quita-tapones.

Esta práctica se sigue empleando en nuestros tiempos en dos sectores, el del vinatero artesano, que por su pequeña producción no puede permitirse un encapsulado industrial, y el del gran productor que quiere distinguir una serie de sus productos de mayor calidad (vinos de Borgoña).

La apariencia de este lacrado del tapón de la botella con la firma del fabricante o el símbolo de la serie da un aspecto distinguido. El sello de lacre informa al consumidor antes de abrir la botella que el vinatero ha tratado aquella botella que tiene entre las manos con especial mimo y dedicación.

EL TCA*

También conocido como: tricloroanisol, es una de las razones más importante de la aparición de nuevas alternativas de tapado, debido a que es un hongo que crece naturalmente en el alcornoque, al que se le atribuye el aroma y sabor a moho de algunos vinos, que afecta alrededor del 15% de los corchos.

Durante siglos, el corcho fue el material indiscutible empleado como cierre de las botellas de vino, y lo sigue siendo en las botellas de vino de alta calidad. En los años ochenta el investigador suizo Hans Tanner, del Wädenswil Institute, descubrió un agente dañino en el corcho que se detecta en nariz y boca con un aroma y sabor a moho, y en algunas ocasiones arruina el vino.

Esta contaminación a veces es muy evidente, y en otros casos se necesita un olfato muy sensible para poder detectar el agente intruso.

Edición: Javier Bragado