Jueves, 20 de septiembre de 2018

Neocapitalismo con tiritas

 El lobby del poder financiero español tiene diseñado el próximo paso: un nuevo y demacrado proceso de “diálogo social”. El nuevo estatuto del trabajador se creará bajo una normativa de rango superior, emanada del neoliberalismo actual sobre derechos laborales. Luego meterán mano a los contenidos del Pacto de Toledo, para seguir potenciando las pensiones privadas a costa de continuar reduciendo las prestaciones públicas. Todo bien estudiado y medido, con el asentimiento empresarial, de CCOO y UGT, y de los partidos conservadores, de centroderecha y socialdemócratas.

 Parece que la mayoría de los defensores del neocapitalismo, del liberalismo económico más duro de todos los tiempos, quieren curarse en salud y refundarse sobre sí mismos. Emplean para ello a economistas, políticos y analistas, todos ellos jóvenes. Estos pretenden convencernos de que el capitalismo fue uno de los mejores sistemas sociales y económicos de la Historia y hay que retornar a él. Eso sí, algo desinfectado de heridas; ahora al neocapitalismo le ponen tiritas. Pero capitalismo es, puro y duro.

En su libro “Suecia y el resurgir del Estado del bienestar capitalista”, afirma el joven economista sueco Andreas Bergh que “es fácil para los políticos culpar de sus fracasos al capitalismo”. Y nos sorprende porque los únicos que hacen eso de criticar y culpar al capitalismo, no son precisamente los neoliberales ni los socialdemócratas, que estarían encantados que este sistema siguiera dominando las finanzas, el libre mercado de la economía y la agenda social.

Se le critica –con razón– al capitalismo y a Bergh, que ha llevado al enriquecimiento de unos pocos sobre muchos, y que ha potenciado la corrupción, la desigualdad y la pobreza extrema. Sin embargo dice Bergh que si hay fallos en este teoría es que algunos países (más bien bastantes) no cumplen con la ley. Y es que también interfieren demasiado en la economía. Por eso han creado un lobby muy propio del neocapitalismo para llevar el ascua a sus sardinas y dejarnos a los demás fuera de juego, o más bien, de su juego de Monopoly. Andreas Bergh, joven e inexperto en la práctica política, solo analiza datos, e artículos y libros, pero no observa la vida laboral, la economía real casera, las reivindicaciones de los ciudadanos, y las consecuencias de ese voraz afán pecuniario del capitalismo salvaje.

Si el neocapitalismo no hubiera sido defendido –extendido y aupado– por los grandes bancos, poderes financieros y fácticos, otro gallo cantaría y habría fracasado antes.

El economista Andreas nos quiere convencer de las bondades del “tótum revolútum” del Estado del bienestar, el libre mercado y la democracia, al ritmo del capital,  curado con tres o cuatro tiritas. Y ¡ale, a jugar…, a ricos y pobres!

Es decir, para él y para otros autores de su “cuerda”, más globalización es más crecimiento económico, y más crecimiento económico es también mayor crecimiento de los ingresos de los ciudadanos más pobres de la sociedad. ¿Acaso, los economistas  afines a Andreas Bergh, han encontrado una fuerte correlación negativa entre pobreza extrema e intensidad de apertura a la globalización de un país? O sea creen que  ¿a más globalización, menos pobreza extrema; y a menos globalización, más pobreza extrema?

No es verdad esto en España, y los datos anuales, de Hacienda y del INE, lo demuestran. El caso es que, con razones científicas y económicas, alguien que no tiene dinero ni recursos ni nada que llevarse a la boca, no puede generar riqueza en un país. Por eso el neocapitalismo asegura ciertas cantidades mínimas (algo ridículas) para los pobres y los trabajadores, solo para poder pagar facturas, comida, vivienda y para que los bancos y las grandes empresas sigan dominando la economía. O sea, trabajar para mal vivir y pagar a los acreedores, sean estos grandes sociedades o pequeños y medianos empresarios.

Estos poderes cacarean que a más libertad comercial —más capitalismo— significa más crecimiento económico, pero, claro, solo se benefician unos pocos privilegiados.

Todo un juego de palabras y un bluff. La recuperación, el falso crecimiento económico en los últimos tres años, en España al menos, solo ha llegado muy parcialmente a algunas familias, en general, pero nada o casi nada a las clases trabajadoras, medias y más bajas.

El acuerdo reciente entre la Patronal y CCOO y UGT no sólo no supone obligatoriedad para las empresas (tanto el cacareado salario mínimo de 1000 euros en convenio como los incrementos salariales no son más que “sugerencias”). Pero  lo que no dicen los sindicatos subyugados, firmantes, es que ese refrendo acarrea algunas concesiones más, como facilitar el “despido individual” de los trabajadores o que vaya a cargo de la reducción del salario del trabajador cualquier situación de “crisis” de la empresa. 

El lobby del poder financiero español tiene diseñado el próximo paso: un nuevo y demacrado proceso de “diálogo social”. El nuevo estatuto del trabajador se creará bajo una normativa de rango superior, emanada del neoliberalismo actual sobre derechos laborales. Luego meterán mano a los contenidos del Pacto de Toledo, para seguir potenciando las pensiones privadas a costa de continuar reduciendo las prestaciones públicas. Todo bien estudiado y medido, con el asentimiento empresarial, de CCOO y UGT, y de los partidos conservadores, de centroderecha y socialdemócratas.

Como muy bien dice la catedrática de Economía Aplicada, Miren Etxezarreta: “El sistema financiero global está detrás de la crisis de las pensiones". Y parece que nos quiere llevar a suscribir cuanto antes –por el miedo a quedarnos sin nada– el plan privado de pensiones europeo. Defienden que el capital siga haciendo negocios con el derecho vital del ciudadano.

Sin embargo estas pensiones se deben financiar a través de varios impuestos como el resto de los gastos colectivos del Estado, además de las cotizaciones de la Seguridad Social. Y continúa la catedrática Etxezarreta: “¿Acaso alguien se plantea el rendimiento económico de la Justicia, de la Casa Real, del gasto militar...”? Y añadimos nosotros otras más como la Educación, la Sanidad, las Pensiones y la Felicidad…

A todos estos “lobos o tiburones” financieros, solo les interesa la ley del mercado. Sin embargo, nuestra microeconomía (la de los salarios, la de las pensiones) es la que sostiene de forma estable un saneada economía del país. Todos pagamos impuestos (IVA, IRPF y otros), damos de comer a los comerciantes, a industriales, a los autónomos, etc. Mientras los grandes patrimonios se esfuman, los recursos que no se reparten, los que se acumulan lejos, escondidos en paraísos fiscales o en la banca suiza o en SCAV

Para estos nuevos economistas del neocapitalismo solo existe una globalización, la del capital, pero ni los derechos laborales sociales, ambientales se han globalizado. Las merluzas de Namibia (en las pesquerías de Pescanova) vienen en buenos barcos mercantes. Sin embargo, las personas de ese país lo hacen en pateras expulsadas de su tierra por los efectos de esta inhumana e irracional globalización.

Los aumentos de renta de las clases adineradas no revierten en la economía cercana, real. Son usados para gastos suntuarios o para ser colocados en inversiones especulativas financieras o son directamente sacados del país con destino a algún paraíso fiscal. Su dogmatismo no tiene fisuras, pero sí mucha jeta, pues son fieles servidores del Ibex35 y de la socialdemocracia financiera.

Y para que se enteren de una vez algunos jóvenes economistas neoliberales “buenistas”: aseveremos rotundamente que la democracia y Estado del bienestar no cuadran con capitalismo, sea este paternalista o salvaje.