Jueves, 20 de septiembre de 2018

Otro viernes negro

Los viernes en RTVE se han convertido en un grito cada vez más visible. Se cumplen once viernes desde que un grupo de trabajadoras de los medios de comunicación públicos nacionales optaran por protestar vistiéndose de negro los viernes, justo el día en el que coinciden los que acaban sus emisiones diarias con los que preparan las del fin de semana.

La reivindicación es sencilla. Quieren una radio, una web y una televisión pública. Y lo piden los trabajadores, pero es algo que deberían gritar todos los ciudadanos.

Pública quiere decir que esté al servicio de los ciudadanos, que no dependa del gobierno de turno, que no dependa de las cuotas debidas a la oposición, que no sea moneda de cambio para espurios intereses políticos ni un lugar donde pagar favores colocando amigos, beneficiando a empresas o sobando el lomo a quien proceda según convenga. Pública significa que es de todos y que todos tenemos derecho a una información y un entretenimiento de calidad, que esté pensada para satisfacer la demanda de sus legítimos propietarios y que se rija por unos criterios profesionales ajenos a los bastardos intereses de los partidos políticos que se la quieren apropiar. Pública, sí. Como la sanidad, como la educación. Porque es un derecho constitucional que no se puede dejar sólo en manos de las empresas privadas. Lo mismo que la salud, lo mismo que la cultura. Porque no todo lo que necesita saber un ciudadano es rentable. O conveniente. De ahí la necesidad de que existan los medios de comunicación públicos e independientes. Que se lo digan a los británicos y su BBC, o a los alemanes y su ZDF, incluso a los italianos y su RAI. Porque todas las televisiones públicas de nuestro entorno tienen muchísimo más presupuesto, una plantilla más amplia y, sobre todo, una independencia real de los políticos que, por hispánica costumbre, se la han apropiado indebidamente desde su primera emisión.

Todavía hay quien argumenta que es una pérdida inútil de dinero. Y ahí entramos en el terreno de la gestión. En el equilibrio conveniente entre la prestación de un servicio básico como es el de la información y el entretenimiento y el que los españoles seamos capaces de sufragarlo dependiendo de nuestros ingresos. Y siempre pongo el mismo ejemplo. Imagina que RTVE es una panadería. Aquí hay un horno impresionante que son los estudios de radio y de televisión. Aquí hay unos panaderos muy preparados expertos en hacer barras, hogazas, colones y todo tipo de productos de buena calidad. Además tenemos un escaparate impresionante, con varios canales de radio y de televisión, con aplicaciones, redes sociales y una plataforma multimedia adaptada a los nuevos públicos.  Dejemos de comprar pan precongelado para venderlo en nuestra panadería. Aprovechemos a los panaderos y reposteros de la casa. Vendamos pan a otros países. Y, sobre todo, cuidemos la salud de nuestros clientes seleccionando los ingredientes con mimo.

Y sí, sí es posible una radio televisión pública independiente, plural, innovadora y que se rija por criterios profesionales. Si Telemadrid –quién lo iba a decir- lo ha hecho posible, no entiendo por qué el resto no.