Martes, 18 de septiembre de 2018

Estilo y personalidad

Lo que hace triunfar determina una escuela-. En arte ha ocurrido siempre así, un estilo si gana los mejores laureles tendrá seguidores. La imitación es un noble estimulo, a veces engañoso, pues tiene más de espejismo que de realidad. En el toreo lo fundamental es la personalidad, pero torear es arte y el torero no escapa, o no puede desprenderse de inclinarse a unas emulaciones, aún con el lícito deseo de subir, de llegar, de ganar, sin embargo, el resultado para la Fiesta y público puede ser negativo.

Se ha llegado a uniformar tanto el estilo de torear que habría que hablar de la forma de antes, la de ahora y la que puede llegar. Es muy natural que las épocas marquen formas y estas discurran por diversos derroteros, pero siempre conservando esa variedad, que es la que cimenta los prestigios personales. En la actualidad se torea casi igual por todos o “casi todos”, (excepciones hay evidentemente),  y ello me parece perjudicial, porque se anulan los contrastes. Podemos ver series de muletazos con mayor o mejor soltura, habilidad, garbo etcétera, pero con una orientación semejante en las faenas, y esto choca con la esencial belleza e interés que pueden ofrecer.

Este camino de la uniformidad, podemos llamarla- patrón único para lo negativo- sinceramente, ¿que estilos hay ahora? Muchos toreros no alcanzaron fama con capote y muleta, llamaban la atención de los públicos por su arrojo y maestría con la espada… ¡Ay la suerte suprema! Se ha ido perdiendo el sentido de las cosas. Se premian faenas preciosistas, pero que se rematan con deleznables pinchazos, bajonazos, feísimos estilos a la hora de acometer con la espada. Públicos indulgentes se olvidan de lo importante de la suerte final.

Se tiene prisa por ser rico, afamado, reconocido llegar a lo alto en el menor tiempo posible, sin tener en cuenta, que esto viene dado por añadidura, cuando se logra crear, realizar, concebir y forjar la gracia y el encanto, lo importante de un torero es la diversidad, su estilo y por ende, su personalidad. Un torero puede ser limitado, sobrio, corto pero tener un modo peculiar en las ejecuciones, en agilidad y dominio que le singularicen. Otro puede tener destellos de genialidad lleno de improvisación, puede ser medroso o impávido con riqueza de recursos y maestría que le permita intentarlo todo, inimitable en algunas suertes compensando otras deficiencias… ¡y, como no!, quien puede ofrecer majestuoso, llevar toreadas todas las reses en todas las suertes, además de bravo y certero con la espada. Todo esto que sugestiona a los públicos, es lo que suscitan el gran interés. Toreros de diversos estilos y personalidades, es el detalle de todo un mosaico de formas y matices.

Pero todo esto;y sin pretensión de tener razón, simplemente como aficionado, desgraciadamente, hoy la corrida se desenvuelve, en unos cánones que varían muy poco, la faena igual, la actitud uniforme y la suerte que cierra, un lamento de deformación. Hemos llegado al simple convencimiento, de ver torear bien, que el publico no se enfrié, no se desvié más de lo que esta, y esto pueda representar un peligro importante.

Fermín González- Salamancartvaldia.esblog taurinerias