Miércoles, 19 de septiembre de 2018

84

El próximo día 12 de julio, cumpliré (si Dios quiere) 84 años de edad… y llegados a este punto: Y… ¿ahora qué?.

Pues hombre; se podría decir eso tan socorrido, ¡Parece que fuera ayer! ¡Qué me quiten lo “bailao”! ¡Cada vez me queda menos! o… ¡No “semos” nadie!. ¡Anda que ya ha llovido! etc, etc.

Pero no; el tema es serio, algo a lo que Mari Loli añadiría como colofón, ¡Por Diosssss!. Tan serio, que llegados a esta edad hay que preguntarse: ¿Cuándo empieza la vejez? Y tal vez llegando más lejos, preguntar como yo hice tantas veces a los entrevistados de avanzada edad, en Prensa, Radio y Televisión: ¿Le molesta envejecer?. Y donde tuve contestaciones sorprendentes.

Ya escribí en otro artículo que: “La culpa de este envejecimiento lo tienen los—Telómeros--, ¡Qué ca……! Nuestras células no cesan de renovarse. Con cada división se produce un acortamiento en los extremos protectores o—Telómeros—del cromosoma. Cuantas más divisiones, más cortos los—Telómeros—y desgraciadamente, más viejas las células” Pues qué bien.

Hace unos días leí en algún medio escrito algo que coincidió con lo que yo pensaba. Era una pregunta al respecto de lo que hoy escribo: ¿Cuándo empieza la vejez? Un tema difícil de contestar, pues: “El envejecimiento se produce de forma paulatina, de ahí la dificultad de asignarla un límite inaugural. Un ciudadano es declarado adulto a efectos legales al cumplir los dieciocho años. No existe en cambio, Ley ni acuerdo que determine a qué hora, en qué momento preciso una persona ha entrado en la vejez”.

Un buen amigo mío de ideas claras decía al respecto: “Llegar a la vejez no tiene ningún misterio, se llega y ya está” ¡Y mucho antes de lo esperado! Más positivo fue quien aseveró: “Me estoy preparando mentalmente para esta fase de la vida que desde el nacimiento nos parece tan lejana y… ¡ya está ahí!

Y cuando volvió a ser preguntado: ¿Cuál fue para usted el mayor trauma tenido en su larga singladura?—contestó—“Pues, sin duda alguna; una muerte inesperada, un accidente, una enfermedad en familiares y amigos, que es ello tan brutal que desvía nuestra trayectoria vital para siempre”. Que tal vez se pueda superar con el tiempo; pero sin duda, ya nunca seremos los mismos.

Personalmente, esta afirmación anterior me afecta enormemente y comprendo en absoluto su verdad doliente. Al mismo tiempo, que ello me permite poder hablar de mis propios sentimientos y también de los recuerdos; qué serán más, por tener más años.

Y cambiando de tema, haciéndolo más festivo, pero sin perder de vista el “asunto” que hoy nos ocupa, tengo que escribir; para quien está leyendo este artículo y tienen la edad adecuada para lo que digo les “convenga”, que: “Quien tenga ahora 40 de edad  podrán llegar con su vida hasta los 95”… (Por mi parte pienso, que se encontrarán entonces con un “cacao” de tráfico impresionante, también de vehículos, pero sobretodo de—Inteligencias Artificiales, Robots y Posverdad… ¡muchas Posverdad!).

Hace poco tiempo en la Tertulia—Cultural Gastronómica—de “Los Magníficos”, que tenemos mensualmente, uno de los componentes Nicolás Martín Franco-“Nico”, que también va para mayor, y que sabe mucho pues estudió en colegios católicos, apostólicos y romanos ¡San José, Ave María y Sagrado Corazón!... aseveraba al preguntarme interesado: Tú Anselmo, que has plantado muchos árboles, escrito varios libros, tenido hijos y montado en globo… a tus 84 años de edad… ¿Qué te queda por hacer?

Respuesta: Nico, amigo, ¡me queda mucho!, para poder corregir errores, que los hubo. Y no esperes que te diga como colofón a las bondades que antes me atribuías, que ahora te diga que “me siento pleno, como un chaval de 30 años, pues mentiría… y además la inefable Mari Loli, no me lo permitiría “soltándome” su ya clásico… Por Diossss. Ya estoy simplemente, resistiendo y “haciendo kilómetros” a diario, para mantenerme en forma.  Siendo consciente de mis muchas limitaciones y sabiendo que lo tengo difícil cada día. Pero, como bien decía mi amigo Millán Sagrado, que fue picador de toros, desde aquel callejón de la Plaza de toros de Zaragoza, tumbado en el duro suelo donde un morlaco le había lanzado: “Le cogí bien, pero al llegar a la barrera el caballo hizo tope”. Entonces el toro metió la cabeza por debajo del peto y el caballo y yo fuimos a parar al callejón. Sufría Millán un porrazo tremendo y fractura de cadera, pero entre dolores solamente musitaba… ¡Hoy no triunfo… hoy va ser que no!. Lo de Millán se arregló en un par de meses. Ya ves Nico, el llegar a la vejez ya no tiene recuperación... ¡ajo y agua!

Te recuerdo también; que tengo una biznieta, LOLA. Ella es ÉL FUTURO (¡Cuantas posverdades, Inteligencias y Robots conocerá; también otros Presidentes del Gobierno de España!). Y que en el año 2015 “cumplí” las –Bodas de Oro-, que continuo cazando, pues la caza deportiva fue siempre para mi, más que un deporte un algo ¡más importante y profundo!, que una vez mis tíos Tomás y Patro, cuando era un bebe, me dejaron “abandonado” en el Parque de la Alamedilla, al huir de un tiroteo entre “los unos” y “los otros”… era el año de 1936…

Sí, ya lo sé…soy un pesado. Pero esta vez cumplo 84 años de edad el 12 de julio, yo ya soy—Él PASADO-- y creo tener licencia para tener estos recuerdos. Pues, por Ley de Vida, me queda poco tiempo para seguir manteniéndolos… Y, ahí lo dejo.