Martes, 18 de septiembre de 2018

Querías lo que no es, despreciabas lo que es...

Goethe afirmaba que “el alma del hombre es como el agua; viene del cielo, se eleva hacia el cielo, y vuelve después a la tierra en un eterno ciclo”. Afirmación para un verdadero cristiano católico muy cuestionable. Algunos parece que tienen la sensación de que su vida, tal como la viven, no es más que una historia, sin principio ni final.

Muy propio del laicismo impuesto que banaliza la diferencia entre el bien y el mal, haciendo de su vida una goma adaptable a sus vicios y necesidades. Son esas personas que se sienten como un fragmento histórico, un paisaje aislado, al que no precede ni sigue ningún texto, pueden imaginar incluso que han vivido en siglos anteriores, porque es guay, y se hacen preguntas, siempre fuera de contexto, que todavía no son capaces de responder. Incluso creen que volverán a nacer para cumplir la tarea que tenían asignada.

Conocido es que el idiota es inteligente, pero con frecuencia manda a la inteligencia de vacaciones, y parece que siempre que hablamos con éste es durante sus fiestas. También se sabe que el plagiador es rico en citas, pero cita fragmentos tan conocidos que encima no estima necesario decir el nombre del autor. Los mentirosos tienen tanta fantasía que no tienen necesidad de que las cosas sean ciertas para explicarlas. Para el mentiroso sistemático tener imaginación es un derecho pero pretender que los demás sean crédulos es un abuso.

Parece que nos toca ahora asistir y aguantar a más de un mentiroso que intenta que seamos más crédulos de lo normal. En 2002, el ya expresidente Rodríguez, en el prólogo a que hizo a un libro de Jordi Sevilla, De nuevo el socialismo, afirmaba que: “en política no sirve la lógica... todo es posible y aceptable dado que carecemos de principios y de argumentos racionales que nos guien en la resolución de los problemas”...

A lo que estamos asistiendo cada día da que pensar. Se suceden las iniciativas que no tienen viso de salir adelante, pero cada día nos inventan una para lavarnos el cerebro, y luego con la siguiente ya no sabemos si saldrá o no. Pero parece que hacen, y al final no hacen nada. Evitar peldaños a la ignorancia y a la vulgaridad nos ahorraría resbalar por toda la escalera. Nos otorgan distracciones que no hacen más que abrir las cataratas de los abusos irrevocables.

Cuando los individuos se aglomeran su nivel mental es tanto más bajo cuanto mayor es su número, muchos se engañan pensando que tienen ideas propias, pero no las tienen. “Querías lo que no es, despreciabas lo que es... la vida se deslizó entre tus dedos sin forma y desagradable”, nos dejo escrito Lucrecio en De Rerum Natura, haciendo referencia a Epicureo. El ciudadano tiene responsabilidades por el hecho de serlo con su país, y con la defensa de sus instituciones, tradiciones e historia real, a su vez el Estado debe velar por lo moral y la dignidad de las personas, además de todo lo que significa y lleva implícito la defensa de la unidad de nuestro país.