Martes, 18 de septiembre de 2018

Pornografía, síntoma y problema

Un día sí y otro también nos asaltan noticias desconcertantes y alarmantes sobre relaciones sexuales violentas. El patrón sexual que esperábamos desterrar sigue presente entre nosotros. La Manada original la formaban hombres adultos, algunos representantes de las fuerzas de seguridad. La autodenominada Nueva Manada, una de las muchas noticias de cada día, un grupo de menores, chicos adolescentes que se sienten orgullosos de ser muy “hombres”.

Estos hechos nos plantean, también a usted, una pregunta: ¿cómo es posible que una conducta como la ocurrida en Pamplona, tan protestada en nuestras calles y plazas, sea tomada como ejemplo por unos adolescentes?, ¿cómo han interpretado esta conducta los padres, los educadores y la sociedad y cómo es posible que con tanta crítica e indignación esos hijos y escolares se sientan atraídos por cinco adultos que en 19 minutos tienen relaciones sexuales (¿?) con una chica de 18 años?

Algo grave está pasando en nuestras sociedades. Los gritos del feminismo y buena parte de la sociedad, ¿no son capaces de neutralizar otras influencias?

Hoy nos centramos en una causa, tal vez la más evidente: La pornografía, en internet y en numerosos medios de comunicación, es el síntoma y uno de los problemas. No lo es para adultos bien socializados, pero sí para las personas sin adecuada socialización ética, los hombres adultos y los menores que tienen factores de riesgo que les impulsan y se sienten atraídos por la violencia sexual. A estos grupos de hombres estas noticias les excitan e impulsan a imitar estas conductas, bien de forma individual o bien en grupo. Varones buscadores de sensaciones fuertes a los que el peligro que corren ellos mismos (violando las  leyes) y el sufrimiento de las victimas les atrae aun más que el propio placer sexual.

El patrón de este supuesto placer sexual es pornográfico, machista y escénico. Pornográfico por las conductas exigidas e impuestas (violación coital, anal y oral), machista (por el dominio del hombre sobre la mujer) y escénico (lo hacen para contárselo a sí mismos o contárselo entre ellos y grabarlo para los demás), de forma que lo excitante y objetivo fundamental es la propia escena (he sido o hemos sido capaces de hacer esto). “Esto me hace o nos hace más hombres”, podría ser su eslogan.

Pues bien, en esta sociedad de mercado, todo sirva con tal de tener clientes (televisiones y no pocos productos culturales usan la sexualidad  y  la  pornografía como un producto directo, o como mediador para vender cualquier cosa, y hacen un tratamiento morboso de estos sucesos, etc.).

En este contexto, la pornografía en internet, es un  síntoma y un problema. Incluso los menores acceden en unos segundos a internet por el móvil o el ordenador, convirtiéndola en la principal fuente de información-desinformación sexual. Un modelo biológico de descarga de la tensión sexual, coital masculino (en las relaciones hombre-mujer), sin comunicación, ternura ni afectos y escénico (se hace para ser filmado y vendido).  

¿Dónde están los modelos y las informaciones familiares, dónde la educación sexual en la escuela, cuándo los sanitarios se sentirán concernidos por estos asuntos, cuándo algún gobierno se tomará estos asuntos en serio y dejar de usarlos demagógicamente?

La respuesta está en el viento.