Martes, 18 de septiembre de 2018

Por Italia

 

Los poetas Antonino Caponnetto, Umberto Piersanti y A. P. Alencart, en Mantua (foto de Jacqueline Alencar)

La política, ah, la política… Mientras a mediados de mayo degustaba de buena parte del arte brotado del Renacimiento, visitando los palacios ducales de Mantua y Urbino, los periódicos y telediarios italianos no cesaban de informar de acuerdos y desacuerdos para formar gobierno entre la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas, más las dudas del presidente Mattarella sobre unos populistas con discursos antieuropeos o que pueden restringir derechos cívicos conseguidos en muchos lustros.

Uno no puede abstraerse por completo de ese magma que todo lo calcina: aunque uses el mando o pases deprisa las muchas páginas dedicadas a esos tejemanejes, lo cierto es que ahí sigue, empeorándolo todo.

Pero estaba por Italia por motivos poéticos y no políticos. Stefano Iori me había invitado a Mantua para leer mis versos en el Festival Internacional Tierra de Virgilio, que él coordina. También para presentar mi antología hispano-italiana ‘Para Después / Per il Domani’ que habían coeditado Betania (España) y Hebel (Chile).

Y si de Poesía se trataba, claro está que bullían en mi memoria la obra de los grandes autores italianos que me han nutrido desde hace lustros: de Horacio, Virgilio y Dante a Ungaretti, Montale y Alda Merini. Pero también recordaba algunos versos de mi amigo Beppe Costa, traducido por Stefania Di Leo. Costa, a quien conocí en un pueblo de Galilea, ha dejado Roma para afincarse en Cerdeña, mientras susurra para alguna amada: “…Palabras en poesía para taparte las espaldas/ palabras únicas inimitables/ palabras de amor/ quisiera dedicarte/ pero/ no soy Verlaine…”.

No pudimos vernos en esta mi primera visita a su patria, pero el abrazo se lo di al poeta Antonino Caponnetto, cuyos versos recordé mi última noche en Venecia: “Hoy tu cuenta del banco está seca y en números rojos/ y todos los objetivos/ ha invadido el miedo”. Como el cierto temor que impera en España, en la política que a diario nos instala en el hastío.

Jaqueline  Alencar y Alfredo Pérez Alencart, en Urbino (foto de Gianni Darconza)