Lunes, 24 de septiembre de 2018

Cartas de los lectores

El verano

Estos días del mes de julio, me viene un inmenso recuerdo de mi infancia y primera juventud. Se acentúa cuando piso la ciudad castellana que me vio nacer, esas enormes llanuras donde el viento forma olas como si fuera el mar de Castilla. Esa Peñaranda agrícola y laboriosa.

Mi recuerdo del verano empieza en la era, esos espacios verdes que rodeaban la ciudad (hasta que llego la maquinaria). Mi tiempo estaba en la trilla, días ardientes y fogosos. Todo empezaba con la siega uno de los trabajos más duros e inhumanos que se conocen, “la mina, la pesca”. No, la siega, hoy no podría existir. Y de ahí la mies a la era. Donde empezaban barios ritos, los haces se hacinaban como una torre de mies que encabezaba la era y cuya altura indicaba si había sido un buen año o no, tender la parva extendiendo la mies.

Era el tiempo de la trilla. Digno de ver, en día fuerte y caluroso en que la mies chascaba fácilmente, el espectáculo de las yuntas arrastrando el trillo y dando vueltas y vueltas sin parar hasta que el grano se desprendía de las espigas y las cañas quedaban convertidas en paja, aquel armónico ajetreo, aquella danza de los trillos, el difícil equilibrio de quienes los conducíamos, el variado vocerío como si fuera un cante chico, para animar a las yuntas, todo esto formaba parte de un pintoresco espectáculo.

Y después de la trilla, recogerla, amontonarla, aventarla y cribarla. Para culminar el año agrícola. En el mes de julio solo dos días de fiesta el 18 y el 25, como siempre se alargaba hasta agosto también el 15. ¡Los domingos a trillar!

Aquellos viejos trillos artesanos, que tanto pise, con sierras de piedra cortante, hoy son objetos de culto como residuos de un tiempo pasado que no volverá. Esta tarea agrícola de la trilla, tiene algunos de sus términos,--trilla, hacinar, cribar, amontonar—se siguen usando hoy en la ciudad sin conocer su procedencia. Un rico lenguaje del mundo rural, pero que está a punto de perderse. La prueba del final de una época, son las eras abandonadas…

                                                                                    Máximo de la Peña Bermejo