Domingo, 23 de septiembre de 2018
Alfoz al día

‘Teresa, la jardinera de la luz’ despide junio en Doñinos de Salamanca

Representación a cargo del grupo teatral Lazarillo de Tormes
Representación del grupo Lazarillo de Tormes

Último día del mes de junio que “Teresa, la jardinera de la luz” despide en Doñinos de Salamanca. A pesar de estar tan cercano a la capital, ha tardado tres años en conocer este tan famoso montaje en nuestra provincia, y fuera de ella. Sin embargo este año la Diputación va a facilitar a cualquier localidad que lo desee que ‘Lazarillo de Tormes’ dé a conocer tan reconocido trabajo, no sólo por la novedad con la que se nos presenta la figura, femenina ante todo de Teresa de Jesús sino también por la entrega con la que los componentes del grupo teatral han hecho crecer su obra tan rica en elementos de toda índole.

Nacida con esfuerzo y prudencia, fue abriéndose paso desde su anonimato entre un paisaje teatral lleno de grupos consolidados cuyas creaciones apostaban por el triunfo. Como Doñinos de Salamanca que en sus orígenes era sólo una finca que hasta el siglo XVII no consolidara su entidad de municipio y dependía de los de alrededor, hasta convertirse en lo que hoy en día conocemos, “Teresa, la jardinera de la luz” ha ido cosechando éxitos por mérito propio, y sigue avanzando en su camino, sin dejar de sorprender representación a representación, pues siendo la misma obra, cada día parece ser única, distinta, como lo era la figura en torno a la cual se desarrolla esta original puesta en escena.

Doñinos de Salamanca ha sabido aprovechar todo lo que su entorno le ofrecía para crecer y progresar, mejorando día a día la vida de sus vecinos. Rodeado de una geografía plana con apenas leves ondulaciones, provee al caminante de buenas sendas para pasear entre encinas. A su tradicional agricultura de secano ha añadido cultivos de regadío que dotan al paisaje de un nuevo colorido. La Ribera del Valmuza es un espacio natural tan rico como lo son las ruinas romanas que próximas a ella, conservan restos de gran belleza, catalogados Bien de Interés Cultural que nos acercan la Historia y atraen a propios y extraños. Su Museo del Hormigón que alberga la obra del no menos original escultor salmantino, Ángel Mateos que trabajó como nadie este material, llena de orgullo a este pueblo que ha sido el elegido para su ubicación. Diversidad de factores y elementos que las gentes de esta localidad han sabido aprovechar y disfrutar para el crecimiento común.

Con la ilusión de hallarse ante un buen trabajo y la seguridad de que llegaría a todos los que quisieran acercarse hasta su iglesia de santo Domingo de Guzmán, Doñinos recibió a “Teresa, la jardinera de la luz”. Y le ofreció como escenario el altar mayor, no hace mucho decorado con el retablo barroco traído de una ermita en ruinas y que se iba a desechar.

Ha sido el pueblo el que ha encargado su restauración a la Fundación de las Edades del Hombre, que ha realizado una magnífica labor para adecuar esta obra a la iglesia que la recibía, para que se produjera la simbiosis oportuna como así ha sido. Escenario pertinente, como los de todos los altares de las iglesias en las que ‘Lazarillo de Tormes’ ha representado su montaje, y que como bien sabemos es el espacio natural que la obra requiere. Recordándonos así cuáles fueron los orígenes de nuestro teatro medieval que naciera en templos sagrados, y con un guión capaz de aunar lo humano y lo divino, se produce también una simbiosis entre personajes y espectadores que hace del momento escénico algo mágico de lo que éstos llegan a formar parte.

La historia de la carmelita del XVI se nos cuenta con la cercanía con la que este grupo de actores la han interiorizado, y con la simplicidad con la que se relataría la vida de cualquier persona que nos es querida, máxime si sobre ella recaen injurias tan inmerecidas como falsas. La sencillez de las respuestas de las hermanas que van “in crescendo” a lo largo de la obra, las duras acusaciones del padre inquisidor que dirige el interrogatorio sobre Teresa, y la música y canciones renacentistas que acompañan el proceso, se adornan tan sólo con unos hábitos propios de aquel siglo, un púlpito de iglesia y la réplica exacta del órgano del maestro Salinas.

Lo demás es una sublime interpretación de unos actores que además del material escénico nos regalan el suyo propio, humano y profesional. Los caminos de Teresa se acercaron a Doñinos al que también lo hizo público salmantino, ya que la buena comunicación mediante línea de autobuses metropolitana es posible, y juntos volvieron a aplaudir una “Teresa, la jardinera de la luz” que si de algo sabe es de caminos y entendimiento.

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