Martes, 18 de septiembre de 2018

¡UNA DECENA!

Llevamos juntos diez semanas. Parece que fue ayer cuando me asomaba a tu ventana digital y ya hemos caminado un pequeño recorrido. Entre medias de tu vida, de vuestras vidas, va apareciendo aquello que no me deja dormir o que me hace soñar (Insomnios y sueños). Aquello en lo que podemos estar de acuerdo o sobre lo que podemos discrepar. Y siempre intentando poner una brizna de esperanza.

Hoy volvía a casa pensando precisamente en eso… En que el tiempo corre veloz, en que ya cumplimos una decena, y en que debíamos celebrarlo de una manera especial. Se me ocurría que una buena forma podría ser esta: buscar un espacio para parar el reloj, respirar, reflexionar… y recopilar cuáles han sido mis sensaciones durante estas semanas.

Al principio, me inundaba una alegría enorme por poder escribir en este espacio que tanto sigo, en esta “Plaza Mayor” de nuestra Salamanca en que se convierte este diario con tantos redactores y colaboradores ajetreados intentando captar la mejor instantánea, ofrecer el mejor reportaje, la mejor entrevista, la más reciente noticia, el mejor artículo…Parecía que me habían puesto muelles en los zapatos: ¡iba por la calle como flotando! También, no voy a negarlo, se siente responsabilidad para intentar estar a la altura de esta oportunidad que dieron a dos artículos que envié con un seudónimo a un director a quien aún no tengo el gusto de conocer.

Sólo personas muy allegadas sabían de mi afición por la escritura. Una afición que me acompaña desde niña y que siempre ha sido una necesidad interior. Pero otros quehaceres e intereses han ocupado este tiempo, y ahora es el momento de recuperar este sueño en sepia. Así que escribir se vuelve mi oficio. Cuando ha aparecido el primer artículo se ha organizado un gran revuelo: sin duda ha sido una sorpresa incluso entre mi familia, porque nadie sabía nada de este intento. Y cuando han continuado los siguientes, ha sido increíble recibir tantos buenos comentarios de amigos y conocidos.

A veces se hace raro que te lean personas a las que no conoces. Da cierto pudor. Pero a la vez, quieres compartir tus sensaciones y estás deseando saber quién te lee, por qué te leen, cómo se recibe lo que tú escribes, si llega con tanta intensidad y tantos sentimientos como tú sientes y a la vez intentas hacer sentir…Te preguntas si, realmente, dispones de ese interruptor que enciende algo en quien te lee, aquello que tu quisiste una tarde o una madrugada desde tu teclado que otros sintieran porque tú estabas feliz o inmensamente triste, porque esta noticia te emocionaba o aquella te hacía estremecer de profundo dolor. Ser capaz de hacer el milagro que hacen los grandes escritores a quienes tanto admiras: capacidad de sentir, y de hacer sentir. El tiempo y el trabajo duro dirá si estamos tocados con esa varita mágica.

Me llegan informaciones de que la columna está teniendo desde el primer momento muy buena acogida, de que los comentarios son muy positivos y muy halagadores, de que al otro lado de la pantalla hay mil ojos que me leen y cientos de corazones que sienten lo que escribo, y junto a ese vértigo que da todo lo que tiene tanta espuma hay sobre todo muchísima gratitud por mi parte a cada una de las personas que me seguís. La enorme ilusión que tuve desde el inicio se acrecienta ahora al sentirme tan acompañada.

Espero que siempre haya mucha tinta en el tintero, que las pulsaciones de mi ordenador se acompasen a las de vuestros corazones, que se resuelvan todos los insomnios y tengamos muchos sueños, y que como yo, podáis ser muy felices con aquello que hacéis. Os aseguro que soy una persona muy fiel a mis compromisos y que intentaré dar siempre lo mejor que yo sea capaz.

Millones de gracias por estar ahí, y por leerme “con atención”, como decís a menudo.

¡Hasta que cumplamos la veintena!