Sábado, 17 de agosto de 2019

El efecto Aquarios

La acogida por parte de España de los 629 inmigrantes rescatados por el Aquarius al llegar al puerto de Valencia, tras la negativa de Italia a recibirlos, ha supuesto una llamada de atención a la política migratoria de la UE y un recordatorio de los valores que impulsaron su nacimiento y los compromisos adquiridos.

El presidente Sánchez estaba muy lejos de sospechar que su primera medida de impacto internacional iba a estar relacionada con la crisis de los refugiados. Para los ciudadanos también ha sido una sorpresa que la medida haya situado a España como todo un ejemplo de buen hacer ante este drama. Podríamos afirmar que los medios de comunicación internacionales nos han tratado por primera vez más como europeos que como españoles, aunque hay que aclarar que en esta materia la mayoría de los países poco ejemplo nos dan, por no decir que más bien nos dan razones para sentir vergüenza.

“Esto es un hecho histórico por la explosión social que estamos viendo, y que no se ha hecho en ningún lugar del mundo. Es un toque de atención para Europa y el mundo. Tenemos capacidad para atenderles. Ojalá se produzca un efecto llamada”, aseguraba el Padre Ángel, (fundador y presidente de la ONG Mensajeros de la Paz), tras la llegada de los inmigrantes.

Pero sin restarle ni un punto de importancia a la actuación del Ejecutivo, cabe preguntarnos hasta qué punto esta repentina imagen de solidaridad mostrada por todas las administraciones se corresponde con la realidad de sus políticas de asilo. De hecho, no hay que olvidarlo, la acogida de los inmigrantes del Aquarius es una excepción de la regla practicada hasta ahora.

Tanto antes de la llegada del Aquarios como después, siguen llegando a nuestras costas cientos y cientos de inmigrantes que no siempre son bien recibidos, bien informados, bien atendidos, y la mayoría de las solicitudes de asilo son rechazadas. Hay que destacar que no pocos de los inmigrantes que consiguen salvar su vida y recibir atención es gracias al trabajo de voluntarios de asociaciones y ONG, no de las administraciones públicas, que generalmente se desviven por ponerles trabas.

Pero volviendo al punto de partida, podemos decir que la medida del presidente Sánchez ha conseguido sacarles los colores a sus colegas europeos, por lo que el presidente de la Comisión Europea se reúne en Bruselas con líderes de ocho Estados miembros, entre ellos España e Italia, con el fin de encontrar soluciones de cara al próximo Consejo Europeo de Ministros. Confiemos en que el remedio no sea peor que la enfermedad.