Domingo, 25 de agosto de 2019

Caminos del silencio

Maestro, ¿hay algo que pueda hacer para convertirme a mí mismo en Iluminado?

– Tanto como puedas hacer para que el sol salga por la mañana.

– Entonces, ¿de qué sirven los ejercicios espirituales que recomienda?

– Para asegurar que no estás dormido cuando el sol comienza a salir.

TONY DE MELLO

…no la puede aprender el ser humano mediante la huida, es decir, que exteriormente huya de las cosas y vaya al desierto; al contrario, él debe aprender [a tener] un desierto interior dondequiera y con quienquiera que esté. Debe aprender a penetrar a través de las cosas y a aprehender a su Dios ahí dentro, y a ser capaz de imprimir su imagen [la de Dios] en su fuero íntimo, vigorosamente, de manera esencial…

MAESTRO ECKHART

Las cuestiones del hombre y las cuestiones de Dios han estado muy unidas a lo largo de la historia. El deseo de Dios está escrito en el corazón del hombre, que es como decir en la totalidad de su ser. A pesar que vivimos un eclipse de Dios en nuestras sociedades postmodernas y tecnificadas, la búsqueda espiritual ha ido creciendo en los últimos tiempos. Más allá de lo religioso y doctrinal, hay un anhelo del ser humano de traspasar los límites de su yo individual y, transcender hacia aquello que le es propio, como la estética o la ética, la espiritualidad forma parte de su propio ser.

Más allá de las espiritualidades difusas, el hombre es un ser religioso y, más allá del ocultamiento de lo divino, la búsqueda de esa realidad última y misteriosa se hace hoy más necesaria. Dios siempre es una cuestión pendiente, bien sea desde el pensamiento o bien desde la fe. Posiblemente en nuestra modernidad la palabra Dios yace en el polvo de la existencia, pisoteada por el peso de tantas discusiones, distorsionada por el pensamiento y por las religiones. Pero no por ello el hombre moderno se resigna a no buscar el misterio último de su existencia, no es indiferente a la existencia de Dios, aunque sea de forma difusa y casi silente, como en una noche oscura.

Queremos subrayar el camino del silencio, que es en realidad el del buscador de Dios, que busca alcanzar el misterio con el doble trabajo de vaciamiento y purificación. El místico deja atrás codicias y objetivos, ruidos que impiden abandonarse al Silencio. Más allá del ego, en la vasta llanura de su ser desde la profundidad del silencio, el místico atisba ese gran Silencio, sintiendo que existió desde siempre. En esa hondura interior se hace digno destinatario de la presencia de Dios, misterio que nos habita donándose sin límites, “Dios crea al hombre como el mar la playa: retirándose” (Hölderlin).

Muchos pensadores modernos se han sentido interesados por esa realidad del misticismo, está presente en el trabajo de Witgenstein, Edmund Husserl, Teilhard de Chardin María Zambrano, Edith Stein, Levinas, incluso en autores actuales como Michel Henri y G. Agamben. Han desplegado un discurso existencial, entendiéndolo como un tipo de abandono, una autobiografía o incluso una forma de poesía. Muchos de ellos, bebieron del camino abierto por el Maestro Eckhart (1260-1327), ya que recorrió el doble camino de la fe y la razón en un camino interior de disolución de uno mismo para llegar a ese gran Silencio. Comentaba el maestro que mediante el conocimiento acojo a Dios dentro de mí; [y] mediante el amor me adentro en Dios”.

Nace en torno a 1260 en Turingia, se hace fraile dominico,  estudiará artes en París conociendo de cerca a sus maestros Alberto Magno y Tomás de Aquino. Ocupará cargos importantes en la orden dominica, prior, fundador de conventos, vicario, filósofo, místico, maestro en Teología. Reivindicó la prioridad del entender y la idea sobre el ser y como buen neoplatónico separó la causa de lo causado, por lo tanto, no se puede identificar a Dios con el ser. Frente a la única realidad que es Dios, sostenidos por el Entender (Dios) se recortan los seres creados, limitados, determinados en la pura indeterminación del ser (Dios relacional que enteramente se piensa a sí mismo).

Para Eckhart, lo real es pura nihilidad o privación del ser frente al ser puro que es Dios. Así estamos constitutivamente atravesados por la nada. Se trata entonces de practicar un absoluto desasimiento, de la voluntad de nuestro cuerpo, de nuestros vicios, de nuestras virtudes, para encontrar la infinitud que nos habita y nos excede. Para dejar sitio a Dios el yo debe borrarse y desaparecer. El alma debe vaciarse incluso de las imágenes de la divinidad hasta desnudarse a sí misma para alcanzar a Dios. La ascesis del cuerpo y del espíritu es necesaria para alcanzar el conocimiento de Dios, para ello hay que viajar hasta el fondo más profundo de nuestra alma.

Ese abrirse camino hacia lo absoluto del Maestro Eckhart, ha fascinado siempre a los grandes pensadores. Ese abandono, ese desasimiento o epojé, donde uno mismo, el mundo y Dios tienen que ser abandonados para llegar a lo indecible y a Dios mismo. Son las tres muertes que nos habla Eckhart: La del espíritu, la muerte en el alma de la idea divina, la tercera cuando el alma es privada de todo ser. Cuando el alma haya muerto a todo efecto divino, es cuando queda enterrada en Dios mismo.

Este camino de la mística está abierto a todos, no está reservada a una élite intelectual y religiosa, sino a todos los que quieran utilizar, aunque pobremente su inteligencia y sus sentidos. Solo hay que buscar a Dios en nuestro interior, para ello es fundamental nadar en el silencio. Si amas la verdad, sé amante del silencio. El silencio te ayuda a unirte con propio Dios. No es fácil el silencio en nuestro mundo lleno de ruidos, incluso hay que violentarse a uno mismo para hacer silencio, pero solo en el silencio abre esa luz inefable que llamaos Misterio.

Pintura del fraile dominico coreano Kim En Joong