Viernes, 17 de agosto de 2018

El Joven Profesor

No sé si porque los homenajes en la Biblioteca Nacional de España son así de austeros o porque se ha realizado de manera improvisada, después de ver la muestra sobre el intelectual y querido alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, nos quedamos un poco desangelados.

 

A modo de exposición por el centenario de su nacimiento, la visita presumía del atractivo lema “El optimista histórico”, y fuimos equivocados al confiar en la gran Biblioteca, ya que por ser la Nacional pensamos que las exposiciones eran mucho más grandilocuentes que lo allí expuesto: la mera presentación de portadas de libros escritos por el alcalde, cuatro fotografías en blanco y negro y anversos de estudios de diversos autores sobre su figura.

Por supuesto, nadie se arrepiente de ir a lugar tan destacado, pues justamente en la sala del homenajeado y en la continua se encuentran algunos retratos de los distintos ganadores de los Premios Cervantes desde su institución, aparte de poder hacer un recorrido para admirar códices u otras curiosidades de nuestro Patrimonio.

Pero creemos que esta no es la exposición que se merece el mejor alcalde de Madrid del siglo XX. Qué menos que encontrar allí algún libro abierto, sus gafas, su escritorio, quizá alguna foto familiar o de recibimiento de mandatarios, el acto de inauguración del saneamiento de aguas residuales -con la anécdota de la viabilidad de sobrevivir patos y carpas en el Manzanares-, exponer algunos de sus famosos bandos cargados de ironía, etc. La petición queda hecha con este escrito y pasemos a hablar del insigne profesor y alcalde.

No somos ajenos a las equivocaciones que tuvo don Enrique, como todo ser humano, pero tampoco somos ajenos al conocimiento de los muchos detractores que solo se fijaban en éstas, aunque fueron bastantes más quienes le admiraron y confiaron en su honestidad y carácter bondadoso.

Para los jóvenes de hoy, que no lo conocieron en su actividad diaria, puede parecer anacrónico ver en él -señor de aspecto hierático, planta de erudito y que nunca se bajó de una corbata- un señor que conectó a la perfección con niños, adultos, mayores, o jóvenes roqueros de la entonces vanguardista “movida madrileña”.

Son muchísimas las anécdotas que se podrían contar sobre él por su astucia, ironía y buen humor con los que atajaba los problemas. Quizá por ese carácter se hizo acreedor de una leyenda de la que se escribieron muchos artículos y algún que otro libro sobre su faceta más personal, como fue “La verdad sobre Tierno Galván” del recientemente desaparecido escritor César Alonso de los Ríos, quien dio mucha importancia a distintas ambigüedades con las que tuvo que lidiar don Enrique para que no siguieran el rastro de sus orígenes.

Enrique Tierno, como muchos, tuvo que disfrazar su biografía, que fue un hecho no tan extraño después de la guerra, y, por tanto, aunque nace en Madrid, durante mucho tiempo, según César Alonso, había afirmado haber nacido en Soria, aparte de otros renuncios más bien secundarios en los que cayó y se cuentan en esa biografía, para la que dicho autor debería haber encontrado un título mejor que “La verdad sobre Tierno Galván”, quizá “La necesidad…”.

Pero una gran verdad fue el vínculo que don Enrique Tierno tuvo con nuestra ciudad salmantina, de la que fue catedrático de Derecho Político a los 35 años, y aquí nació aquel apelativo de “Viejo Profesor”, un sobrenombre que al parecer se lo puso Raúl Morodo por dar la impresión de tener 35 y representar 50. Pero por sus actos siempre fue un “Joven Profesor”.

De aquella cátedra y de la Universidad española en general fue expulsado a perpetuidad en el año 1965 por apoyar protestas estudiantiles, pero ya para entonces era un consumado símbolo del antifranquismo y de la izquierda no comunista, por lo que, conocido internacionalmente, contó con apoyos para dar clases en las universidades de Princeton (EE.UU.) y Puerto Rico. Y en 1976, con la transición y el advenimiento de la democracia, fue repuesto en la cátedra de nuestra Universidad.

Hoy sería un buen modelo para Sánchez, pues Tierno Galván entró en el Ayuntamiento de Madrid en 1979 en minoría, gobernando con el apoyo del Partido Comunista, y en 1983 renovó la Alcaldía con mayoría y siendo respetado por todos los grupos.

En aquellas elecciones del 83 tuvo como líderes opositores a Jorge Verstrynge, Antonio Garrigues, Adolfo Pastor y Rosa Posada. Del respeto a Enrique Tierno, bien puede dar muestra una encuesta-pregunta en un diario de la época a todos los líderes reseñados anteriormente, en la que se les pedía “qué salvarían de Madrid en caso de una catástrofe”.

Todos los contendientes estuvieron expectantes en conocer lo que diría el alcalde en funciones, señor Tierno, y dado que fue individual, no un debate, enterados de que el alcalde no “salvaría ningún monumento, puesto que de todos había copia y podían ser reconstruidos, él salvaría a las personas, los vecinos y, en especial, a los niños”, y casi todos los demás dijeron lo mismo, pero la anécdota correspondió al señor Verstrynge -de AP entonces-, pues si al final coincidió con las respuestas de los demás, antes argumentó con ironía que “si Tierno había dicho que quería salvar al pueblo, ellos habían pensado que querían salvar al señor Tierno”.

Fue un gran alcalde y, con perdón, un “viejo zorro” en defensa de los intereses de Madrid. Así lo demostraron todos los madrileños acudiendo en masa a su entierro. Hoy, en la capital madrileña se le recuerda con cariño y con un gran parque, y en Salamanca, en Santa Marta de Tormes, existe la Asociación Cultural Tierno Galván, que todos los años concede distintos galardones a asociaciones humanitarias, a la mujer salmantina y un premio de poesía el 14 de febrero.