Miércoles, 15 de agosto de 2018

COMULGAR CON CRISTO Y CON LOS HERMANOS

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Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:

            «Tomad, esto es mi cuerpo.»

            Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.    Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» (Mt 26, 26-27)

            Un feligrés solía ir en la víspera de una fiesta señalada a ver al párroco y le decía: Aquí vengo con mis dos botellas. --¡Es que, para mí, es un gran honor, una cosa muy grande! --dice-- Fíjese. Yo mismo planté un parra, en mi pequeña huerta. Yo mismo selecciono los racimos. Los someto, también yo, al prensado, en mi diminuta maquinaria casera. Sigo después la elaboración hasta conseguir un buen vino. Todo en mi casa, en mi barrio, con mis manos. Y, luego, le traigo estas dos botellas, para que Vd., en misa, haga la «otra» transformación.

            La fiesta del Corpus comenzó a celebrarse en Bélgica en 1246, y adquirió su mayor difusión pública dos siglos más tarde, en 1447, cuando el Papa Nicolás V recorrió procesionalmente con la Sagrada Forma las calles de Roma. Dos cosas pretende: fomentar la devoción a la Eucaristía y confesar públicamente la presencia real de Jesucristo en el pan y el vino

            A Dios lo podemos encontrar en cualquier lugar, en el hermano necesitado, en cada corazón, en la naturaleza, y por supuesto en la Eucaristía. Ya en el apócrifo Evangelio de Tomás se expone esta sentencia atribuida a Jesús: “Levanta una piedra: ahí está Dios. Parte un trozo de madera: ahí lo encontrarás. Templo de Dios es todo y lo es, sobre todo, cada persona. 

Ya en el siglo III los cristianos sirios afirmaban en la Didascalia Apostolorum que “las viudas, los huérfanos, los pobres y los ancianos son el único altar de Dios”.

            La celebración del Corpus tiene que servir para comprometerse a amar, a dar la vida. Es fácil lanzar flores a la custodia por la calle; lo difícil es tratar bien a las personas que nos encontramos por la calle. l celebrar la Eucaristía el riesgo siempre es el mismo: comulgar con Cristo en lo íntimo del corazón, sin preocuparnos de comulgar con los hermanos que sufren. Compartir el pan de la eucaristía e ignorar el hambre de millones de hermanos privados de pan, de justicia y de futuro.

            “Alrededor de la Mesa Eucarística se realiza y se manifiesta la armoniosa unidad de la Iglesia , misterio de comunión misionera, en la que todos se sienten hijos y hermanos” (Juan Pablo II )