Miércoles, 15 de agosto de 2018

La vida de un niño

Hace apenas unos días asistimos estupefactos en primera línea del televisor al rescate de un niño suspendido de la barandilla de un balcón, en la cuarta planta de un edificio, en París. Ver colgando al niño en el vacío pone la piel de gallina, atenaza los músculos del cuerpo. También los del corazón. Nos deja bloqueados y sin palabras… Quizás tan solo somos capaces de reaccionar echando nuestras manos a la boca para evitar un grito… Posiblemente, ni siquiera eso.

En frío, según pasan las horas, cuando nos recuperamos de la emoción que nos oprime y de la otra emoción, la que devuelve el aliento y el oxígeno a nuestros pulmones tras esos treinta segundos de parada circulatoria y respiratoria de nuestro organismo, nos cuestionamos la terrible pregunta de siempre: por qué un niño de tan solo cuatro años estaba solo en casa. Y no se encuentran respuestas. No soy yo quien juzgue a alguien que no debe ser juzgado por mí… sus razones habrá. Dicen los medios de comunicación que la madre vive fuera, y que el padre salió a hacer la compra, que se entretuvo jugando con la aplicación del móvil Pokemon Go antes de regresar a casa. Dicen, también, los medios, que en septiembre será juzgado por un tribunal de un delito de dejación de funciones por el que podría ser castigado hasta con dos años de cárcel. La justicia dirá.

La imagen que no deja de aparecer en mi mente es la escalada de ese chico que le salvó, 22 años, treinta segundos… No sé si en tan solo medio minuto cabe mayor grado de generosidad. Algo automático, una decisión instantánea, que no da lugar a reflexión ni a valoración de pros y contras, hace que una persona sea impulsada como un resorte y comience una ascensión que le podría haber llevado a la muerte. Él dice que a medida que subía tenía más fuerza. Seguramente fue muy consciente de que cada segundo era de una importancia vital para salvarle. Cuando Macron le preguntaba por qué lo había hecho, Mamoudou Gassama respondió: “Porque era un niño. Sólo hice lo que tenía que hacer”.

Alguien, que se jugaba mucho por ser inmigrante sin papeles, puso su vida en riesgo por una idea muy clara: “Porque era un niño”. Gran sabio, este joven malinés, que encierra en una frase el enorme valor de la vida de un niño. Un niño con derecho a vivir, como todos los niños del mundo, a ser respetado, educado, protegido, cuidado, alimentado, amado. Un niño con derecho a “ser”. Un niño que requiere, como todos los niños, cordura de una sociedad que pone por encima de todo otras cuestiones sin reflexionar algo tan evidente: los niños son el futuro. Son el mayor bien de la humanidad. Y es deber de todos respetarles, amarles, educarles, protegerles, cuidarles…

Mi más sincera enhorabuena a este chico de corazón enorme. No sé cuál es su idioma, su religión, su cultura, sus tradiciones… Sé lo que más me interesa saber.  Que nos une a él una idea clara: La enorme importancia de la vida de un niño. Y por ello sigo dando las gracias.