Miércoles, 15 de agosto de 2018

Pim pam pum

 
Juego en que se procura derribar a pelotazos muñecos puestos en fila, es la definición que da el DRAE de la onomatopeya que da título a lo que viene. Lo dijo ayer Aitor Esteban, portavoz del PNV, en el Congreso para describir lo que estaba sucediendo: “Esto es un pim pam pum”. Pues eso. Y lo que viene es una reflexión, nada fácil, a bote pronto y quizás por eso mismo imprudente, sobre lo sucedido ayer, aunque todavía no se sepa lo que sucederá ya hoy, viernes, cuando esto se publique.
 
Me parece importante aclarar de antemano que es exagerado pensar que con el Sr. Sánchez viene no sé qué apocalipsis y/o tampoco sé qué paraíso; y lo otro vale también, que sin el Sr. Rajoy se nos va a no sé dónde el paraíso y/o se nos viene encima no sé qué apocalipsis. Creo que ni una cosa ni la otra y ninguna de las dos.
 
Y quiero referirme lo primero al espectáculo en sí. Quizás no soy buen testigo ni juez imparcial, porque el desarrollo en los pasos a los que asistí, a la vez interesado y molesto, me dieron la impresión de una pobre y deshonesta subasta, aunque con la enorme gravedad añadida de que detrás de muchas de las cosas dichas y propuestas quedan millones de españoles que en muchos detalles de su vida van a depender de lo que dicen y hagan estos señores. Pero ellos, tras sus votos, con su avaricia política, con sus amaños y engaños, con sus corrupciones antiguas o del día, con sus insultos y sus flores según interese… me parecen, y pido disculpa si suena fuerte, unos embaucadores, buscando votos y puntos con sus juegos de palabras y sus ofertas de mercadillo barato.
 
Y está también ese aire de telepredicadores, repartiendo bendiciones y maldiciones, consejos y avisos, ofertas y requiebros, condenas y abrazos. Y esto sin que duelan prendas ni pasos pasados. Ayer eran enemigos declarados y hoy van del brazo, anteayer acordando juntos con mutua fruición y hoy negándose el saludo y el voto, hace tres días te declaro enemigo público de la nación y ahora me ajunto contigo para lo que sea aunque todavía no lo sé. Y así hasta el infinito en un cruce de propósitos y despropósitos que están más cerca del caos que de la razón, más próximos a la avaricia electoral que al bien del pueblo español. 
 
Una vez más es como si la perdida razón produjera monstruos. Y una muy desagradable coincidencia casi general, no les interesaban ayer a los señores políticos una convocatoria de elecciones, que al fin y al cabo son casi la única forma de expresión que se le consiente a la gente como bloque; sólo les interesaba, y parece que así será si pueden, retrasarlas al máximo para cuando percibieran que la consulta popular pudiera traerles más ventajas. Todo por el pueblo, nada con el pueblo. Conmovedor.
 
Y en otra dirección, más allá de esta amarga y ácida reflexión y más al fondo del día de ayer y de hoy, quiero poner sobre la mesa otros sentimientos aunque tenga alguna dificultad para explicarme bien y no ser mal entendido.
 
Me refiero a cierta impresión de que a una España medio dormida y despistada, a una sociedad quieta y aquietada, a una Iglesia recogida y encogida, a unos ciudadanos sentados y asentados, a unas instituciones indolentes y durmientes… les/nos vendría no del todo mal una etapa difícil de cambio de prioridades políticas, de nuevas alianzas y de miradas especiales a grupos, vacíos, descuidos, injusticias y problemas muchas veces aludidos y otras tantas medio olvidados. Quizás ahora con otras sensibilidades a flor de piel política algo de eso sea menos difícil. No lo sé y en cierta medida me gustaría saberlo.
 
Por otro lado, y finalmente, a la altura de mis años que son muchos, me encuentro instalado algo a mi pesar en cierto desencanto, que no deja de ser casi feliz y del todo realista. También en el terreno social y político, por no entrar en otros terrenos de más compromiso personal. Y ese desencanto, que no llega a decepción siquiera y menos todavía a indiferencia o hastío, da un pequeño nivel de perspectiva para ver las cosas con algo de equilibrio personal y poniendo cierto acuerdo de paz, activa no indolente ni dormida, con lo que suceda.
 
Y al final, siendo injusto lo reconozco, me quedo pensando en lo que dijo el Sr Rajoy y que se puede aplicar a todos: “Vienen aquí y se inventan cualquier cosa”;  pero, acabando, como él mismo dijo de otros, ”nos los tendremos que comer con patatas”. Todo se verá.