Miércoles, 15 de agosto de 2018

Parva

Queridos amigos: PARVA para mí, es una palabra que en si misma contiene muchos significados: “Mies tendida en la era para trillarla”. “Montón y cantidad grande de una cosa”. “Amontonarla después de trillada para aventarla cuando hace viento a propósito”. “Salirse uno de la parva”. “Apartarse uno del asunto”…

Nada más publicarse el último artículo de-Reflexiones en voz Baja-, vía whatsApp recibí la contestación a la lectura del mismo, de un buen amigo, personalidad significada en distintos ámbitos y además gran persona-Francisco Blanco-Director del Instituto de las Identidades-Diputación de Salamanca-que trascribo: “Te veo muy sensible a la tecnología”. gracias y un abrazo.

Y yo a “bote pronto” le contesté: “No por mí… ¡qué me quiten lo “bailaó”!... es por lo aburrido e insoportable de lo “venidero”, para los que puedan vivirlo. Un abrazo.

Y que conste, que con lo dicho no quiero “salirme de la parva… apartándome del intento o del asunto”. ¡Ni mucho menos!. Por Diosssss diría nuestra inefable Mari Loli.

Tal vez, la contestación más adecuada hubiera sido decirle: No, no soy ni mucho menos insensible a las nuevas tecnologías pero continuo sosteniendo, que: “La vida junto a los robots sería insoportable, incomodo, molesto, enfadoso, insufrible e intolerable para mí y también, estoy seguro de ello, para Francisco Blanco pues ambos, sin “jactancia” ni “alabancia” hemos conocido una vida que nos ha revelado toda su belleza… Pues eso… Una PARVA, un montón grande de sentimientos.

Del buen hacer de Francisco Blanco soy deudor agradecido. Pues Prologó y Presentó, en el marco magnífico del Casino de Salamanca-Palacio de Figueroa- dos de mis libros-DESDE EL CAMPANARIO-reflexiones en voz baja-y-MAÑANA SERÁ OTRO DÍA-el señor Manuel y yo-. En ambos, como si fuera en la PARVA tuvo la habilidad de separar “el grano de la paja” con conocimiento, intuición y sabiduría, además de paciencia para mí satisfacción, cuando añadió: “Anselmo Santos gusta de la vida popular y en este libro su mirada poética y nostálgica escarba en la infrahistoria de la ciudad de Salamanca, de nuestros pueblos y nuestras gentes para dirigir nuestra mirada a costumbres y prácticas casi extintas para compartir con nosotros la añoranza de la siesta a la sombra del carro de labor, de los niños que sobrevivían en otro tiempo, sin echar en falta la Televisión que no conocían, de las puertas de las casas permanentemente abiertas, de la rústica pelliza, de las expresiones coloquiales y los refranes, del sonido de las dulzainas, de los adobes, de las fuentes, de los juegos populares, de las matanzas, del sonido de las campanas y su lenguaje, de las ferias de antaño, de los viejos oficios… formas de ser y estar en tierras de Salamanca.

Comprenderéis ahora el ¿Por qué? De mí satisfacción como –CONTADOR DE HISTORIAS HUMANAS-que “siempre” he querido ser; por estos Prólogos y Presentaciones de Francisco Blanco, pues esa –PARVA- de recuerdos y vivencias singulares ha sabido aventarlos con “vientos a propósito a la mies tendida en la era” ¡Gracias amigo!.

Hoy quiero dedicarle a Francisco Blanco una pequeña-Historia Humana-… “de las mías”, que en su momento tuvo para mí un hondo significado, lleno de connotaciones singulares, que se presta a que sea “más o menos creíble” a gusto del lector… Ustedes mismos.

Hace ya mucho tiempo, en una tarde de calma castellana a pesar de ser invierno, estando en la tranquilidad de la Parcela de Villaflores mí esposa, Alberto nuestro nieto de dos años y yo; ocurrió algo.

Nos acompañaba la fiel perra de caza “Canela” compañera inseparable de aventuras cinegéticas, que recientemente había tenido cachorros, varios, a los que alimentaba con paciencia infinita.

Fuera hacía frío, pero dentro del refugio y con la calefacción de tiempos de los romanos (llamada “gloria”) a “todo meter”, el suelo de la habitación desprendía un calor fuerte y agradable… ¡todo era paz y tranquilidad que se truncó cuando la abuela Pepi me dijo: no pierdas de vista al niño, que me voy a la cocina.

Llegados hasta aquí debo advertir que siempre mí esposa les decía a la familia y algunas amigas: Mí marido disfruta de su nieto y le encanta estar junto a él, pero hacerse cargo de su cuidado, es demasiada tarea. La aseveración me cabreaba pero, en el fuero interno comprendía que no la faltaba su razón. Así que me puse a la tarea de “vigilar con esmero”  pero tal vez por el calorcillo de la “gloria” o el orujo de postre en la comida, me fui amodorrando y me quedé “frito” en el sillón. Lo último que recuerdo es, la mirada por “el rabillo del ojo” que eche a Alberto, que  sobre la alfombra del caliente suelo… dormía plácidamente.

De repente desperté sobresaltado, cuando Pepi gritaba desesperada, ¿Dónde está Alberto? ¿Dónde está el niño?.Tras la dura confusión del momento, iniciamos la búsqueda, que la verdad no fue mucho. Pues detrás del viejo diván y fuertemente “agarrado” a las tetas de la perra “Canela” chupando con delectación ¡estaba Alberto!...

Ahora la gran preocupación de la abuela era: como le “sentaría” a nuestro nieto la leche ¡de perra!. Yo por el contrario (pasado el susto inicial) sólo pensaba en el compañero ideal para la caza, que iba a tener cuando él fuese mayor, pues como “saliera” a “Canela” ¡menudos vientos iba a tener para las perdices!

Epílogo-“Quién puede decir que: ¿compartir tiempo con los nietos no tenga beneficios?...

 

                                         Y… AHÍ LO DEJO