Miércoles, 15 de agosto de 2018

Orígenes del movimiento obrero en España (y IV)

Las espumas de hierro y el oleaje perturbador de la línea marxista o autoritaria de la AIT los trajo a España el médico y revolucionario francés Paul Lafargue, casado con una hija de Karl Marx, llamada Laura. Este socialismo científico se extendió por Bilbao, Asturias, Castilla-León y Extremadura. En Madrid establecieron la Asociación General del Arte de Imprimir integrada por tipógrafos y presidida por Pablo Iglesias. Tras la caída de la primera República y la ilegalización de las asociaciones obreras ordenada por el general Serrano, se abrió un desierto hasta 1879 cuando fundaron en la clandestinidad el Partido Socialista Obrero Español[1]. El órgano de difusión de su ideología fue el periódico El Socialista. En 1882 el PSOE celebró un congreso en Barcelona donde nació la Unión General de Trabajadores[2] –UGT- como rama sindical de los socialistas para su actuación en medios laborales. En la II Internacional, o Internacional Socialista, celebrada en París en el año 1889 para conmemorar el centenario de la revolución francesa, el PSOE, representado por Pablo Iglesias, tuvo un papel activo y destacado. La III Internacional o Internacional Comunista se celebró en Moscú en 1921. Convocada por Lenin y Trotsky después de la revolución de octubre del año diecisiete, sus “monaguillos”, para poder asistir, tenían que aceptar los veintiún puntos propuestos por el partido bolchevique de la URSS. Cuando el PSOE se negó, las juventudes socialistas se escindieron y fundaron el Partido Comunista Obrero Español que aceptó la imposición de los veintiún puntos y asistió a la Internacional Comunista. Este fue el origen del PCE.

El mismo año que se celebró en Londres la Primera Internacional, el papa Pío IX, desde el púlpito de su infabilidad condenó el fundamentalismo marxista y al anarquismo iconoclasta. Algunos años más tarde la Encíclica Rerum Novarum de León XIII estableció la doctrina social de la Iglesia, destacando la justicia social y cierta crítica a los excesos del capitalismo. El jesuita Antoni Vicent fundó los Círculos Católicos de Manresa como una organización sindical de origen cristiano comprometida socialmente. Obra que continuó el marqués de Comillas y que en el s. XX los jesuitas impulsaron en un movimiento cooperativista. También surgieron Círculos Católicos que pretendieron reunir en una misma organización a los obreros y a los patronos. Otros movimientos e instituciones de origen católico fueron la Confederación Nacional Católica Agraria de tipo mutualista y la Confederación Nacional de Sindicatos Católicos que defendían la familia, la religión y la propiedad privada con una función social. El sindicalismo católico fue tachado de amarillo por el color de la bandera del Vaticano y por sus supuestas actuaciones supeditadas a los intereses de la patronal y de la Iglesia.

 

[1] Además de definirse antimilitaristas y anticolonialistas, sus objetivos fueron luchar contra el capitalismo y los partidos burgueses de la Restauración, abolir las clases sociales, transformar la propiedad privada en colectiva, emancipar a los obreros y conquistar el poder para los trabajadores.

[2] Entre sus reivindicaciones estaban el Primero de mayo en recuerdo de los cinco obreros asesinados en Chicago, ocho horas de trabajo diario y una amplia legislación social.