Miércoles, 11 de diciembre de 2019

Juego sucio

Una de las cosas saludables que pretendía el llamado “Pacto de Toledo” en materia de pensiones era impedir que éstas fueran utilizadas por los políticos para comprar votos que obviamente no se habían ganado durante la legislatura. Todos los partidos se manifestaron a favor de la medida y ninguno se negó a firmar el acuerdo. Pero una vez más los hechos demuestran que tan cívico gesto no era otra cosa que el reconocimiento público de que manipular a los pensionistas con esta finalidad formaba parte de todas las campañas electorales.

Hoy por hoy nadie sabe si el presidente Rajoy tendrá que salir de la Moncloa por patas o por las urnas, pero nuestro “don Quijote”, que si de algo está sobrado es de optimismo, está convencido de que agotará la legislatura y ganará las próximas generales por mayoría, porque de aquí a dos años, gracias a sus tan cacareadas dotes de redentor, los entuertos económicos, políticos y sociales que recibió del gobierno anterior quedarán deshechos. De todos modos, para evitar que los pensionistas caigan en la trampa de creer a sus rivales, ha decidido adelantar la compra de votos, por lo que hace unos días, su ministra del ramo, les anunciaba una mini extraordinaria para el mes de julio, aunque eso sí, sin decir de dónde demonios iba a sacar el dinero. ¿Acaso dejan de actualizárselas ellos aunque sus ingresos cuenten con complementos para vivienda, transporte, desayunos de trabajo y vinos de “deshonor”?

No seré yo quien esté en contra de que nuestros pensionistas, sobre todo los de pensiones mínimas, vean subir sus pensiones cada año como ven subir los precios del supermercado, de la luz, del gas, del teléfono… pero para que no tengan que salir a la calle para exigir pensiones dignas tienen que subirse por ley que les garantice el derecho, no como una propina para conseguir votos que solo sirve para ponerlas en peligro, tanto las suyas como las de los que seremos mañana pensionistas.

Es verdad que ningún partido nos obliga a darles nuestro voto, que podemos ejercer este derecho con absoluta libertad, pero ellos saben que todavía somos bastante ingenuos, y cuando nos hablan de dar, corremos a poner la mano aunque sea un disgusto, por lo que manipularnos con promesas que no van a cumplir, con regalos que son derechos, con fiestas e invitaciones que pagan con nuestro dinero es un juego tan sucio que cada vez los hace más indignos de nuestro voto.

Esperemos, tanto si finalmente reciben esta mini extra como si no la reciben, que será lo más seguro,  que el número de pensionistas dispuestos a vendérselo vaya menguando por el bien de todos.