Miércoles, 21 de agosto de 2019

¿Quién da las cartas?

Hace ya tiempo leí que la vida es como un juego de carta y te tocan cartas buenas y cartas malas. En las mayoría de las ocasiones no tienes las cartas que te hubiese gustado, pero lo importante no es cuántas cartas tienes, ni que tan buenas sean en determinados momentos de la vida, lo importante es saber jugarlas.

La psicóloga Dolores Rizo en un artículo de 2015 decía: Siempre, en el juego y en la vida, cualquier decisión que tomamos influye a otras personas. En ocasiones, contar con otras personas y llegar a acuerdos con ellas para aunar esfuerzos, complementar trabajo y unir ilusiones, es una buena forma de conseguir el éxito en la partida[i]. Pero en el juego de la vida de nuestra civilización ¿quién reparte las cartas?

Según el Informe de Intermón/Oxfam 2018 ¿Realidad o ficción?[ii] 42 personas poseen actualmente la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad (3.700 millones de personas) y El 10% de los ciudadanos españoles más ricos concentra el 53,8% de la riqueza del país, mientras el 90% restante tiene el 46,2%.

Si acudimos a otras fuentes como el Informe Amnistía Internacional 2016/2017: La población civil sufrió graves abusos y violaciones de derechos humanos en los conflictos armados de África, especialmente en Camerún, Chad, Malí, Níger, Nigeria, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Somalia, Sudán y Sudán del Sur. La violencia sexual y de género fue generalizada, y se reclutó a menores, niños y niñas, como soldados.

Además, señala el informe que alrededor de 4,8 millones de personas huyeron de Siria entre 2011 y el final de 2016, entre ellas 200.000 convertidas en refugiadas durante 2016, según la agencia de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para los refugiados (ACNUR).

La misma ONU estima que 1 de cada 2 miembros de la minoría musulmana rohingya vive fuera de sus tierras de origen en el estado de Rakhine, al noroeste de Myanmar. Hablamos de cerca de 1 millón de personas desplazadas por la violencia, odio y discriminación que han sufrido en las últimas décadas en su país de origen, donde ni siquiera son considerados ciudadanos.

Hoy he querido recurrir a ciertas fuentes que cuentan con datos objetivos sobre la realidad y nos hacen llegar información que no solemos consultar en la vida ordinaria, tal vez porque ponen ante nuestros ojos situaciones de injusticia tan vergonzosas que nos incomodan y, como los compañeros de Odiseo - Ulises para otros - preferimos seguir comiendo flores de loto[iii], prolongando de este modo un estado de sopor semiconsciente que acalle las conciencias.

 ¿Qué cartas les han tocado a los millones de personas que día tras día ven violados su derecho a la vida, a la salud, a la educación, a la libertad, etc.? ¿Quién les ha dado las cartas a las 42 personas poseen actualmente la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad y quién a la otra mitad?

  • La vida es una partida, muchacho. La vida es una partida y hay que vivirla de acuerdo con las reglas del juego.
  • Sí, señor. Ya lo sé. Ya lo sé. Pero de partida ¡un cuerno!. Menuda partida. Si te toca del lado de los que cortan el bacalao, desde luego que es una partida, eso lo reconozco. Pero si te toca del otro lado, no veo dónde está la partida. En ninguna parte.

Se trata de uno de los interesantes pasajes de “El guardián entre el centeno”, novela publicada en 1951 por del escritor estadounidense J. D. Salinger. A la afirmación del anciano Sr.Spencer, replica cargado de razón el adolescente Holden Cauldfie: De partida ¿un cuerno!. Menuda partida. Está claro que a él no le ha tocado del lado de los que cortan el bacalao.

Al igual que el joven Caulfie podríamos preguntar en voz alta: ¿Quién decide las reglas del juego? ¿Quién es el crupier en esta partida? ¿Quién da las cartas?

 

[i] https://lamenteesmaravillosa.com/la-vida-es-como-un-juego/

[ii] Datos de 2017

[iii] Los lotófagos, los comedores de loto, no eran un pueblo hostil. Pero el problema era otro: los hombres, al participar de su banquete, al comer su planta, se olvidan de todo, pierden la memoria, se desentienden de su vida pasada. Cuando los emisarios regresan a la orilla, en donde los esperaba Ulises, se niegan a partir, sin poder explicarse. Su único deseo era permanecer allí, en aquella tierra, comiendo loto, sin preocuparse de sus familias que, desde hacía tanto tiempo, no tenían de ellos noticias.