Viernes, 17 de agosto de 2018
Las Arribes al día

Adiós amigo

El álamo centenario de Guadramiro ha muerto. Después de años luchando contra la enfermedad que sufren estos árboles, nos ha dicho adiós.

Este árbol centenario, en realidad es un “OLMO” (olmo común), como se le llama en castellano, o “NEGRILLO” como se le conoce en leonés. Seguramente por nuestra zona, les suene más familiar el nombre de “negrillo”.

 Lo curioso es que a éste, en concreto, siempre se le haya llamado “El Álamo”, que seguramente derive de “álamo negro” como también se le llama en algunos pueblos de nuestra zona.

Desde hace unos años este tipo de arboles se ven afectados por una enfermedad, LA GRAFIOSIS, provocada por un hongo (del género Ophiostoma), que está acabando con la totalidad de ellos, especialmente en Europa y Norteamérica.

El vector epidémico de la grafiosis son normalmente los escarabajos (del género Scolytus) transportando en su cuerpo esporas del hongo desde ejemplares de negrillo enfermos a ejemplares sanos. Este organismo ocupa los vasos del xilema y se extiende provocando que las hojas se marchiten y que el árbol se muera.

Se ha intentado combatir esta enfermedad sin resultados positivos hasta la actualidad, sin embargo se han utilizado estrategias para atenuar a la plaga.

Los jóvenes ejemplares crecen unos años sin problema, pero no muy tarde, todos acaban muriendo. Es casi imposible ver vivo a un ejemplar adulto de negrillo desde las dos o tres últimas décadas.

Nuestro querido centenario era casi un milagro. Muchos otros negrillos centenarios ya habían fallecido hace años como ocurrió con el famoso “Árbol Gordo” de Ciudad Rodrigo, otro en Cabeza del Caballo, etcétera.

Conviene recordar que los árboles centenarios sobreviven a los cambios del clima, al frío y a la sequía, cuando todos los árboles jóvenes sucumben. Vienen a ser, en definitiva, los padres de la mayoría de los árboles, hasta ser conocidos como autenticas “catedrales vivas”. Pero como todo ser vivo, están expuestos a enfermedades como la que ha matado a nuestro abuelo álamo.

Era uno de los símbolos de Guadramiro. Ubicado y presidiendo la plazoleta junto a la iglesia de esta vieja villa. En torno a él presumiblemente se celebraban antaño las reuniones del concejo abierto como venía siendo tradicional desde la Edad Media en el antiguo Reino de León así como en otras regiones de España como el País Vasco o Navarra, en que casi todos los pueblos poseían un árbol en torno al cual se reunía el pueblo para debatir los asuntos importantes y decidir sobre los mismos. Generalmente estos árboles míticos para la reunión del concejo solían ser bien álamos, bien robles aunque también había casos particulares en que eran de otra especie, siendo el árbol de reunión más famoso el de Guernica (Vizcaya).

Su edad seguramente sobrepase con facilidad los 5-6 siglos, si no es más. Una de sus referencias más antiguas es en las respuestas recogidas en el Catastro de Ensenada (1749) al delimitar ciertas casas de los marqueses que habitaban en Guadramiro, especificando que una de ellas estaba junto “al álamo de la iglesia”.

Los negrillos pueden alcanzar fácilmente más de 20 metros, incluso alcanzar los 30. El nuestro, antes de padecer sus últimos males imponía al visitante y al propio vecino de Guadramiro. Con su fuerza y entereza llegó a retar en altura a la propia torre; levantándose por encima de cualquier tejado de la localidad. Su fuerte sabia y sus altas ramas hacían que su poda fuera imprescindible cada cierto tiempo. Los mayores recuerdan que la mucha leña que producía se vendía y subastaba entre los vecinos. También destaca el gran diámetro de su tronco.

Por su posición, este centenario ha visto el bautizo de cada niño,
pero también ha visto dar el último adiós a multitud de personas. Ha acompañado en bodas, fiestas, procesiones, ofertorios… aportando su sombra siempre que era necesario.

Ha visto como los hijos de Guadramiro corrían a sus anchas por su entorno y entre sus brazos, sirviendo de diversión y juego, pues la oquedad de su tronco permite esconderse dentro. ¡Cuántos fueron los que picados por esa curiosidad se adentraron en esta autentica fábrica de oxigeno, el cual nos permite respirar a muchos seres vivos, generalmente mucho más ruidosos, más pretenciosos y más breves!

Testigo de infinidad de momentos y de momentos infinitos, de diversión, de mucha gaita y tamboril, de amoríos, de largas tardes de verano junto al salón de baile y los dos bares. Si pudiera hablar cuantas cosas nos contaría... Con él se va autentica historia de Guadramiro. Se fue el salón de baile y triste se nos ha marchado nuestro álamo después de una larga lucha.


Se va un emblema de los guadramirenses, ejemplo de ello, es que, nuestra revista local, desde hace 31 años, lleve su nombre. Esperemos lo lleve muchos y muchos años en su eterno recuerdo.

No muy tarde, sus viejos troncos, serán sustituidos por otro tipo de árbol, pues un negrillo volvería a padecer el mismo mal. Como ejemplo queda el árbol gordo de Ciudad Rodrigo, que en el año 2014 se sustituyó por un negrillo y volvió a morir. Posteriormente en 2016 decidieron trasplantar una encina de unos 60 años de edad en su lugar con una placa homenaje al “gordo”.

En Guadramiro planten el que planten, que me gustaría fuese autóctono de nuestra comarca, será bienvenido, aunque siempre será el lugar de nuestro álamo. Nunca te olvidaremos.

Albert Calderón Ramos

 

Querido ¡álamo viejo!
Que, doliente y malherido,
A pesar de tus achaques
aguantas firme y erguido.
 
Tu robusta fortaleza
Sobrevive a los vaivenes
Del tiempo, que hace su oficio
Y ha clareado tus sienes.
 
Eres símbolo perpetuo
Del pueblo de “Guadramiro”
Y delante de la iglesia
Siempre estás cuando te miro.
 
Bajo tus ramas frondosas
Nos acogiste de niños,
Y luego, de adolescentes
El amor nos hizo guiños.
 
Eres como un estandarte
Ondeando siempre al viento,
Mirando frente a la iglesia
Oras con recogimiento.
 
Cuando escuchas en la torre
Cómo tocan las campanas,
Contento tú le respondes
Zarandeando tus ramas.
 
 
Viejo árbol centenario
Donde los pájaros duermen,
Y tú le cantas la nana
Con un lenguaje que entienden.
 
Que los vientos no te dañen
Ni los rayos te derriben,
Que la gente de este pueblo
Siempre te cuide y mime.
 
Porque eres parte vital
Y un simbólico elemento,
Que, lo mismo que la iglesia
Eres también monumento.
 
Sigue dándonos cobijo
Como padre acogedor,
Que goza viendo a los hijos
Que están a su alrededor.
 
No te rindas todavía
Y no te des por vencido,
A pesar de que te encuentres
Tan maltrecho y malherido.
 
Que mientras corra en tus ramas
La savia que te da vida
Tú seguirás aguantando
Con la copa bien erguida.

 

 

Pepita Calles 2011