Miércoles, 15 de agosto de 2018
Alba de Tormes al día

Saber mirar

BUENAVISTA | El grupo ‘Lazarillo de Tormes’ realizó ayer sábado la 190ª representación de la obra ‘Teresa, la jardinera de la luz’

Uno de los momentos de la representación en la iglesia Nueva de Buenavista

Decía un afamado escritor francés que el gran descubrimiento no es encontrar nuevos paisajes, sino mirarlos con ojos nuevos. Durante muchos años, un pequeño pueblo cercano a Salamanca, fue llamado Pocilgas, quizá haciendo alusión a algo realmente relevante en su manera de subsistir. Siendo su modo de vida la agricultura y ganadería, buen homenaje se hace llamando al lugar donde habitas con un nombre que recuerda tu digna actividad para subsistir. Sin embargo el ser humano tiende a alejarse de lo que superficialmente le avergüenza al mismo tiempo que también lo hace con lo esencial en su vida. Quizá por eso, un día, alguien levantó los ojos de las tierras de labranza y se dio cuenta de que delante de Pocilgas, se extendía una inmensa llanura con la bella vista de Gredos nevada al fondo. Sin embargo eso no ha cambiado el modus vivendi de sus gentes ni su sencilla y acogedora forma de ser.

Llamado ahora Buenavista, se ubica un poco más allá del cruce de Cuatro Calzadas, tan cercano a nuestra ciudad, tan conocido por la calidad de sus ibéricos, y cuya clara amplitud del paisaje de sus tierras y el aroma de sus productos, confortan el cuerpo y ensanchan el alma. Confluencia de las calzadas entre Béjar y Salamanca, y Alba y Ciudad Rodrigo, hace que muchos viajeros hayan podido ver la desviación, a un lado de la carretera hacia este pequeño pueblo de Buenavista. Rodeado ahora de urbanizaciones que han aglutinado población salmantina por la cercanía a la capital, sigue viviendo en un régimen de sencillez, ayuda vecinal y aprovechamiento de sus recursos naturales. Ha progresado simplemente mirando el futuro de otra manera. Hasta allí llegó como a tantas otras localidades de nuestra provincia, ‘Lazarillo de Tormes’ para ofrecer la bella y particular mirada que sobre la figura de Teresa de Jesús nos ofrece en su obra Teresa, la jardinera de la luz.

Siempre nos ha parecido sumamente importante reseñar la diferente y en cierto modo desconocida perspectiva que esta obra de teatro tiene con respecto a Teresa, una simple monja carmelita del XVI, que quizá por el hecho de serlo, nos la alejaba del concepto de mujer abierta, libre, o incluso inteligente, rodeada siempre de un halo de misticismo al que era difícil acceder. Sin embargo su perfil humano, de mujer luchadora por aquello en lo que creía, realmente enamorada del Hijo de Dios, nos la descubre nueva, distinta y admirable porque ella hizo una elección de vida y amor como cualquier otra mujer, y además tuvo el coraje de intentar con esta fuerza y seguridad cambiar el mundo.

El nuevo paisaje que ‘Lazarillo de Tormes’ dibuja con su montaje teatral, nos hace ver a Teresa de Jesús a través del espejo en que otras hermanas carmelitas se ven reflejadas, para salvaguardar su honor y fama frente a ‘la santa y masculina’ Inquisición, ejemplo de la cerrada sociedad de hombres poderosos del XVI, que no respetaban la libertad ni en lo civil ni en lo religioso. Son escenas bellas y sencillas, delante de cualquier altar, familiar no sólo para creyentes sino para el común de los mortales que hasta ellos se han acercado en los peores y mejores momentos de sus vidas, para compartirlos. La escenografía que Buenavista contempló emocionada y sin duda sorprendida, una vez más dio, con la ya profesionalidad que acredita a ‘Lazarillo de Tormes’, la credibilidad absoluta a los diálogos de la obra, máxime si, como así es, están apoyados con las propias palabras, poemas y cartas que la santa nos dejara. La clara y correcta declamación de los actores con una variada matización en sus intervenciones, hace que el crecimiento de esta puesta en escena, sea progresivo y dinámico en cada representación.

La llamada iglesia Nueva de Buenavista, fue metafóricamente el espacio que en esta víspera de Pentecostés, ha dado cabida a la nueva mirada que estos actores nos hacen poner en una nueva Teresa, también cargada de la fuerza del espíritu en el que creía firmemente, pues como dijera su coetáneo y amigo san Juan de la Cruz: “El alma que ama, ni cansa ni se cansa...”. Teresa, la jardinera de la luz, tampoco. Y la Diputación de Salamanca ha sabido hacer con ella una buena elección cultural para este Año Jubilar de Teresa.