Domingo, 19 de agosto de 2018

Aporofobia (el odio al indigente)

El término “aporofobia” ha sido galardonado como palabra del año 2017 por la Fundéu BBVA. Pero no solo nos debemos centrar en visibilizar este término novedoso, sino, sobre todo, debemos centrarnos en denunciar el grave problema social oculto tras este vocablo.

Nuria Heredero Rueda

Activista por los Derechos Humanos

El concepto per se fue acuñado por la catedrática de Ética de la Universidad de Valencia Adela Cortina, apareciendo por vez primera el 7 de marzo del 2000, en un artículo publicado en el periódico EL PAÍS bajo el título de “Aporofobia”. Procede, etimológicamente, de las palabras griegas: áporos (pobre) y fobéo (espantarse). Las razones que llevaron a Adela Cortina a acuñar este término quedan reflejadas en su libro Aporofobia, el rechazo al pobre: un desafío para la democracia, que establece explícitamente “el nombre es solo un camino para el reconocimiento”; solo a través del reconocimiento de tal lacra social, podremos detectarla y erradicarla.

A este reconocimiento contribuyó, posteriormente, la Real Academia de la Lengua Española al incorporar en su diccionario dicho concepto, con la siguiente definición: “Dícese del odio, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos, el desamparado”. Por lo tanto, aunque nos encontramos ante una denominación reciente, es una modalidad de odio o fobia que ha existido siempre; incluso, la propia Adela Cortina afirma que, en el trasfondo de toda actitud y conducta xenófoba o racista, se encuentra el rechazo al pobre (al refugiado, al mendigo, etc.) por su condición de pobre, más que de extranjero; por tanto, existe una interrelación entre modalidades diferentes de delitos de odio.

La escasa visibilidad de esta tipología de odio viene dada, en parte, por la tendencia a invisibilizar el “sinhogarismo”; que según el Observatorio de Delitos de Odio contra Personas Sin Hogar (HATENTO), “es una vulneración de derechos humanos con la que convivimos de manera rutinaria en nuestras ciudades”. Por lo tanto, podemos decir que, antes de “identificar lingüísticamente” con el concepto de “aporofobia”, esta terrible realidad social ya existía. El pobre sufría una doble vulneración de derechos y, por consiguiente, una doble victimización: ser víctimas ocultas de estos delitos de odio (al no existir una denominación explícita y la ausencia de tipificación legal como delito de odio, persistente en la actualidad) y la marginación social.

Como hemos mencionado, en nuestro Código Penal no se reconoce la “aporofobia” como una tipología de delito de odio, aunque estadísticamente sí se reconoce como tal a través de los informes anuales realizados por el Ministerio del Interior. Es necesario tener en cuenta que los delitos de odio son conductas delictivas que no se dirigen a personas concretas, sino a las características presentes en un grupo o colectivo por el mero hecho de pertenecer a él. Esta tipología de delito de odio hace referencia al “odio” a los más desaventajados o desfavorecidos socialmente.

De acuerdo con los datos estadísticos suministrados por el Informe sobre la Evolución de los incidentes relacionados con los Delitos de Odio en España del año 2016 (el informe relativo al año 2017 no ha sido publicano aún): la “aporofobia” dentro de la totalidad de delitos de odio supuso un 0,8% del total de delitos de odio (1.272 casos). Este porcentaje se puede desglosar, numéricamente, en: hechos conocidos de aporofobia (10 casos), supuestos esclarecidos (5 casos) y cuatro personas detenidas o investigadas. Los casos de “aporofobia” territorialmente ocurrieron, en mayor medida, en Castilla y León, País Vasco y Valencia (con dos casos por Comunidad Autónoma), seguidos de Madrid, Islas Baleares, Andalucía y Cataluña (donde sucedió un caso en cada una de ellas). Dentro de los resultados autonómicos debemos destacar que las provincias castellano-leonesas donde acontecieron estos dos casos fueron Salamanca y Palencia.

El perfil de las víctimas de aporofobia suministrado por dicho informe muestra que la totalidad de víctimas fueron hombres y con edades comprendidas entre los 26 y 40 años (mayoritariamente). Mientras que el perfil del responsable o autor de los delitos motivados por la aporofobia (en relación con las 4 detenciones o investigaciones) debemos destacar que todos fueron varones y con edades oscilantes entre los 41 y 50 años; que, según HATENTO, entienden estas conductas de odio como forma de “diversión”. La edad de los victimarios es especialmente reveladora, debido a que permite desmitificar la idea arraigada en la conciencia social de atribuir estos delitos de odio a jóvenes menores de edad; sin embargo, los datos suministrados por el informe muestran la ausencia de agresores de tal perfil.

En definitiva, debemos erradicar cualquier conducta motivada por el odio, con independencia de la casuística de la misma y abogar por la inclusión social de estos colectivos, ampliamente discriminados y maginados por su condición de “diferente”.