Martes, 21 de agosto de 2018

¡Ja està bé!

Cuando estas líneas vean la luz, todo parece indicar que la Generalidad catalana estará a punto de nombrar un nuevo presidente en la persona de Joaquín Torra Pla, actual diputado del Parlamento catalán en el grupo parlamentario de Junts per Catalunya (JxCat), si así lo decide la CUP. Ya es triste que el porvenir de todos los catalanes esté en manos de un fugitivo y un “mandado”. Cuando, por fin, se produzca el parto de los montes, y se elija al radical y antiespañol Torra como Presidente de la Generalidad, habrá sido posible porque se hayan cumplido dos condicionantes. En primer lugar, todo ha comenzado con una designación “digital” de Herr Puigdemont que, desde su retiro de Berlín, como presidente de la nonata república catalana, ha tenido a bien ordenar que su delegado gubernativo en Barcelona sea el advocat Torra; y por lo tanto, desde la pantalla de TV3, levantará la mano izquierda exhibiendo el dedo que indique a los parlamentarios de JxCat y ERC que deben pulsar la tecla del “sí”. Además, después de fracasar la primera elección del sábado para alcanzar la mayoría simple imprescindible, los compañeros de Frau Anna Gabriel deberán optar entre el “sí” o la “abstención”. En ese momento, consumatum est.

 Así pues, que no piensen las huestes del cap Torrent que pueden apuntarse el tanto de haber nombrado Honorable a Quim Torra I. Ese honor sólo le cabe al catalán errante. Los anticapitalistas de la CUP, en sínodo previo, han sopesado los inconvenientes de cargarse a un nuevo candidato y, con la exigencia de alguna contrapartida, habrán dado su brazo a torcer, aunque sólo sea de forma provisional. De hecho, en el discurso del sábado ya hizo más de un guiño a las tesis anticapitalistas de la CUP.

Si no fuera un asunto de extrema gravedad, habría que tomárselo a guasa. Pero no, con iluminados como los independentistas del prossés no se puede bajar la guardia. Ya antes de ser nombrado, Joaquín Torra ha dado suficientes muestras de lo que persigue. Su primera afirmación tajante ha sido reconocer a Puigdemont como verdadero Presidente. Ignoro si lo dice porque lo siente o por agradar a sus posibles votantes. No debemos olvidar que Puigdemont también fue puesto a dedo por Mas y, cuando le pareció oportuno, no dudó en buscarle las vueltas. No vaya a suceder que el nuevo Presidente olvide las limitaciones que la ha impuesto su mentor y reaccione como aquel gitanillo del viejo chiste, que recibió la capa del guardia civil para resguardarse con su hermano del mal tiempo, y, cuando se encontró cómodo, le dijo: chiquillo, no sé qué tiene esta ropa, pero me están dando unas ganas de arrearte un…

En cualquier caso, la biografía del pájaro Quim Torra es todo un muestrario de odio a España. No tendrá antecedentes que le impidan ser nombrado para ese cargo, como le sucedía a anteriores candidatos, pero ya está haciendo méritos para que se le tenga en cuenta. Es cierto que ni la Justicia ni el Gobierno pueden actuar con alguien que todavía no ha hecho otra cosa que amenazar, mentir e insultar. Con manifestaciones como las que ha lanzado por las redes sociales, y no pocas de las expresadas en su discurso de candidato, es de esperar que se salga de los límites del dibujo. No obstante, a pesar del rechazo que puedan ocasionar sus opiniones, no comparto la inoportuna alusión a su pasado como vendedor de seguros porque, con esa honrada profesión, puede haber personas con más valores que algunos políticos en activo. Ahora bien, tampoco debemos olvidar que es abogado y, como tal, sabe perfectamente lo que significa para un dirigente autonómico legislar en contra de la Constitución, pretender crear una especie de comité consultivo en el extranjero y no reconocer la autoridad del Gobierno de la Nación ni el régimen que nos hemos dado los españoles para gobernar teniendo en cuenta solamente los derechos de una parte del pueblo catalán.

Declararse dispuesto a dialogar, de igual a igual, con el Presidente del Gobierno, suena a prepotencia y algo de chulería. Más, cuando todos sabemos que ese diálogo partiría de premisas inaceptables. En todos los programas que proponen los aspirantes al cargo se echa de menos la fórmula necesaria para sacar a Cataluña del pozo en el que le han sumido los independentistas. Ni siquiera se atreven a reconocer el duro golpe que ha sufrido la economía con esa política de enfrentamiento. Es muy difícil llegar a comprender cómo tanto catalán culto pueda estar con los ojos vendados. Que los políticos mediocres se resistan a perder sus sinecuras puede justificar su silencio delator, pero que catalanes con patrimonios importantes los sigan la corriente, a pesar del profundo bache económico que atraviesan, sólo puede deberse al antiguo y constante ejercicio de abducción que ha convertido a una parte de la población en fanáticos convencidos de ser víctimas de la odiosa España.

Ahora bien, el sueño debe acabar de una vez. No se puede soportar tantos desplantes y descalificaciones adoptando otra vez la política del laissez faire. Ya vimos las consecuencias de no haber contrarrestado la campaña de propaganda que desarrolló el prossés en la desgraciada jornada del 1-O. Esperar a tomar medidas ante hechos consumados, supuso la sorpresa de no contar con la comprensión de elementos que suponíamos de nuestra parte. Los paños calientes no surten efecto en mentes tan calenturientas. En lo sucesivo, el primer síntoma de ataque a la Constitución o desobediencia al poder establecido, debe corregirse con todo el peso de la ley. De puertas para fuera, cada cual soluciona su casa de la forma que reconocen sus leyes. Incluidos quienes simulan rasgarse las vestiduras ante decisiones que no dudarían tomar en la suya. La experiencia nos habrá ayudado a no confiar en los organismos que antes nos traicionaron. Todos los españoles de este lado están clamando lo mismo que los que están en Cataluña: ¡Ja està bé!