Domingo, 19 de agosto de 2018

Cartas de los lectores

Un giro histórico necesario

Del mismo modo que el inicio del tránsito de la dictadura franquista a la democracia requirió una Ley para la Reforma Política y el diseño de un programa con un eje legislativo ‘de la ley a la ley’, junto con una convalidación mediante referéndum, la transformación de la impuesta ‘autonomía castellanoleonesa’ en dos democráticas ‘regiones históricas autónomas’ (una leonesa y otra castellana), firmemente enraizadas en los Derechos Humanos y la Constitución Española, precisa de altura de miras, un marco legal, voluntad política y una acción decidida.

La exposición de motivos de ese proyecto legislativo tiene sólidos cimientos: en primer lugar, el reconocimiento de los pueblos leonés y castellano, así como sus regiones históricas, como sujetos de derecho, de acuerdo con los tratados internacionales firmados por España, con la Constitución Española y su desarrollo normativo. Por otro lado, la implantación de la actual comunidad autónoma se realizó de espaldas a los pueblos afectados, cuya manifestación más evidente fueron las movilizaciones ciudadanas en su contra (tanto en la Región Leonesa como en Castilla) y los recursos de inconstitucionalidad por la incorporación de las provincias de León y de Segovia al híbrido artificial surgido de los pactos UCD-PSOE. En ambos casos con maniobras que implicaban al Tribunal Supremo (que ‘erróneamente’ dictó un auto por el que se tenía por satisfechos extraprocesalmente a los que recurrían los acuerdos de integración en el híbrido de La Antigua y otros 54 ayuntamientos de la provincia de León) y al mismo Congreso y Senado (que se vieron obligados a elaborar una Ley Orgánica para incorporar la provincia de Segovia al mismo).

Al lado de los fundamentos de derecho y la historia reciente de irregularidades e incumplimientos, deben constar los pilares de una sociedad democrática: principio de igualdad de las regiones y pueblos de España, principio de solidaridad interregional, derecho al desarrollo económico y social, respeto a las identidades culturales y las lenguas… Y junto a todo ello un pormenorizado plan para la autodisolución del híbrido artificial castellanoleonés en dos comunidades autónomas diferentes: la de la Región Leonesa o País Leonés y la castellanovieja. No se trata de avanzar hacia la nada sino hacia la construcción de unidades autonómicas con cimientos sólidos y verdaderos, de transitar de la falsificación a la autenticidad, de la debilidad a la fortaleza, de la tutela a la autorrealización.

Los grandes proyectos pueden aparentar ser ilusos o locos, pero la Historia demuestra que son esos proyectos los que determinan giros de la misma y evoluciones importantes. Y que no se manipule afirmando que resulta imposible este proyecto cuando este mismo año se cumplen 25 años de la disolución de la República checoslovaca -nacida en 1918- en dos estados diferentes, uno checo y otro eslovaco. Aquella república híbrida surgida de la Primera Guerra Mundial tuvo una existencia efímera -75 años son un soplo en el curso de la Historia- que dejó un rastro de imposiciones, chequización del pueblo eslovaco, imposición comunista, invasión por el Pacto de Varsovia, ‘normalización’, purgas… Pero que terminó con una Revolución de Terciopelo tras la caída del muro, impensable sólo dos décadas antes.

     Los leoneses necesitamos un Dubceck, un Vaclav Havel y un movimiento opositor como el de la ‘Carta 77’. O quizá ya los tenemos y no nos damos cuenta, y acuden a nuestra mente nombres como Juan Pedro Aparicio, José María Merino y David Díez Llamas -junto a los de Francisco Iglesias, Carlos Javier Salgado y otros muchos-, siglas como GAL y PREPAL, UPL y Ciudadanos del Reino de León. Quizá se echa en falta un programa y la altura de miras de los partidos mayoritarios de ámbito nacional que impliquen a todos en un proyecto beneficioso para dos pueblos de España y para España en su conjunto, superando artificialidades y sinsentidos.

Pero la labor de impulso que hace avanzar la Historia no es sólo de los políticos, atañe a la sociedad entera y en especial a sus ‘cabezas visibles’ por su altura humana y su calidad. Y en ese caudal se encuentran Julio Llamazares, Luis Mateo Díez, Alicia Valmaseda y un largo etcétera. Los leoneses somos tenaces y leales, fieles a lo legal y amantes de la libertad y de lo nuestro.

La Región Leonesa tiene los hombres y los instrumentos -aunque no seamos conscientes de ello- para lograr hacer realidad las aspiraciones del Pueblo Leonés al reconocimiento de su identidad cultural, su relevancia histórica, sus derechos fundamentales y a la constitución de una comunidad autónoma que los respete haciendo realidad la autonomía del País Leonés.

*Autor del libro Regionalismo y regionalistas leoneses del siglo XX (una antología).